domingo

4 o 5 nínfulas en mi vida

- El Masa me acosa, mamá. Y yo sé por qué es. Porque es un paranoico que se cree que el dentista le pone micros en los implantes y cree también q la señora del parte le habla como a mí a veces y...
- anda hija, calla. Toma dos mil pesetas y gástatelo en metílico. O no ves que los marcianos nos están indicando que hay que configurar de nuevo todos los ordenatas?

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- el Masa habla solo, mamá.
- quién es ese, hija?
- ese de ahí. No le ves?
- pero si estamos solas, cariño!
- noooo. Él está ahí riéndose....
- bueno, hija, q hay mucho fregadero.
- y si está en la cocina también qué hacemos?
- pondremos trampas.


etc...

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La primera conversación que recuerdo tener con mi padre terminó así:

- sí, hijo, tienes razón.
- no. Yo no tengo razón.
- que sí, hijo, que la tienes....
- no papá. Yo no tengo razón.
- bueeno... Pues no la tienes, hijo.

martes

Bah (2)

La persiana echada
me deja a solas
con cada gota de granizo
que celebra con ella bailes diminutos,
mínimos momentos en que yo...
los entiendo como propios.
Charly, mi loro, descansa esta madrugada
ayudado por la hipnosis
del baile ya nombrado.
En mí es miles de hombres
disfrazados de insecto
cortejando una atención mía
que camina sola.
Eso soy. Por ello
la arrogancia de llegar
a concebir propio el baile.
Es probable que algo de mi psique despliegue,
como un solo de percusión
que quisiera amenazarme
con ser la vida.


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Caballeros de la noche
mutad este lugar.
Conceded, por un momento, fe al eructo de persona
que os llama
y, si vais a enterrarme, hacedlo rápido...
y en cualquier parte
de este mundo finito
donde las aguas se reúnen con las aguas
y miles de terremotos,
en la cola del planeta,
esperan su turno para pagar.

Si habéis sobrevivido, mentidme.
Vuestros caballos son bestias de asalto,
quizá os hayan mordido antes del aviso.
Yo sigo aquí.
Esperando que mis palabras choquen
para que, cansados de un largo viaje,
durmáis en ellas.

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No entiendo las cosas inermes.
Todas estas estanterías y sofás
parece que esperasen para hablar.
La botella con agua y zumo de limón
es, junto con los cigarros, una vida echada al trastero...
donde esas estanterías y sofás
anteriores a la debacle de la casa
se entregaran a la compañía del silencio
mueren en mí
porque los veo y recuerdo de cuando era niño,
allí estaba sentada la abuela
que no cesó de ser
una persona respetuosa con su fe,
muerta, mudita, en silencio,
cariño, propis, discusiones...
a momentos, como digo, la veo
en el precipicio que fue su mañana de entierro
al oír a dos personas extrañas
diciendo: "Mira ese...
¿Te imaginas vivir así, sin sentimientos?"


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