domingo

Las mejores cosas de la vida... ¿Salen en las fotos?

Hay, supongo, existen unos años de mi vida que no recuerdo muy bien si he sido yo el que los ha vivido u otro. Me medicaba mucho -con neurolépticos (haloperidol sobre todo)-, iba al psiquiatra, pasaba semanas enteras, en ocasiones, sin salir de casa. Iba también, entonces, creo, a la facultad de bellas artes. Hacía que me preocupaba un ratito por la asignatura de color, por las técnicas del grabado, por mejorar la destreza con el carboncillo... Eso durante aproximadamente una media de media hora al día.
Luego me gastaba las propinas de mi tío Martín en cañas.

Me juntaba con Fran, un tipo peligroso, gallego, que arrancaba el opel corsa y nos íbamos por ahí a ser como el Vaquilla y el Torete. Nos lo jugábamos todo al filo de una navaja que nos habíamos inventado. Una cheira automática que abría y cerraba cuando quería, allá dentro, donde, por lo que parece, conservamos los recuerdos y lo que se parece a ellos, además de otras cosas igual de siniestras, si no más.
Luego se casó con Chiara. Un día saqué dinero, vendí un montón de dibujos y me fui a verles a Roma. Para eso era artista, si no ¿de qué? Compré una cámara de esas de usar y tirar, y saqué algunas fotos, entre ellas esta:



Les pedí que la tiraran a una familia de alemanes ¿? que pasaban por allí. Hablábamos todos una lengua común. La mejor de todas. La que se realiza sin lengua. Tiendes una cámara a alguien, juntas las manos como para rezar, sonríes y el otro se entera de lo que ocurre -entiéndase, no echó a correr con la cámara porque era de usar y tirar-. Un tipo muy majo. No acertaba con el botón y la tiró su hija. Los niños saben más de estas cosas, y no sólo más, mejor ¿A que salimos centrados? (me refiero al encuadre de la foto, no a nosotros) ¿A que sí? La niña fue la que sugirió que nos pusiéramos a la manera de los hermanos Dalton, y todo esto con señas. Mucho mejor que la palabra. Cuando la tiró, yo estaba diciendo ¡Vamos, hija, que es para hoy! pero con gestos ¿A que mola mucho más? Ese episodio de La Torre de Babel lo entiendo como una cosa maravillosa que nos tenía que pasar todos los días, no como un castigo al hombre por juntarse a hacer una torre para subir al cielo con el afán de gobernar no sé muy bien el qué. Es un regalo, en realidad. Una parábola que nos enseña de lo bueno que es hacer una torre de alta hasta el cielo, que llegue hasta la luna, que sea como esos equilibristas que forman un solo cuerpo en una jarra cada vez más grande y mejor. Eso es lo mejor de la vida. Después, una niña pequeñita como la que nos tiró la foto, sube entre los hombros de los demás, erige su trono arriba, le da un beso al sol y se pone todavía más colorado. ¿No mola? A mí sí. Y también que lo apague de un soplido pidiendo un deseo antes: hacer una foto a estos de la pared, por ejemplo.
Estábamos contentísimos. Y los que nos hicieron la foto también.

Fran y Chiara, entonces, vivían en el Trastévere. Ese día no trabajaban y nos fuimos a comer raviolis y tomar vino rosso -¿rosso?-.
En el resto de las fotos no salimos en un paredón, pero siempre faltaba alguno de los tres, y es mejor los tres que dos + La Fontana de Trevi o la Piazza dei fiore.
Los demás días estuve en el apartamento de Fran y Chía -había un mercado abajo-, me compraba limoncellos o como se escriba y me ponía la canción esa de "vivo entre rejas, antes era chapista", escribía historias en folios que luego perdía y leía a Umbral y a André Breton, estaba tan a gusto; no tenía móvil aún y mi madre llamaba algunas noches al fijo y le decía a Fran: ¿Cómo le ves? Oye, que no beba, que le viene muy mal, hijo, y que se tome la medicación (la realidad es que nos la tomábamos Fran y yo a pachas). Los monumentos ya los había visto por la tele y también una vez que estuve con el colegio y me enteré un poco, pero regular. Me dan igual, aunque me encanten y me encante Italia en general. Mucho más que mucho, una belleza más allá del compendio de bellezas que conozco. Si me dieran a elegir entre una ballena surcando océanos e Italia no sé qué haría. Lo juro por Italia.

Hoy tienen tres hijos muy traviesos. Me parece. -Si no lo son, deberían-.



Luego volví a Madrid. Fui a la facultad de nuevo. Entraba en clase de cine y comunicación (o algo así), me veía una peli por la pata, iba a tomar apuntes a clase de quinto y pasaba desapercibido. Asustaba a las modelos, al principio; eso me dijeron ellas mismas algún mes más tarde, cuando ya éramos amigos. Si alguien se metía conmigo o me quería demostrar algo que no me apetecía, le decía que yo era esquizofrénico, cosa que era más o menos verdad pero, sobre todo, mentira. Y me dejaba en paz o se iba a demostrárselo a otro.
Una vez, a una de las modelos, me la presentaron Víctor y Javi. Una chica muy salá que me gustaba; porque cuando yo dejaba los apuntes dibujísticos me iba a otra clase, de grabado, a ver a Víctor y Javi. Y, si podían, nos tomábamos cañas. Nos sentábamos en la cafetería esa y nos contábamos la vida según el tiempo que hacía. Por ejemplo: Que veíamos que las buenas -pero sobre todo malas, claro- se iban con los del freesbi (o como se escriba), nos decíamos, pues habrá que aprender a jugar a esto, este verano ensayo...

Aprendíamos también la vida, creo, en esos días, sin planificar mucho más allá de las cañas. Mao Tsé era un tipo que seguramente dijo muchas tonterías, pero una vez dijo algo maravilloso, revelador, algo así: Si un día te paras y atisbas el horizonte ¡cuidado si ves cuatro huevos!
Sabíamos eso, más o menos o de otra manera. Por eso vivíamos según el sol, no sabíamos si teníamos churras o meninas, etc... por eso procurábamos el rato. Víctor hacía unos linóleos estupendos y esculturas con hierros del scalectrix. Javi hacía montajes fotográficos y captaba los movimientos que debía para luego hacer historias que volvían a empezar en seis imágenes. Yo escribía novelas, cuentos o mi vida y ellos, en algunas ocasiones, iban, encima, y se lo leían. Mira qué majetes estamos aquí: (en otras salen ellos más guapos, pero este es mi blog y pongo la que quiero -para eso estamos los colegas-).



De derecha a izquierda, Javi, Víctor y yo, el día que celebré que cumplía veintipico. Aunque no lo utilizábamos, teníamos el incienso (en la mesa, a la izquierda) porque a veces olía mucho a porro. Estábamos en casa de mis padres, en los siniestros bajos y, si bajaba la guardia real, decíamos que nos habíamos equivocado al encender el incienso, que no sabíamos que había que quitar el plástico o si había que encenderlos todos a la vez, nos echábamos esa culpa y cargábamos con ella como Jabatos, y si no que se la echaran a la tía Pepita, que era la que lo compraba. Mi tía Pepa nos atendía y proveía de todo, desde cáñamo hasta opiáceos pasando por solanáceas o gramíneas. Mi tía Pepa es la mejor del mundo. Hoy, que estoy de fotos y recuerditos, os voy a enseñar otra estupenda:


Aquí estoy con ella y con un cangrejo o algo así, la primera vez que vi bichos de esa inteligente naturaleza, con lo blando dentro y lo duro fuera. Estábamos en la casa de Valseca y, por la ropa, era verano. Un gran día, fijo. En mi familia siempre hemos sido tíos muy duros, chungos, peligrosos y nos comíamos esos bichos con la cáscara, con la cola, con la cabeza y moviéndose, sin poner la mesa, encima de la pila no fuera a ser, eso sí, que escurriera.
Es broma, quiero decir: no recuerdo nada de ese día ¿Es eso justo? Yo creo que es lo mejor de la vida. Aparece una foto como esa y se te dispara la configuración que tienes, por esquemas, de lo que te ha ido pasando. Me figuro con el abuelo, con la abuela, con los tíos, mi prima y mis padres, con un talbot, me suena que blanco.

No sé, una vez le oí a un escritor decir que las historias de familia, escribirlas, leerlas, compartirlas era algo tremendamente aburrido, incluso, obsceno. En ese momento estuve de acuerdo, con gestos o algo así. Hoy he estado mirando fotos. He empezado sobre las doce de la noche. Y he pensado que no puede ser que lleve mucho tiempo sin ver a Fran, a Chía, a Víctor y a Javi, por ejemplo. Y que eso no nos lo podemos permitir. Yo no, al menos.



Mira, aquí estoy subido a la burra del tío Vicente, en La Calera:


Soy el que va atrás, agarrado a una especie de primo mío (entonces, allá, el que no era primo por decreto, lo era sin él; conocí primos cuartos la mar de majos, y primas cuartas que, al ser cuartas, con el tiempo, las podías echar los trastos y, a lo mejor, tirártelas). -¿Qué habrá sido de aquellos tusos del fondo?-


Fdo: &(:-B}

jueves

"¿Cabrá aludir jamás al Yo Profundo?"



Decía Cioran que si una vez has estado triste sin motivo, lo has estado toda la vida sin saberlo. Y de la tristeza que es un apetito que ninguna desgracia satisface.
Leo a Cioran en estas noches que llego a casa y se me antoja que es ya tarde. Tarde para decirle que les quiero a aquellos que ya no están y viven en mí como podrían vivir en cualquier otro, y soy sensible cuando, ante eso, las piernas ya sólo ejercen por mimetismo con lo que queda.

La duda la entiendo como el equivalente del pan que no se ha comido.
Si un libro, un poema, sale mal, eso, o es una cosa de la imprenta o es que ha encontrado, como el tren, una llegada en su hora y a la estación que se dijo. Escribo para encontrarme es una cosa cursi, llorona y yo no o no, al menos, -lo intento- el yo donde permito observar el lugar de cada cosa, quieta o mal informada y, desde un ángulo u otro, dejados ambos al azar, de la habitación, encuentro mi cara, mis brazos o espalda igual de imbéciles, igual de equivalentes al lugar desde donde los veo.
Por eso intento el bien. Mejorar el yo y hasta la vida.
Por eso soy sensible. El sentimentalismo, dijo Umbral, es algo que los hombres dejaban para los poemas de amor veinte y las canciones desesperadas. El ingenio es algo que viene de lo mismo, algo de lo que se hace uso para ser mayor y de lo que se ostenta para devolverse a sí la estatura correspondiente, cuando no una ligera tendencia a la horizontalidad. Uno se pregunta, a todo esto: ¿Con qué cara le escribo a mi familia algo bonito en navidades?

Decía Vallejo al balance falseado de un banquero (de los de hoy o ayer): "¿Con qué cara llorar en el teatro?" (hoy en el teatro han estado hablando de eso con palabras de esas que utilizan en el teatro).

Mi abuela estaba bien, no se quejaba sino de cansancio y pocas veces de estar harta. Viene entonces el poseedor del nicho y luego un cura ¿Procedo a decirles, pues, que en las noches le rezaba a san Antonio? Yo la oía desde mi cuarto. Alguien dice que si las tentaciones... ¿Inicio una conversación sobre la visión de Grünewald? Hace de esto ya un año. Un año de nada.
Mi primo, el más pequeño, calcula mal su moto en menos de lo que a un segundo llega, se le sale el casco y muere con 19 años en un atardecer de este verano ¿Deberé decir: La Mutua, qué opina de esto? Decir que fue un resbalón, la rueda ¿Cualquier cosa, solamente? O que "hay miles de casos"; que hay que luchar, tirar para adelante.

Al igual que lloro una piedra, tampoco quiero abrazos que no entiendo cuando el instante está hablando de otra cosa. Y lo vivo me devuelve una prolongación de un tiempo mismo al acecho, en la casa, sabiendo de la rosa juanramoniana que sólo es ella cuando hiere y alejando la distancia donde procuro la situación de los ojos desde donde veo unos brazos una cara una espalda y los alrededores, acaso, mismamente, para hallar que soy miope. O necio, en el mejor de los casos, -en la "autenticidad" mejor o peor de ellos-.
Que todo era una milonga donde tomo cañas con cualquiera en cualquier rincón del mundo, si es que este existe –el rincón, digo; el mundo me da lo mismo si sí o si no-. Hoy han hablado de eso presentando un libro, yo estaba allí, y a la tarde unos poetas igualmente. Si no han hablado de eso, es que no me he enterado de nada y ya está.
No soy alguien para enterarme, por eso no hay problema; y por eso no hay solución.


Fdo: Me voy a acostar.

miércoles

Valseca. Patrimonio intelectual (I). Discurso de Faizulito.



En una ocasión fui invitado a realizar una conferencia -a la que debía asistir como intelectual- que sería llamada “cultura y medio ambiente (relación actuante con el entorno)” en el centro socio-cultural Dr. Velasco en Valseca.
Asistieron veinte personas (12 por cariño del que llaman solidario, 6 porque no había nada en el bar y 2 no tengo la remota idea, supuse entonces, atraídos indudablemente por mi virtuoso magnetismo).

Una vez sentados todos, escogí
el libro “La distinción” de Bourdieu y comencé a leer párrafos salteados escogidos al azar.
Después de llevadas ya cerca de tres horas declamando y, con la intención de que los hijos pequeños de los asistentes tuvieran su cena sólo una hora más tarde de lo habitual, procedí culminar con el siguiente:

“Debido al hecho de que unas condiciones de existencia diferentes producen unos
habitus diferentes, sistemas de esquemas generadores susceptibles de ser aplicados, por simple transferencia, a los dominios más diferentes de la práctica, las prácticas que engendran los distintos habitus se presentan como unas configuraciones sistemáticas de propiedades que expresan las diferencias objetivamente inscritas en las condiciones de existencia bajo la forma de sistemas de variaciones diferenciales que, percibidas por unos agentes dotados de los necesarios esquemas de percepción y de apreciación para descubrir, interpretar y evaluar en ellos las características pertinentes, funcionan como unos estilos de vida”.

Di por finalizada la sesión con una reverencia que el público sin duda merecía después de perpetrar sin ayuda de alcaloides tal hazaña; y no hubo aquel que no se levantara de su butaca a aplaudir, piropear, lanzar claveles y ropa interior, pedir al palco un mínimo de dos orejas etc. Y todo ello, incluídos o no los párrafos de "La distinción", era comprensible. Es decir: al ser un intelectual...

¿O no? ¿Tú cómo lo ves?


Autor: Faizulito bajo los efectos secundarios de Vilas tomado sin prescripción médica.

lunes

La semejante criatura. Hoy, una de actualidad: Furia occidental


Mientras nosotros comemos tortilla, vemos los telediarios y acudimos a la reunión con el fútbol los fines de semana, don Juan Carlos defiende la estatura del mediano hombre demócrata a golpe de sesudo ensayo en las maneras del tigre, silbando al hacer la gruya con los luchacos frente al espejo y, cuando se cansa, llama a unos líderes o ex líderes mundiales elegidos al azar y procede a tejer estructuras conspirativas contra otros líderes mundiales elegidos al azar. Esto es una cosa que hacen los reyes, de lo más normal. Están en el despacho y se dicen: Coñe, hoy voy a llamar a mi amiguete Clinton a ver qué tal ve lo de las próximas elecciones con su mujer y, de paso, le comento que esta mañana me ha contado el ruso que el canadiense le contó al Japón, que Buenos Aires le dijo al polaco que esta mañana está más triste el sol.

Es para eso para lo que, entre otros pocos, don Juan Carlos es don Juan Carlos más don Juan Carlos que nunca, si no ¿de qué?

Juegan entre ellos, los monarcas, y cada uno tiene su caché dentro de este juego donde se eliminan los unos a los otros en una competición voraz a la caza del político y de la opinión pública. Pongamos:

Que Juan Carlos casa a su chico con la chica del telediario, piensa Charles, pues yo insto a mi chaval a que les coma la flauta a todos los camellos que se encuentre en los baños públicos de cada rincón que bañe el Mersey, luego le pago un verano en Kingston y servidito. Y luego: Si lo viera Rainiero. Y se ríe por lo bajinis en la pista de tenis de su chalet de Gloucester. Rainiero es que, como se sabe, en el juego de la opinión pública estaba picado hasta el tuétano. Un precursor.

Pero hay una labor mucho más oscura en los monarcas. Tanta sed de competición en lo referible a la opinión pública les obliga a ejercer otros males de menor gusto como organizar golpes de estado, y no digo ya en sus propios países, sino en los países de los demás. Luego, cuando todo se ha resuelto, se anotan un tanto en su particular tanda. Pero a veces las cosas se van de las manos. Así, a día de hoy, los sandinistas están, como mínimo, que echan humo y no sólo por la boca ni únicamente por la causa.


Tras el regreso de la borrascosa cumbre, el rey canceló la cena de familia y se fue a tomar un chato con Tejero. Qué tiempos aquellos, eh. Del tricornio a la corona es que hay un paso. Y de la corona a la de espinas otro.
¿Y qué le cuenta don Juan Carlos a Tejero? Por ejemplo:

Lo de Juan Pablo II en el 81; aquello era una apuesta con Reagan. Un cachondo de Murcia, amigo de Gaddafi, pagó doscientas mil pesetas a un inmigrante checo más el viaje al Vaticano, a ver si tenía tiroides de montar alguna. Te preguntarás ¿Y qué pinta en todo esto Alí Agca? Yo qué sé. Aunque sea rey. Ni idea. El tío de Murcia se quedó a cuadros. ¿Un espontáneo turco? No contábamos con Alí Agca. Y el checo se gastó la pasta en restaurantes. Por ponerte un ejemplo ¿Sabes? Así funcionamos nosotros ¿De qué te crees que viven Chomsky y estos? Bueno, anda... Te he traído un libro de Larra y un riberilla para que pases el rato.

Y hasta luego, majo.

Así todos los días. Y, mientras, en una caverna en los alrededores de Caracas, El Hombre Habsburgo de hoy, cavila sobre estos hechos cobijado entre las anchas ruinas de un imperio... y sólo sale de ese umbral a la voz de la palabra Pueblo.


- ¿Quién es, Sofía?
- Es Aznar. Ya sabes, bla bla, que está muy agradecido.
- Dile que no estoy, que me he ido en avioneta a entregar unos documentos al Asia central y he de lanzarme en paracaídas a la latitud señalada antes que el avión estrelle sin remedio contra las montañas de Kabul.

(...)

- Pues se lo ha creído.
- Sofía, reina. Para eso estamos nosotros ¿No te parece?


¿Y a ti, qué te parece?



La semejante criatura resurrections


viernes

No es manera más que sombra: Una actitud como otra cualquiera


Observan atónitos el interior de un garbanzo. En su derredor hay eras que no impiden ni a la dicha ni a la falta de costumbre crear su rumbo.
Acierta un viso azaroso ver un pájaro que marcha al allá de los trigales, en este hacer con que teje su dominio, una manera mínima, aproximada de aquello que es lo que de entre todo vive: Elige su velocidad.

Viaja hacia el lado que llaman el otro, aquel que en unos cuantos simbolistas quedaba conferido a la patria que dijeron de la infancia, pero que ahora, sin dejar de ser aquella, resulta un acá -donde estuvimos un día- sólo penitente cuando pasa y únicamente pasado cuando tienta.

Lo he visto en una de las fotos que salgo a hacer los quinces, hoy malditos, del agosto que se elige bueno. Lo he visto ¿Acaso es eso estar loco?

Atiendo la conciencia y a lo que no llega el saber en cuanto puedo, y reconozco la prisa -la de lo que no se sabe- cuando esa ausencia no debe condición alguna a lo que viene. Elucubra por sí que el pájaro no huía, que siquiera marchaba al lugar donde era dicho. Y que no hacía allá figura en su movimiento, que era el que callaba o, si acaso, el ido –que dejaba en su silencio al silencio ser así-.

Un garbanzo, en su proceso de arranque, se espachurra con la facilidad que diera la sometida cabeza de un pájaro que, sin la posibilidad de duda que también tiene una estrella, escapó del ruido que venía.

Pongamos; un alarde de la historia, una vida que se sabe sin necesidad de ciencia, un nido que yace ya al borde del suelo, precipicio común del bípedo que mira -lo hacemos-, junto con otros, el interior de un garbanzo mientras gesta el fruto que se partirá mañana y, curiosamente, se hará blando en un contenedor con agua que, este sí, será el de cada maldito día del mes, de la semana y del mismo y puñetero día que es mismamente esta noche.


Fdo: Un director de cine koreano

miércoles

Sección novísima en este blog: Contar el día. Hoy: Verdades y mentiras de un cli de playmobil


Yo apenas he salido de Valseca en la vida. Cuando paseo por la capital me considero alguien que no sabe. Uno que no tiene ni idea pero que, al andar, para qué quiere la idea.

Una vez le dije a Eva, creo, y también a Ana (o sólo a Ana?) que un paleto era, no alguien de pueblo, sino alguien incapaz para el sentido común. Y se lo creyó –dijo-. Y yo también me lo creí. Añadí: ¿ves? de eso, por ejemplo, no hay en Valseca o hay un 0,5 % solamente, como en el barrio o como en Madrid Madrid. Y se lo creyó o, al menos, yo, que me creo todo aquello de lo que soy capaz, creí que lo creyó.

Una vez, de esas que llegué sin dormir al Hotel, comí con Eduardo (que una vez se perdió en el Mar Muerto) en La esquina de Santi -de Santiago: libre-pensador amigo nuestro que siempre nos está convidando a chatos a nada que nos vea a 50 metros del restaurante (llevamos chips colgados del cuello que emiten un sonido en la mini-cadena cuando nos alejamos)- y me dijo (Eduardo) lo que era un friki. Me dijo que un friki era uno que no se cree lo que dice. Y me lo creí. Y él creo que también se lo creyó.
Pepi estaba en la barra, pero ya no le hablo de las tierras que poseo y un día serán suyas porque no me cree, y yo tampoco me creo -para qué me voy a andar creyendo, aparte cosas truculentas siempre como "posesión de tierras" ¿No es oxímoron?-, con lo que, me temo, terminaría, y camino de eso voy
(aparte, esto sí es verificable, el encanto que es Pepi), hablando de la libertad y las estrellas, tipo el Soy feliz que cantaba en spanglish Donna Hightower en los años sesenta, y entonces ya nadie me creería y, para el caso, terminaría en el bar de Diego contándole lo que Carlangas, el pastor, contaba al llegar al pueblo, que él antes era casado y su mujer murió, que se siente solo, que tiene pena y que, teniendo las ovejas, es feliz aunque sean de otros (por no ponerme con lo de la mili en Melilla, que la hizo allí o por lo menos así era un agosto hace tres años tomando cañas en ca Marcial).
Mi padre hizo la mili en Melilla. Yo me libré de ella pidiendo prórrogas de estudios una vez desechadas las opciones de invalidez mental y antes pies planos y ligera cifosis escoliada. A veces le he preguntado a mi padre cómo era la mili en Melilla. Es: Mucho calor y ser joven.

Tampoco tengo muy claro qué es ser joven. Hoy me he levantado con fiebre, algo constipado. Iba a ir al entierro de una amiga en Valseca, a la que recuerdo con la cabeza muy serena -ella- ya bien avanzada su edad y que consiguió llegar a ser anciana y vitalista al mismo tiempo; pero no he ido, ya digo, y me he tomado dos clamoxiles. A la casi-tarde se me han pasado los mareos y he ido a currar, pero antes he salido a por un cartón de tabaco y unos vales para el transporte público. Me han pedido el carné y hasta lo he encontrado. Luego de mirarlo, ella -la tendera (todavía no sé su nombre)- se ha sentido quizá incómoda y me ha dicho que es que ahora tienen que pedirlo, que se ha puesto todo... la he dicho que al contrario, que yo encantado, que me ha recordado a cuando era chavalín e iba a las discotecas con los carnés que me prestaban en el poblado y en cuyas fotos salía siempre el mismo anciano del este, y que me lo pida más veces, que no se corte, aunque ya nos conozcamos y seamos amigos y me deje, con el tiempo, tocar los mecheros y trucarlos cuando voy, desordenarlos y meterlos en las bocas de las pipas de 100 €, cambiar también las etiquetas de los precios, hacer magia borrás con el tabaco mentolado (¿sirve para eso, no?) etc...

A mí me gusta, respecto a lo de la edad, la respuesta de mi padre sobre la mili en Melilla. A él le gustará otra cosa.

Hoy he estado en El Hotel de bedelillo, muy tranqui, todo, incluso con una nueva amiga preciosa que va allí y tengo miedo de que me saque un ojo al mover las pestañas.
Ha ido a verme Eva incluso, antes del descanso que, por otra parte, ha sido mi jornada laboral entera, y me ha llevado un cli de playmobil que, dice, es como yo (me lo ha traído de su viaje a Malta). Luego le ha dado una de finas hierbas a Eduardo y, mientras unos echaban mano de los libros, yo me he puesto a jugar con el cli; a imaginar -mejormente, concretar- que era yo. Le he dejado incluso coger el teléfono, atender los recados y anotarlos. Ha concertado dos citas y hablado con Carmen Balcells. Es un buen cli, pero ya se ha subido a la parra con el cariño que le doy y quiere ir donde Santi a conocer a Pepi. Cuando crezca, le llevaré. O, ya puestos a imposibles, cuando nos invite a una Santi, a Eduardo, a él y a mí (y a Pepi, si no anda muy liada). Yo te llevo, cli mío.
Nada más llegar a casa me he puesto a buscar el fuerte que recuerdo haber tenido, y lo he hecho desesperadamente, a ver si se hacía a otra vida, con los suyos, y me dejase en mis demás días en el autobús maquinando mis obscenos pensamientos puros.

Mañana voy a ir al peluquero si me acuerdo, que es colega: Javi (a partir de tal hora me deja entrar con chato). Y cuando me pregunte si me lo corta como siempre le voy a decir: No, macho, hoy me lo vas a dejar al estilo del menda este que pega a las niñas en el metro de Barcelona. Menudo, eh... joe qué mundo. Ya verás, vamos a tener conversación para lo que dura un corte de pelo y mucho más que, es cierto, yo, teniendo la tarde libre, me voy a la peluquería y no me muevo del sillón hasta que no hayamos terminado de charlar, por mucho que Javi siga cortando y, si ya no hay mucho y estoy con el mono, pues le digo -caso de haber gente esperando- que me haga unos tintes en las cejas. Porque lo importante es estar vivo, y lo de contarlo, bue... ¿No crees? En serio, dime qué opinas sobre Lo importante (me interesa). Mañana, ya digo, Javi, mi peluquero, se va a enterar... (hasta de lo que vale un naipe, si es que aún no lo sabe que, ojo, es un tío con coco, peligroso, taciturno y con tijeras y, además, me parece que se ha leído mi ultimísimo ensayo sobre el Kafka de Wagenbach).

martes

SolidaridaZ con el lenguaje


Me han robado cuatro gallos y el que canta. Estoy enfermo y arrastro el cuerpo por la casa como si fuera el de un canino que he de guiar porque se ha quedado ciego y nacido sin su madre. Mis rebaños aprendieron a cuidarse a solas. Pastan sin la ayuda de los fieles perros que, un día más, no aguantaron el ayuno. Sus gangrenadas piernas se deshacían a lo largo del camino hacia la granja, sirviendo de alimento a los tejones.

Estoy enfermo, tanto que apenas atino a manejar la persiana por poco que entre un rayo de luz llegado el mediodía. Me alimento de porciones de queso que algunos (sospecho, los ahora benefactores de mi granja) dejan tras la puerta de la entrada –la única de esta pobre casa-, que apresuro a abrir cada mañana poniendo cuidado de que no se cuele en el saloncito noticia alguna de la ventisca de afuera.
No he avisado al médico. Seguridad social son dos términos equivocados en uno solo, contradictorios como, por ejemplo, experiencia intelectual o aquel famoso “inteligencia militar”.
Hoy he atinado en el sofá después de verter aceite en un cuenco y meter ahí el quesito para legar al sobrao. Procurar la hacienda que precisará mi estómago, por si menos fortuna aún llegara.

En uno de los canales, el apretado al azar para coger de nuevo el sueño, me sugieren que yo sea, como aquello que me representa, ejemplo de solidaridaZ. Que lea para que ellos lean, que no pueden conducir por mí, que no tome cocaína si no quiero quedarme sin mi vida.
La televisión es, con diferencia, lo más del siglo. Antes de caer la regalaré unas flores. Saldré por ellas, sí, un día, bien temprano.


Fdo: Ciudadano convulsivo nº 3

jueves

Sección: Encuentros con el más allá. Hoy, Leandro Pigal, poeta.


Iba caminando por Velarde de tempranillo, dirigido hacia un examen sobre el hacer de los santos; extrañamente despierto en la mañana final de un octubre que es como un animal que no caza porque anda ocupado en hacerse con el hondo de una cueva que repela la entrada a la ventisca. Iba a decir que la tormenta en san Juan es siempre lo que parece y que la fe es algo que se cultiva sin doctrina alguna, a ser posible en silencio y duchadito.
En estas que me encontré a Leandro Pigal, el poeta, y le dije:

- ¡Coño Lea! ¿Te acuerdas de mí?

- No, lo siento, no lo ubico.

- Soy el chaval del otro día cuando os pusisteis a deciros poemas. Oye, me tienes pillao, macho, en el metro, con el tercer verso.

- Ah, ¿la charla? ¿El jueves? Creo que sí me acuerdo.

- Sí, me interesó tu poética.

- Procuro que a mí no me interese demasiado, bla bla bla; bla bla bla blablabla; bla... blabla bla blablabla esdrújula “blabla bla bla bla”; bla blablablabla bla bla blabla_bla bla- blabla + bla: bla bla bla bla bla, dijo “bla bla” bla blablabla bla blabla bla blablabla blabla; bla* bla (verso libre) bla bla blablablabla aguda-esdrújula-llana-llana aguda-esdrújula-llana-llana... (bis) bla bla blabla bla bla; blabla bla bla bla porque remite directamente a la noción que tenemos de nosotros.

- Sí.

- Mi modesta opinión es que no refleja lo que expone de inicio, si acaso es izquierdista, también es una mirada crítica al blablabla bla; bla bla bla blablabla (blabla bla)... me explico: bla blablabla blabla; bla bla blablabla, blablabla; bla esdrújula bla... bla: bla blablabla** blabla bla bla blablabla blabla bla bla blablabla... época oscura de cuando estuve en Argentina e influido por blabla blablablablablalov y blabla y, cómo no, blabla blablavic bla...

- Espera Leandro, un segundo, que me tengo que tomar una pastilla para la blabla bla porque blabla blablabla bla blabla bla blabla, pero me lo estoy leyendo, eh.

- Lo hice, humildemente, por honestidad y soli...; bla blabla...; bla,blabla; bla, blablabla blabla bla bla blabla; blabla. Bla, blablabla blablabla blablabla bla blablabla blabla bla blabla bla bla... bla blablabla bla. Debo irme, que me esperan para organizar blabla bla y blablabla bla blabla; blabla bla bla.

- Yo también debo irme, suerte majo. Qué gordito te estás poniendo.

- Es del pan que blabla blablablabla a la blabla y a veces bla bla. Suerte a ti también y asiste, hombre. Estaré blabla bla blablabla (blabla bla) pensé, bla blablabla blabla.


Fue un buen día, este ayer, y siempre es demasiado pronto o demasiado tarde para hablar de la prehistoria.


(*) blabla blablablabla blabla bla, blablabla, bla bla, bla.
(**) Léase la obra capital de Blabla, situada aproximadamente en Blabla.