domingo

El resplandor del cristianismo (Valseca´s populi)

Una vez, en Valseca, nos juntamos el Tropas y yo y fundamos (de nuevo) el cristianismo:


El hecho se reconoció como la primera edad de oro del pueblo desde los olvidados visos de enormidad que diera de sí el Renacimiento en esos lares.

La producción de la villa mejoró en contraste con la calidad del aire. Algunos empresarios capitalistas invirtieron con agrado en limonada y se bebió durante seis días gratis al honor del nuevo santo: Melquis I de Arabia.
En favor del mismo se quitó la iglesia pagana que había antes y se puso otra igual pero con frontón + el faro de Alejandría (pagado su transporte aéreo a plazos de codificación con el oro de Valseca). Mira qué bonico todo junto desde las eras:



Un par de semanas después de la primera foto seguíamos celebrándolo en compañía del colega que quisiera y en mangas de camisa aunque fuese invierno (aquí estamos con Pepe -pechazos- y Guanchi -antes de juntarse la lengua a los dientes-):


...pero lo mejor del pueblo siguen siendo las vistas:


Un beso, preciosas -Tati, Saruca y María- sexis, risueñas y pizpiretas pero, sobre todo, libres.

viernes

Caciquismo valsecar -por ciudadano convulsivo nº 16-


Esta noche me he levantado extrañamente feliz. Pensaría que es pasajero si no fuera por lo inocente que es precisamente pensar eso, en un momento de felicidad; en una noche de felicidad que no acabará nunca, o que acabará sólo cuando todo el mundo sea así de feliz, hasta reventar, y tengamos que ir a tiendas para que nos vendan un poquejo de desgracia, si no todas aquellas que los pobres telediarios no consiguieron endosar en mi cabeza. Hoy en día, he de admitir, mi cabeza es un apartotel en Valseca. Tiene cinco piscinas y muchas muchachas, algunas de ellas hijas mías; y todas ellas cuentan con entera disposición de cócteles o pescado, fruta y cubalibres en el chiringo donde mis vasallos me parten las piñas. Cuando hace calor soplo. Sé que es así como se termina con el calentamiento de La Tierra. También tomando un licorcito. O dos. Y también durmiendo y soñando con mi hijita en el columpio. Me he convertido en mis empujoncitos y ya no sé si soy su espalda. Tuve una novia de 55 años, y me ha dejado. Yo he cumplido, gracias a la felicidad, 40. Porque la felicidad es una cosa que viene de la noche a la mañana en un apartotel de Valseca. Hoy, por ejemplo.

La putada era un detective que estaba haciendo preguntas todo el rato. Ahora he conseguido que los vasallos lo echen a patadas en el culo, por malo.
Quería saber quién era el asesino de mi ex novia. No sé cómo entró. Quizá, he pensado, fueran los médicos, que me lo metieron en el suero los días que estuve malo en el hospital. Ha entrado y empezado a hacer preguntas a una de las muchachas. Yo creía, debido a la gabardina, que sólo quería ligar con ella; y que era un pobre pervertido que no tenía nada que hacer pero que, a lo mejor, nos reíamos un poco con él, aunque a él no le hiciera gracia. Este hombre lo que quería era robar el imperio. Se empieza hablando con el que parte las piñas y se termina de director jefe del apartotel que a su vez tiene situado el jefe en su cabeza.

- Hay indicios que le señalan a usted.

Se refería a una de las palmeras que decoran los patios. Era un índice que señalaba indicios a las palmeras ¿Cómo podía tratarse de un pervertido? ¿Cómo? Un pervertido no hace esas cosas tan ridículas, pero menos hablando en alto. No me pregunten por qué lo sé.
Ordené entonces que le subieran al despacho y allí supe de su malévolo plan. Se estaba haciendo el borracho porque iba de incógnito ¿Cómo no me había dado cuenta? Le pregunté si era cierto lo de mi ex novia asesinada. Dijo que no, que era una coña, que de dónde había salido eso y que me fuera a tomar por culo. Entonces le dije que había caído bajo. Que para ser detective era un gilipollas. Y que esas cosas no se hacían en mi apartotel. Menudo soy yo, le advertí. Yo soy de esas personas que escalan el Everest con las manos por no tener que ir a las tiendas donde venden los aparejos de mierda, con cuerdas; que con eso me haría teleñeco, que yo llevo las uñas largas porque de vez en cuando me voy de escalada, que no es por guarro. Aquí que no tomase a nadie por lo que no era, y que si quería problemas los iba a tener de verdad. A mí, que me como las piñas sin pelarlas y no dejo la cresta, que eso es de maricones ¿o es que lo verde no se come? Él habló: Lo verde pincha, caballero.
Así son todos los maricones, lo verde pincha, lo verde pincha, ay, cómo me pincha lo verde. Se lo dije y se encaró conmigo. Oiga que usted no tiene ningún derecho a... a ¿qué? Y añadí: Gilipollas. Y me iba a aniquilar con su mirada inquieta pero antes, en un salto mortal, apreté el botón de debajo de la mesa y mis vasallos no tardaron y lo redujeron a cenizas. Yo digo que lo echaron a patadas en el culo, pero es para fardar. La verdad es que le hicieron cenizas y las repartimos por los ceniceros de las habitaciones. Los clientes dicen que son obras de arte, que hemos hecho una de las buenas y que a nadie se le había ocurrido antes. Ni a Picasso, dicen, con todo lo listo que era. Que habíamos llenado los ceniceros de ceniza y eliminado unas colillas que nunca hubo y que eso hay que patentarlo. Que eso era conceptual y no la Bourgeois. Que representaba la vida, la muerte y después las dos cosas a la vez, en el apartotel de una cabeza donde está prohibido fumar ¡con dos bemoles! Y etcétera.

Tienen, mis clientes, maneras muy extrañas, ñoñerías muy chungas. Pero les quiero. Mucho. Me dan todo el dinero al que aspiro en la vida, las noches en que no me levanto con miedo a mi felicidad. Sé que apagaré la luz de nuevo y que mañana, según dijo el hombre del tiempo, hará sol, aunque se cambiará de tarde por alguna borrasca que será pasajera.


Autor: Convulsivo 16, desertor de Valseca.

Discurso del alcalde para las próximas elecciones de Valseca, mañana


Foto: La escuela de Valseca (tras los escombros y bajo los rayos -las clavo, tronco, para un día que salgo a hacerlas-) (lo negrita va con énfasis):

Instrucciones primeras ocurridas en jornada nº 16.012:
Tanto para primeros como para segundos o viceversa (de peor en mejorada y al revés también):
No hacer una segunda pregunta.
No hacer una segunda pregunta antes de una primera.
Mirar las pupilas del otro antes de la pregunta que se va a saltar.
Preguntar sin nada dentro, es decir: ¿?

Pero yo me pregunto cosas después de ver el telediario nocturno repetido tres veces consecutivas.

Me pregunto quién es Valseca. Hoy que se han acabado los cachetes me acuerdo del tierno don Alfonso. Me acuerdo en doble endecasílabo del tierno don Alfonso, aquel tierno don Alfonso que se quemaba a sí mismo de la manera en que rima (con el bonzo del que prima lo rimado de la estrofa). Pero hoy ya no hay nada que cantar. En una ocasión hicieron un coro y el tierno eligió a sus comandantes para hacer las voces de los niños de la canción de Perales en el Un, dos, tres. (Así anda Valseca) Y a nosotros, pobres, la EGB no nos entró por la cabeza sino por las orejas.
“Que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar, que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad” Y, efectivamente, la verdad estuvo en los aquellos que se estrellaron con el sol de puro capricho y sigue estando en los que legan su voz al mundo para recibir una propia que, ay, es una voz que no canta.
Cantaron los que cumplieron el dictado del patoso, don Alfonso, y te diré: no tengo maldita gana de que me leas sino más que sepas que los ahorcados no teníamos mejor voz, pero sí mejor aliento.
Nos convertisteis en tocables, como al de las gafas de la peli de dePalma, pero no manchásteis traje alguno en vuestros iguales armarios. Qué salaos, nos vendíais pegamento tóxico -porque no había del otro- y luego unas collejas para que se nos pasase el moco.
Ese colegio era un dios y lo teníais a la guitarra, cantando canciones que no iba a bailar nadie.
Por eso brindamos por la posteridad, querido don Alfonso, y luego nos acordamos de aquello, no necesariamente por sabio más profundo, que recordaba un filósofo de ciencias: ¿Qué ha hecho la posteridad por nosotros? Tú, que te recuerdas, en los recreos, aprendiéndote en una pizarra el Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela. Tú, ya sabes más que Espronceda del velero bergantín que no corta el mar, don Alfonso, pero tampoco, prenda, lo vuela. Sólo aspira a volar a la manera del mosquito cojonero un día de insomnio por el viento que uno hace para desplazar un poco más el barco -que yo creo que era una mula en realidad-.
Eh, que a mí me parece muy bien lo de los cachetes y hasta las hostias, pero también teníais que haber pegado un poco a los buenos. Que dios está en todas partes y no hay manos moviéndose al mismo tiempo que quepan en este mundo, ni mancos que las aborden tampoco.
Me acuerdo del velero bergantín con la misma nostalgia que me enseña que Estambul no está allá a su frente, aunque hayan puesto un kebab. Detrás de la casa de un vecino, efectivamente, con el que jamás me he cruzado y quién sabe si no se llamará don Alfonso -ética, lengua, matemáticas, educación física, clase de canto... un crack!-

Te tengo miedo, pobre lunar de mi sol. Tengo miedo de las leyes estrambóticas, de la tele y radio, de la harina con que se hace el pan nuestro de cada día, tengo miedo de Almodóvar y de Victoria Beckham. Y me consuela esa secuencia de Grupo Salvaje en la que Ernest Borgine le pregunta a William Holden: ¿Cuánto crees que valemos? A lo que Holden responde: Según el hambre que tengan. Pero sobre todo tengo miedo de los resentidos.

Cien naciones a tus pies por cada presa que hiciste.

Hoy ya los pobres deficientes mentales no podrán tener acceso a armas en Norteamérica. Pero los demás sí.
No sé si me entiendes, don Alfonso.

Pero, escucha, hoy, aunque me he perdido el partido, ha ganado el atleti. Y ahora me voy a acostar y mañana hasta las seis no me levanto. Diré, desde la cama, aquello que iba a lucir (o va) en la tumba de Labordeta, y que no he oído cantar hoy: “No legislé” (es verdad, qué asco de planes pero bue...). Y no ha legislado, don Alfonso. O a lo mejor sí. Me da igual. Estoy un poco moña y me voy a acostar, y antes te voy a hablar del triunfo, don Alfonso, del éxito. No sé nada y cada vez sé menos pero quiero vivir y voy a dormir por hobbie, por descanso o por ambas cosas, hoy. Dormiré sosegado, arrullado por el mar (que es lo mismo que dos copas hoy, de anís del mono o lagavulin, entre colegas -eso vale más que mil pizarras por menos capones temple-). Y ahora caigo que sí me acuerdo algo de ti, pero el tiempo ha pasado para todos. Y sí, comprendo que te debo muchas cosas.
Perdonen lo penoso pero es que yo veo la película de los Sleepers y me digo: así le teníamos que hacer al don Alfonso!! Tantos años con la rabia acumulada para luego na!! joe


(Aplausos de los sobrinos en la plaza)
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¿Saldrá Laszlo Ravirov de alcalde otra legislatura?
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lunes

Let it snow?



Cada año, en Valseca, con el advenimiento de las fechas navideñas, se realiza un concurso de relatos breves "Espíritu navideño de amistad y fraternidad" en su IV certamen este año. El jurado que formamos la concejalía de cultura, hemos fallado como ganador a Cuento navideño III de la joven autora Catalina Fernández. El susodicho será representado el día 24 del actual mes de diciembre a las 20:00 h en la plaza Alaíza y contará con Soto (como el hermano) y Fernanda –madre de la autora- (como la hermana). Tras este evento, repartiremos sidra entre los asistentes y procederemos a hacer entrega de una cesta de turrones y mantecados, dos cajas de cava y un jamón ibérico a la ganadora. ¡Felicidades Catalina!




Cuento navideño III

El hermano huérfano entró en la casa donde vivía feliz su hermana y lo hizo con un cabritillo muerto y con el pelaje negro debido seguramente a que había sido acercado a una lumbre. La hermana le dijo al hermano que qué iban a hacer con el cabritillo pequeño y bonito aunque estuviera muerto el pobre. Tenía el morro torcido de algún golpe y la hermana que se llamaba Silvia se dio cuenta. El hermano le dijo a ella que lo comerían, a lo que Silvia respondió por qué. Y el hermano dijo, sabiamente: PORQUE ES NAVIDAD. Y Silvia lo comprendió, al estar muerto.


Catalina Fernández, vecina e hija de Valseca desde su nacimiento en junio de 1999 en el hospital de Toledo, es de origen danés.


Atentamente; Laszlo, el alcalde.

domingo

Por una cabeza -Ciudadano convulsivo nº 15, en carta abierta (tablón de anuncios del ayuntamiento)-




En Valseca, a menudo, se recupera la costumbre de degollar a quien hace mal su oficio.
Los jóvenes consideramos casi lógico que este hecho dé comidilla de sí en los pueblos limítrofes ya que, comprendemos, las cabezas son muy importantes para la vida, así como por otro lado entendemos el mensaje del Sr. Alcalde cuando ante esto se pregunta: ¿y qué pasa con las tradiciones? Porque las tradiciones son, sin duda, los rasgos de identidad de nuestro humilde pueblo.


Comprendan quienes aún no conocen esta pequeña villa que, durante las fiestas patronales, los mozos acudimos a las eras, ávidos de competición, y participamos con orgullo en lanzamientos de cabeza, aparte la ilusión que en ello pone nuestra cantera, formada de futuros mozos y mozas, lozanos y lozanas. A nosotros el frontón nos parece un invento estupendo, pero lo levantaron muy después de la existencia de nuestros antepasados que, como es sabido en esta hacienda, son todos santos.


Esas cabezas, felices de paseo, en el carrito, pareciera que quieren pertenecer a las manos que lo sostienen ¿No son encantadoras? Nuestros pequeños se acercan y agitan en ellas sus sonajeros (a su vez fabricados con restos reciclados de los cráneos que dejaron de servir), con la esperanza de verlas animosas, cosa que sucede siempre.


Ponemos mucho cuidado en su presencia de cara al evento deportivo y cultural; y alejamos siempre de temperaturas no recomendables a los contornos de reciente desapego.


Los cuerpos de ellas son heredados por allegados de similar talla que los vacían, limpian, aroman y sirven de ellos como traje para eventos especiales, es decir, bodas, bautizos o el vermú.


Muchos nos sabemos orgullosos de aquel tiempo en que había de sobra y exportábamos al extranjero. Ahora sólo hay unas pocas, y es por culpa de los nuevos moralistas. Unos nuevos del pueblo que no han dado un palo al agua en toda su vida y quieren enseñarnos a los cosechadores cómo se anda. Insisten en que lo real es respirar y no comprenden que a otros lo real nos provoca mucha tos y malestar de pecho.
Sólo me tomo una caña con ellos cuando consigo que me llegue el suficiente oxígeno al cerebro. Les explico que no hay nada como aprender, de niño, a coger una cabeza debidamente para mejor lanzamiento. Les digo que conviene juntar los dedos adentro del mentón y apretar desde fuera con el pulgar, usando fuerza y la suficiente destreza para no quedarse pegado y salir volando con ella más allá de lo que la imaginación le pueda permitir a nadie. Si tuvieran un oficio sabrían a qué me refiero. Me miran con cara de circunstancia, si no altivos y mentales detrás de sus gafas importadas de Japón. Son el fracaso del darwinismo.

Jamás entenderán que el sueño de un mozo nacido acá es el de obtener el récord de lanzamiento; usando la cabeza propia.



Fdo: Ciudadano convulsivo nº 15

viernes

El tonto del pueblo


Sé que he hecho muchas cosas mal pero, aparte de las que sé ¿Qué otras cosas he hecho mal? Oye, no creas, a veces me lo pregunto.

Mi nombre es Leopoldo María, vivo en Valseca y soy el tonto del pueblo. Efectivamente, no estoy nada satisfecho con ese apelativo, aunque hoy, por vez primera, he llevado a cabo un plan. Me he comprado una tabla de ajedrez y la he paseado tanto por las afueras del colegio como por las eras y por el bar. No imaginé, de inicio, que pudiera funcionar, pero el efecto provocado en mis conciudadanos ha sido, he detectado, bastante notable.


Nadie sabe que tengo otro plan maravilloso planeado para el día siguiente. En el día de mañana no sólo pasearé la tabla sino que lo haré con sus correspondientes fichas, salvo una que dejaré en casa escondida, me sentaré enfrente de la nave de Telsio y, una vez allí, las colocaré tal y como las reglas de este antiquísimo juego indican. A la que Telsio salga de cuidar sus guarros me verá y preguntará en tono condescendiente: ¿qué... practicando? Yo le diré que no, que falta una de las treinta y dos fichas.
Luego de irse al bar empezará la acción.
Al principio no lo darán mucha importancia, dirán: ese chico está perdiendo la cabeza.

No obstante, sólo será un primer paso.

Mejoraré mis estrategias y seré diligente con el número y lugar de apariciones que lleve a puerto.
Calculo que, en aproximadamente un mes, dirán: el tonto del pueblo, además, es muy inteligente.


Fdo: Ciudadano ejemplar nº 3

domingo

Dada


Al aparecer Dada, las estrellas se caen en ella y hay que quitárselas del vestido, no vaya a prenderse en una copia suya.

Las estrellas la miran desde el suelo y lo alto es un jirón de su melena resuelto en una antorcha que no puede dormir, que asusta al cosmos.

Al aparecer Dada, su copia se sacude la caspa y huye a encontrarse en otro lado. A no saber, de nuevo, cómo llamarse.

Su nombre se cae sobre la vitrocerámica y, cuando lo recoge, es siempre demasiado pronto, o demasiado sin más.

A quien se lo come el nombre, se convierte en el primer trabalenguas que su estómago recuerde.

Si no deja al tigre comer el trigo, viene Dada y, alegre, sin tregua lo traga.

Dada se ha convertido en un niño o niña que pregunta por qué, no sabe cómo y responde a los trigales con un salto.
La vida, desde el columpio, dice no cuando se mueve.

Un día se va a hacer mayor Dada y, como yo, no sabrá nada de nada.


Dada, a su nieta Dada.

Guía irracional de ayer


Hoy he pasado el día en la casa siendo el cumpleaños de mi tía -mañana paso el día contigo-, cotilleando en internet los nombres que me ha dado la gana, permitiéndome un escocés al tercer hielo, escuchando temas nuevos-viejos de Patti Smith y leyendo Silencio de John Cage (mejor que leer a la una y escuchar al otro, doy fe, al menos hoy, que ha sido día de chimenea -entiéndase: al lado-). Luego he telefoneado a Pynchon, seguramente consecuencia de leer a Cage, que sabía algo de sonido y por eso lo destrozaba (Patti Smith de lo que sabe algo es de destrozar y por eso ha sacado un disco de versiones). El jefe me ha preguntado si había mirado el Mundo, la última página. Se refería a lo siguiente:

http://www.lacoctelera.com/maxmartini/post/2007/12/01/manuel-fenaandez-cuesta-umbral-rojo-

Manuel Fdez Cuesta hace un artículo maestro.
También viene en el enlace un artículo de Rafael Reig sobre el reciente premio Cervantes.

Los dos fueron maestros míos el año pasado (Hotel Kafka), lo que no evita que lo sigan siendo para mucho más rato.
Quiero decir, en varias ocasiones, quiero ser como ellos de mayor, entiéndase: cuando me haga mayor, como ellos.

A Reig tengo más fácil leerlo (me quedan dos novelas y leo habitualmente su blog e incluso he puesto algún comentario, y siempre responde).
A Manuel es más difícil encontrarle, pillarle escribiendo, mejor, verle en lo escrito, y como no leo periódicos me tengo que conformar con verle en los catálogos. (A diferencia de Beiba Aragón Mártir, que dice acordarse de él cuando riega los toldos de casa -¿Es esto racional?-).
Pues hoy, sí, ha salido un Manuel Fdez-Cuesta en la columna de Umbral: Umbral rojo. Un regalo que responde al sonido y al saber con el saber y el sonido.
(más -caso aislado, lo sé- después de leer a Cage que, aunque en ocasiones lúcido, hace con las frases, a veces, lo que con el pentagrama -las saca de la hoja y luego dice que es porque son así-).
-Thanks Pynchon, si no fuera por ti, muchos días...-


Yo hice una columna hace un mes y pico, no en la columna de Umbral, pero sí sobre Umbral y sobre lo que sigo leyendo de este autor que siempre me ha maravillado, y la coloqué en un foro, y sigo pensando en hacer otra, pero me voy a acostar en breve y me apetece rescatar aquella para este sitio, lo que no sé es cómo titularla (se admiten sugerencias):


He leído mucho Umbral y no sé cómo era su mundo. Las últimas columnas las leí con un pincho en el bar de Pepi. Seguía siendo fiel a un estilo multiforme, siempre sorprendente, a la vez, en su búsqueda de matices que dieran, si no un sentido, una excusa y también una continuidad al hombre cualquiera que camina por el pueblo de provincias, por Madrid o por el mundo. Ahí residía el fondo y ahí residía la voz, la que hace a una provincia y a una capital, a un país y a sus maneras (con sus maneras), y a una respuesta nacida de su proposición... porque sin el que anda no hay lectura que se tenga en pie y menos, claro, que siga tomando chatos desde el suelo. Y es desde el suelo que el hombre –Umbral, en este caso-, en su manera castellana, leía aquello de la interrupción que procede de lo sublime y no ya del propio hombre, entre las líneas que le iban saliendo para hacer una columna o una novela donde siempre perdían los mismos y, al mismo tiempo, ninguno de nosotros.

Están todos, los que están y los que no y responden (o menos) a una conciencia que los encuentra a la manera de Diógenes –en su penumbra y lugar- como el artista sempiterno que no ha hecho del arte nada pero que deja que la soledad le toque el saxofón un poco; y el arte (o lo que sea) termina haciendo por él como hace una manzana por el simbolismo (en poesía –o lo que eso sea- o en religioso, surrealista o preparador de ensaladas). Porque las respuestas las da el hombre que camina como le son dadas al mismo por la cosa de caminar, que en algunos artículos del autor también son algo (otra cosa) de provincias –en muchos-.

Uno supone que, para Umbral, hacer mitología de lo ocurrente es una cosa periódica y hacer un uno de los españoles (por ejemplo) pasando por la cosa mental que daba el pensador germano y lo sutil que se figura en la contracultura francesa de finales del XIX; aparte siempre la rosa, que era juanramoniana o rilkeana (si no una cosa muy bruta, como de Cela) respondía a una devoción y necesitaba nuevas para alimentarse, y que ahí se explique que quisiera ser alguien importante en pequeñoide, alguien que se viera por un momento en lo proyectado como el proyecto que cumplió hace mucho tiempo y, toma piña, que va y lo hace como quien no quiere el trasto, o lo quiere sólo para todos los demás.

Y quiere la vida como quiere el hambre (de una manera literaria siempre), y luego quiere la izquierda como quiere a Baudelaire, por un coso de ciencia más que de principios –aunque de principios también-. Y pasa que, dadas las paradojas que uno mira al vivir muchas, a quien ha sembrado una escuela le empiezan a llover los gorros esos que dan de licenciado para hacer la foto, de una manera sociológica antes que política y natural antes que por ocurrencia del tiempo solamente.
Sin olvidar, Paco, que tuviste la peor muerte que hay, que es aquella, ay, que se realiza en un hospital.

Y se ha muerto Umbral y se va a morir Zúñiga (aunque a Zúñiga no le mate eso –aquello de la estatura asimilada en el hombre que hace el premio- como a Umbral) y uno no sabe quién le va a contar esas historias. Un día le vi por la calle y no le dije nada. Se me hacía que para qué, y ya sabía aquello que dice –en alejandrino- en una obra maestra como “Mis paraísos artificiales”:

“Sólo quiero que el pecho donde un niño me llama
no se quiebre de pronto con un golpe de viento
quiero que el hondo niño, deslumbrado y lejano,
viva en el relicario funeral de mi vida”

Acá remite a muchas cosas, además de hacia su vida y obra, hacia el lugar necesariamente ambiguo –y proyectivo- del narrador, el que está en ambos lados a un tiempo y sabe de uno en el contrario, así como a España, al mismo tiempo que al niño que quería vivir con aquel otro, oscuro, que quiso cortarse el corazón en alta mar. Abarca el memorialismo -lo hace suyo- como abarca una generación que sale de Gómez de la Serna y no ha acabado todavía, y predica la columna desde Ruano como desde el santo Simeón, mientras ve pasar a los gatos de la terraza al saloncito. Siendo todo ello, uno puede ser un sacrosanto o, cuando menos, un pobre diablo. Y todo el mundo sabe (a estas alturas de su muerte) que Umbral era las dos cosas, además de, como dijera de Lorca, un poeta que, más que levitar, gravita. O gravitaba.

Yo a Umbral es que me pasa que no me lo creo, aunque me crea casi todo lo que leo y nunca me he explicado cómo ha podido escribir tanto y, hoy, he entendido por qué y es porque me he creído más a los imposibles que a los de este lado, más a Wilde que a Tolstoi y más a Jordan que a Magic Johnson; más al extraterrestre que al ET –triunfal o no- que somos todos, y creo que nos pasa eso a muchos, jovenzuelos –lo digo deshonestamente-, que se nos han olvidado muchas cosas y es que, al mismo tiempo, las hemos aprendido mal –o solamente al revés-.


Por cierto, el último párrafo del Silencio de Cage dice: Decir más sería -lo dice el Zen- lavar sangre con sangre.
Me pregunto, hablando de periódicos ¿No define la mar de bien esta frase a la información en general? -me lo pregunto, he dicho, no que la defina la mar de bien-.
Y el disco de Patti Smith es cojonudo. Ya lo he escuchado una vez y algo.


Felicidades tía Pepa. Aunque ya es día 2 ¡Leñe!

sábado

La semejante criatura en google: Merecidas definiciones y hazañas del pasado (II)


“Yo también tendría vergüenza de haber parido semejante criatura. Hay gente que por estafas mas inocentes se pudre en la cárcel. ...”

“¿Cómo era posible que semejante criatura hubiera permanecido desconocida hasta entonces, para el mundo occidental? El okapi prometía ser, en cierto sentido, ...”

“-Debes ser un mago muy poderoso para haber conseguido hacer semejante criatura, me alegro de haberte encontrado, me servirás bien. ...”

“Tal y como explicará el profesor Arquette, que encabezó la expedición, la presencia de semejante criatura era "una imposibilidad en un mundo normal". ...”

“Dijo que se alejó de la ventana, pero nosotros no vimos a semejante criatura.- dijo otro hechicero. - Quizás es la criatura que crié en el sótano. ...”

“... y como podíamos haberlo hecho nosotros, cuando vio a semejante criatura siguiendo su rastro a grandes saltos por el páramo a oscuras. ...”

“Mi teoría es que Dharma pudo llegar a desarrollar una tecnología suficiente para crear semejante "criatura", pero se descontroló y se vieron obligados a ...”

“¿Cómo hizo la mujer para montar semejante criatura temible? ¿Por qué la bestia permitiría que siente sobre su espalda, sujete las riendas y la controle? ...”

“Ahora bien, tengo que reconocer que “El Corazón Púrpura” es la única razón que se me ocurre para salvar la vida a semejante criatura. ...”

“Hibiki huye aterrorizado por el encuentro con semejante criatura. Para evitar que capturen toda la nave los hombres separan una sección del resto dejando a ...”

“Miembro nº: 92. se imaginan encontrarce con semejante criatura en el jardin?... aca les va http://www.youtube.com/watch?v=R65v-YMJWEI ...”

“... y criaturas repulsivas, guitarras con forma de instrumentos de tortura, ... agente quería detenerle ya que les daba asco tocar a semejante criatura. ...”

“el de mi padre, para sentir el orgullo de haber podido concebir semejante criatura divina (o sea, yo) :headbang: Ojalá se inventaran los preservativos de. ...”

“Y Moises, al dividir el mar… no uso una vara…sino que puso a Eddie Trini al frente de las aguas y estas huyeron a toda prisa de semejante criatura… ...”

Semejante criatura en tal sitio mortuorio y sombrío, parecía una estrella caída en un pozo. La lección continuaba no obstante la distracción de los oyentes, ...”

“-Cómo es posible que a estas alturas de mi vida, cuando apenas me puedo mantener en pie, aparece semejante criatura a torturar la paz que con tanto recelo ...”


Fdo: Sede mnemotéctica de Energy

El mal de la impresión y otros suicidios (I)



"Ella vendrá y tocará el organillo llorando" (Unica Zürn en "El hombre jazmín")


Cogió, como cada mañana, el autobús que la llevaba al centro. Antes de llegar a su destino, bajó e hizo llamadas desde una cabina telefónica. Insertó cinco duros y marcó una cifra de siete números apretados al azar. Le contó a alguien que su padre moriría en este insensato frío si no ponía remedio y que necesitaba ayuda. Cortaron la llamada y ella siguió hablando hasta terminar la frase: Los pensamientos de los locos se parecen, pero no hay mano ninguna que sostenga este planeta.
Se dio cuenta de que sólo la quedaban otros cinco duros en el bolsillo pero que, seguramente, no era bueno gastarlos en llamar de nuevo, que era mejor dárselos a alguien, si posible, pobre, lo más pobre que pudiera ser alguien como, por ejemplo, cualquiera que pudiera pasar cerca de ella en esa calle y así hizo ante la inmediata distancia inesperada tomada por el otro. Comprendió que el hombre en general –y no sólo la persona del otro lado de la línea telefónica o aquel a quien quería tender sus cinco duros- no podía ser bueno por naturaleza y se vio incapaz de recordar el número donde, probablemente, la notificaran que su padre había, efectivamente, fallecido.
No obstante, conservó la idea de que aún no había llegado al centro y, quizás con ello, había conseguido minutos e incluso horas. Debía cruzar la acera y coger el autobús de vuelta. Realizar una regresión que fuera paisajística, adaptar el mundo de nuevo hacia lo conocido, y todo ello andando de la manera en que sabía. Conseguir crecer del revés hasta, por lo menos, su nacimiento. No tenía problemas para realizarlo, gracias a que guardaba el abono de transporte correspondiente al mes de febrero del propio año.
(Antes de acudir a la parada se deshizo de la moneda de cinco duros. La colocó en un lugar que supuso lo más lejos posible de la vista de un humano).


Pero, como nada había cambiado a su regreso salvo la rutina, sospechó que sus familiares no correrían ningún peligro si, en adelante, mantenía fija la idea de eliminar la eliminación que sujetaba su cabeza; que, con ello, el planeta conservaría el trazo de siempre en la órbita que le es correspondida. No le pareció un error, pero llegó la hora dos de la tarde y la familia (compuesta al completo por madre, padre, abuelo y ella) hubo de sentarse a comer, como cada día, en la mesa.

Entendió perfectamente la impostura a la que era sometida. Se cambiaban cada día por otros. Mudaban la piel como había visto hacían algunas serpientes y luego, actuaban, procuraban que el individuo que ella había logrado no pensase un solo segundo en la eliminación propia o ajena: evitar el mal si aquel viniese. Querían vivir, nada más. Por eso encendían el televisor para atontarla, ponían en su plato arroz, cinta de lomo, tomate y huevos.


Le preguntaban por qué no había acudido a los estudios. Qué sucedía. Ella les miraba, compasiva, sin soltar palabra alguna, no fuera a sanar a nadie (o borrarlo para siempre, dejando al complot desnudo -a sabiendas, como quien dice, que un complot más feo con cuanta menos ropa o no un complot sino otra cosa-).


Avanzada la tarde, desde casa, telefoneó a su amigo y se lo contó todo -en orden cronológico-.


(En Valseca esto fue sabido sobre las diez menos cuarto de ese mismo día).

domingo

Las mejores cosas de la vida... ¿Salen en las fotos?

Hay, supongo, existen unos años de mi vida que no recuerdo muy bien si he sido yo el que los ha vivido u otro. Me medicaba mucho -con neurolépticos (haloperidol sobre todo)-, iba al psiquiatra, pasaba semanas enteras, en ocasiones, sin salir de casa. Iba también, entonces, creo, a la facultad de bellas artes. Hacía que me preocupaba un ratito por la asignatura de color, por las técnicas del grabado, por mejorar la destreza con el carboncillo... Eso durante aproximadamente una media de media hora al día.
Luego me gastaba las propinas de mi tío Martín en cañas.

Me juntaba con Fran, un tipo peligroso, gallego, que arrancaba el opel corsa y nos íbamos por ahí a ser como el Vaquilla y el Torete. Nos lo jugábamos todo al filo de una navaja que nos habíamos inventado. Una cheira automática que abría y cerraba cuando quería, allá dentro, donde, por lo que parece, conservamos los recuerdos y lo que se parece a ellos, además de otras cosas igual de siniestras, si no más.
Luego se casó con Chiara. Un día saqué dinero, vendí un montón de dibujos y me fui a verles a Roma. Para eso era artista, si no ¿de qué? Compré una cámara de esas de usar y tirar, y saqué algunas fotos, entre ellas esta:



Les pedí que la tiraran a una familia de alemanes ¿? que pasaban por allí. Hablábamos todos una lengua común. La mejor de todas. La que se realiza sin lengua. Tiendes una cámara a alguien, juntas las manos como para rezar, sonríes y el otro se entera de lo que ocurre -entiéndase, no echó a correr con la cámara porque era de usar y tirar-. Un tipo muy majo. No acertaba con el botón y la tiró su hija. Los niños saben más de estas cosas, y no sólo más, mejor ¿A que salimos centrados? (me refiero al encuadre de la foto, no a nosotros) ¿A que sí? La niña fue la que sugirió que nos pusiéramos a la manera de los hermanos Dalton, y todo esto con señas. Mucho mejor que la palabra. Cuando la tiró, yo estaba diciendo ¡Vamos, hija, que es para hoy! pero con gestos ¿A que mola mucho más? Ese episodio de La Torre de Babel lo entiendo como una cosa maravillosa que nos tenía que pasar todos los días, no como un castigo al hombre por juntarse a hacer una torre para subir al cielo con el afán de gobernar no sé muy bien el qué. Es un regalo, en realidad. Una parábola que nos enseña de lo bueno que es hacer una torre de alta hasta el cielo, que llegue hasta la luna, que sea como esos equilibristas que forman un solo cuerpo en una jarra cada vez más grande y mejor. Eso es lo mejor de la vida. Después, una niña pequeñita como la que nos tiró la foto, sube entre los hombros de los demás, erige su trono arriba, le da un beso al sol y se pone todavía más colorado. ¿No mola? A mí sí. Y también que lo apague de un soplido pidiendo un deseo antes: hacer una foto a estos de la pared, por ejemplo.
Estábamos contentísimos. Y los que nos hicieron la foto también.

Fran y Chiara, entonces, vivían en el Trastévere. Ese día no trabajaban y nos fuimos a comer raviolis y tomar vino rosso -¿rosso?-.
En el resto de las fotos no salimos en un paredón, pero siempre faltaba alguno de los tres, y es mejor los tres que dos + La Fontana de Trevi o la Piazza dei fiore.
Los demás días estuve en el apartamento de Fran y Chía -había un mercado abajo-, me compraba limoncellos o como se escriba y me ponía la canción esa de "vivo entre rejas, antes era chapista", escribía historias en folios que luego perdía y leía a Umbral y a André Breton, estaba tan a gusto; no tenía móvil aún y mi madre llamaba algunas noches al fijo y le decía a Fran: ¿Cómo le ves? Oye, que no beba, que le viene muy mal, hijo, y que se tome la medicación (la realidad es que nos la tomábamos Fran y yo a pachas). Los monumentos ya los había visto por la tele y también una vez que estuve con el colegio y me enteré un poco, pero regular. Me dan igual, aunque me encanten y me encante Italia en general. Mucho más que mucho, una belleza más allá del compendio de bellezas que conozco. Si me dieran a elegir entre una ballena surcando océanos e Italia no sé qué haría. Lo juro por Italia.

Hoy tienen tres hijos muy traviesos. Me parece. -Si no lo son, deberían-.



Luego volví a Madrid. Fui a la facultad de nuevo. Entraba en clase de cine y comunicación (o algo así), me veía una peli por la pata, iba a tomar apuntes a clase de quinto y pasaba desapercibido. Asustaba a las modelos, al principio; eso me dijeron ellas mismas algún mes más tarde, cuando ya éramos amigos. Si alguien se metía conmigo o me quería demostrar algo que no me apetecía, le decía que yo era esquizofrénico, cosa que era más o menos verdad pero, sobre todo, mentira. Y me dejaba en paz o se iba a demostrárselo a otro.
Una vez, a una de las modelos, me la presentaron Víctor y Javi. Una chica muy salá que me gustaba; porque cuando yo dejaba los apuntes dibujísticos me iba a otra clase, de grabado, a ver a Víctor y Javi. Y, si podían, nos tomábamos cañas. Nos sentábamos en la cafetería esa y nos contábamos la vida según el tiempo que hacía. Por ejemplo: Que veíamos que las buenas -pero sobre todo malas, claro- se iban con los del freesbi (o como se escriba), nos decíamos, pues habrá que aprender a jugar a esto, este verano ensayo...

Aprendíamos también la vida, creo, en esos días, sin planificar mucho más allá de las cañas. Mao Tsé era un tipo que seguramente dijo muchas tonterías, pero una vez dijo algo maravilloso, revelador, algo así: Si un día te paras y atisbas el horizonte ¡cuidado si ves cuatro huevos!
Sabíamos eso, más o menos o de otra manera. Por eso vivíamos según el sol, no sabíamos si teníamos churras o meninas, etc... por eso procurábamos el rato. Víctor hacía unos linóleos estupendos y esculturas con hierros del scalectrix. Javi hacía montajes fotográficos y captaba los movimientos que debía para luego hacer historias que volvían a empezar en seis imágenes. Yo escribía novelas, cuentos o mi vida y ellos, en algunas ocasiones, iban, encima, y se lo leían. Mira qué majetes estamos aquí: (en otras salen ellos más guapos, pero este es mi blog y pongo la que quiero -para eso estamos los colegas-).



De derecha a izquierda, Javi, Víctor y yo, el día que celebré que cumplía veintipico. Aunque no lo utilizábamos, teníamos el incienso (en la mesa, a la izquierda) porque a veces olía mucho a porro. Estábamos en casa de mis padres, en los siniestros bajos y, si bajaba la guardia real, decíamos que nos habíamos equivocado al encender el incienso, que no sabíamos que había que quitar el plástico o si había que encenderlos todos a la vez, nos echábamos esa culpa y cargábamos con ella como Jabatos, y si no que se la echaran a la tía Pepita, que era la que lo compraba. Mi tía Pepa nos atendía y proveía de todo, desde cáñamo hasta opiáceos pasando por solanáceas o gramíneas. Mi tía Pepa es la mejor del mundo. Hoy, que estoy de fotos y recuerditos, os voy a enseñar otra estupenda:


Aquí estoy con ella y con un cangrejo o algo así, la primera vez que vi bichos de esa inteligente naturaleza, con lo blando dentro y lo duro fuera. Estábamos en la casa de Valseca y, por la ropa, era verano. Un gran día, fijo. En mi familia siempre hemos sido tíos muy duros, chungos, peligrosos y nos comíamos esos bichos con la cáscara, con la cola, con la cabeza y moviéndose, sin poner la mesa, encima de la pila no fuera a ser, eso sí, que escurriera.
Es broma, quiero decir: no recuerdo nada de ese día ¿Es eso justo? Yo creo que es lo mejor de la vida. Aparece una foto como esa y se te dispara la configuración que tienes, por esquemas, de lo que te ha ido pasando. Me figuro con el abuelo, con la abuela, con los tíos, mi prima y mis padres, con un talbot, me suena que blanco.

No sé, una vez le oí a un escritor decir que las historias de familia, escribirlas, leerlas, compartirlas era algo tremendamente aburrido, incluso, obsceno. En ese momento estuve de acuerdo, con gestos o algo así. Hoy he estado mirando fotos. He empezado sobre las doce de la noche. Y he pensado que no puede ser que lleve mucho tiempo sin ver a Fran, a Chía, a Víctor y a Javi, por ejemplo. Y que eso no nos lo podemos permitir. Yo no, al menos.



Mira, aquí estoy subido a la burra del tío Vicente, en La Calera:


Soy el que va atrás, agarrado a una especie de primo mío (entonces, allá, el que no era primo por decreto, lo era sin él; conocí primos cuartos la mar de majos, y primas cuartas que, al ser cuartas, con el tiempo, las podías echar los trastos y, a lo mejor, tirártelas). -¿Qué habrá sido de aquellos tusos del fondo?-


Fdo: &(:-B}

jueves

"¿Cabrá aludir jamás al Yo Profundo?"



Decía Cioran que si una vez has estado triste sin motivo, lo has estado toda la vida sin saberlo. Y de la tristeza que es un apetito que ninguna desgracia satisface.
Leo a Cioran en estas noches que llego a casa y se me antoja que es ya tarde. Tarde para decirle que les quiero a aquellos que ya no están y viven en mí como podrían vivir en cualquier otro, y soy sensible cuando, ante eso, las piernas ya sólo ejercen por mimetismo con lo que queda.

La duda la entiendo como el equivalente del pan que no se ha comido.
Si un libro, un poema, sale mal, eso, o es una cosa de la imprenta o es que ha encontrado, como el tren, una llegada en su hora y a la estación que se dijo. Escribo para encontrarme es una cosa cursi, llorona y yo no o no, al menos, -lo intento- el yo donde permito observar el lugar de cada cosa, quieta o mal informada y, desde un ángulo u otro, dejados ambos al azar, de la habitación, encuentro mi cara, mis brazos o espalda igual de imbéciles, igual de equivalentes al lugar desde donde los veo.
Por eso intento el bien. Mejorar el yo y hasta la vida.
Por eso soy sensible. El sentimentalismo, dijo Umbral, es algo que los hombres dejaban para los poemas de amor veinte y las canciones desesperadas. El ingenio es algo que viene de lo mismo, algo de lo que se hace uso para ser mayor y de lo que se ostenta para devolverse a sí la estatura correspondiente, cuando no una ligera tendencia a la horizontalidad. Uno se pregunta, a todo esto: ¿Con qué cara le escribo a mi familia algo bonito en navidades?

Decía Vallejo al balance falseado de un banquero (de los de hoy o ayer): "¿Con qué cara llorar en el teatro?" (hoy en el teatro han estado hablando de eso con palabras de esas que utilizan en el teatro).

Mi abuela estaba bien, no se quejaba sino de cansancio y pocas veces de estar harta. Viene entonces el poseedor del nicho y luego un cura ¿Procedo a decirles, pues, que en las noches le rezaba a san Antonio? Yo la oía desde mi cuarto. Alguien dice que si las tentaciones... ¿Inicio una conversación sobre la visión de Grünewald? Hace de esto ya un año. Un año de nada.
Mi primo, el más pequeño, calcula mal su moto en menos de lo que a un segundo llega, se le sale el casco y muere con 19 años en un atardecer de este verano ¿Deberé decir: La Mutua, qué opina de esto? Decir que fue un resbalón, la rueda ¿Cualquier cosa, solamente? O que "hay miles de casos"; que hay que luchar, tirar para adelante.

Al igual que lloro una piedra, tampoco quiero abrazos que no entiendo cuando el instante está hablando de otra cosa. Y lo vivo me devuelve una prolongación de un tiempo mismo al acecho, en la casa, sabiendo de la rosa juanramoniana que sólo es ella cuando hiere y alejando la distancia donde procuro la situación de los ojos desde donde veo unos brazos una cara una espalda y los alrededores, acaso, mismamente, para hallar que soy miope. O necio, en el mejor de los casos, -en la "autenticidad" mejor o peor de ellos-.
Que todo era una milonga donde tomo cañas con cualquiera en cualquier rincón del mundo, si es que este existe –el rincón, digo; el mundo me da lo mismo si sí o si no-. Hoy han hablado de eso presentando un libro, yo estaba allí, y a la tarde unos poetas igualmente. Si no han hablado de eso, es que no me he enterado de nada y ya está.
No soy alguien para enterarme, por eso no hay problema; y por eso no hay solución.


Fdo: Me voy a acostar.

miércoles

Valseca. Patrimonio intelectual (I). Discurso de Faizulito.



En una ocasión fui invitado a realizar una conferencia -a la que debía asistir como intelectual- que sería llamada “cultura y medio ambiente (relación actuante con el entorno)” en el centro socio-cultural Dr. Velasco en Valseca.
Asistieron veinte personas (12 por cariño del que llaman solidario, 6 porque no había nada en el bar y 2 no tengo la remota idea, supuse entonces, atraídos indudablemente por mi virtuoso magnetismo).

Una vez sentados todos, escogí
el libro “La distinción” de Bourdieu y comencé a leer párrafos salteados escogidos al azar.
Después de llevadas ya cerca de tres horas declamando y, con la intención de que los hijos pequeños de los asistentes tuvieran su cena sólo una hora más tarde de lo habitual, procedí culminar con el siguiente:

“Debido al hecho de que unas condiciones de existencia diferentes producen unos
habitus diferentes, sistemas de esquemas generadores susceptibles de ser aplicados, por simple transferencia, a los dominios más diferentes de la práctica, las prácticas que engendran los distintos habitus se presentan como unas configuraciones sistemáticas de propiedades que expresan las diferencias objetivamente inscritas en las condiciones de existencia bajo la forma de sistemas de variaciones diferenciales que, percibidas por unos agentes dotados de los necesarios esquemas de percepción y de apreciación para descubrir, interpretar y evaluar en ellos las características pertinentes, funcionan como unos estilos de vida”.

Di por finalizada la sesión con una reverencia que el público sin duda merecía después de perpetrar sin ayuda de alcaloides tal hazaña; y no hubo aquel que no se levantara de su butaca a aplaudir, piropear, lanzar claveles y ropa interior, pedir al palco un mínimo de dos orejas etc. Y todo ello, incluídos o no los párrafos de "La distinción", era comprensible. Es decir: al ser un intelectual...

¿O no? ¿Tú cómo lo ves?


Autor: Faizulito bajo los efectos secundarios de Vilas tomado sin prescripción médica.

lunes

La semejante criatura. Hoy, una de actualidad: Furia occidental


Mientras nosotros comemos tortilla, vemos los telediarios y acudimos a la reunión con el fútbol los fines de semana, don Juan Carlos defiende la estatura del mediano hombre demócrata a golpe de sesudo ensayo en las maneras del tigre, silbando al hacer la gruya con los luchacos frente al espejo y, cuando se cansa, llama a unos líderes o ex líderes mundiales elegidos al azar y procede a tejer estructuras conspirativas contra otros líderes mundiales elegidos al azar. Esto es una cosa que hacen los reyes, de lo más normal. Están en el despacho y se dicen: Coñe, hoy voy a llamar a mi amiguete Clinton a ver qué tal ve lo de las próximas elecciones con su mujer y, de paso, le comento que esta mañana me ha contado el ruso que el canadiense le contó al Japón, que Buenos Aires le dijo al polaco que esta mañana está más triste el sol.

Es para eso para lo que, entre otros pocos, don Juan Carlos es don Juan Carlos más don Juan Carlos que nunca, si no ¿de qué?

Juegan entre ellos, los monarcas, y cada uno tiene su caché dentro de este juego donde se eliminan los unos a los otros en una competición voraz a la caza del político y de la opinión pública. Pongamos:

Que Juan Carlos casa a su chico con la chica del telediario, piensa Charles, pues yo insto a mi chaval a que les coma la flauta a todos los camellos que se encuentre en los baños públicos de cada rincón que bañe el Mersey, luego le pago un verano en Kingston y servidito. Y luego: Si lo viera Rainiero. Y se ríe por lo bajinis en la pista de tenis de su chalet de Gloucester. Rainiero es que, como se sabe, en el juego de la opinión pública estaba picado hasta el tuétano. Un precursor.

Pero hay una labor mucho más oscura en los monarcas. Tanta sed de competición en lo referible a la opinión pública les obliga a ejercer otros males de menor gusto como organizar golpes de estado, y no digo ya en sus propios países, sino en los países de los demás. Luego, cuando todo se ha resuelto, se anotan un tanto en su particular tanda. Pero a veces las cosas se van de las manos. Así, a día de hoy, los sandinistas están, como mínimo, que echan humo y no sólo por la boca ni únicamente por la causa.


Tras el regreso de la borrascosa cumbre, el rey canceló la cena de familia y se fue a tomar un chato con Tejero. Qué tiempos aquellos, eh. Del tricornio a la corona es que hay un paso. Y de la corona a la de espinas otro.
¿Y qué le cuenta don Juan Carlos a Tejero? Por ejemplo:

Lo de Juan Pablo II en el 81; aquello era una apuesta con Reagan. Un cachondo de Murcia, amigo de Gaddafi, pagó doscientas mil pesetas a un inmigrante checo más el viaje al Vaticano, a ver si tenía tiroides de montar alguna. Te preguntarás ¿Y qué pinta en todo esto Alí Agca? Yo qué sé. Aunque sea rey. Ni idea. El tío de Murcia se quedó a cuadros. ¿Un espontáneo turco? No contábamos con Alí Agca. Y el checo se gastó la pasta en restaurantes. Por ponerte un ejemplo ¿Sabes? Así funcionamos nosotros ¿De qué te crees que viven Chomsky y estos? Bueno, anda... Te he traído un libro de Larra y un riberilla para que pases el rato.

Y hasta luego, majo.

Así todos los días. Y, mientras, en una caverna en los alrededores de Caracas, El Hombre Habsburgo de hoy, cavila sobre estos hechos cobijado entre las anchas ruinas de un imperio... y sólo sale de ese umbral a la voz de la palabra Pueblo.


- ¿Quién es, Sofía?
- Es Aznar. Ya sabes, bla bla, que está muy agradecido.
- Dile que no estoy, que me he ido en avioneta a entregar unos documentos al Asia central y he de lanzarme en paracaídas a la latitud señalada antes que el avión estrelle sin remedio contra las montañas de Kabul.

(...)

- Pues se lo ha creído.
- Sofía, reina. Para eso estamos nosotros ¿No te parece?


¿Y a ti, qué te parece?



La semejante criatura resurrections


viernes

No es manera más que sombra: Una actitud como otra cualquiera


Observan atónitos el interior de un garbanzo. En su derredor hay eras que no impiden ni a la dicha ni a la falta de costumbre crear su rumbo.
Acierta un viso azaroso ver un pájaro que marcha al allá de los trigales, en este hacer con que teje su dominio, una manera mínima, aproximada de aquello que es lo que de entre todo vive: Elige su velocidad.

Viaja hacia el lado que llaman el otro, aquel que en unos cuantos simbolistas quedaba conferido a la patria que dijeron de la infancia, pero que ahora, sin dejar de ser aquella, resulta un acá -donde estuvimos un día- sólo penitente cuando pasa y únicamente pasado cuando tienta.

Lo he visto en una de las fotos que salgo a hacer los quinces, hoy malditos, del agosto que se elige bueno. Lo he visto ¿Acaso es eso estar loco?

Atiendo la conciencia y a lo que no llega el saber en cuanto puedo, y reconozco la prisa -la de lo que no se sabe- cuando esa ausencia no debe condición alguna a lo que viene. Elucubra por sí que el pájaro no huía, que siquiera marchaba al lugar donde era dicho. Y que no hacía allá figura en su movimiento, que era el que callaba o, si acaso, el ido –que dejaba en su silencio al silencio ser así-.

Un garbanzo, en su proceso de arranque, se espachurra con la facilidad que diera la sometida cabeza de un pájaro que, sin la posibilidad de duda que también tiene una estrella, escapó del ruido que venía.

Pongamos; un alarde de la historia, una vida que se sabe sin necesidad de ciencia, un nido que yace ya al borde del suelo, precipicio común del bípedo que mira -lo hacemos-, junto con otros, el interior de un garbanzo mientras gesta el fruto que se partirá mañana y, curiosamente, se hará blando en un contenedor con agua que, este sí, será el de cada maldito día del mes, de la semana y del mismo y puñetero día que es mismamente esta noche.


Fdo: Un director de cine koreano

miércoles

Sección novísima en este blog: Contar el día. Hoy: Verdades y mentiras de un cli de playmobil


Yo apenas he salido de Valseca en la vida. Cuando paseo por la capital me considero alguien que no sabe. Uno que no tiene ni idea pero que, al andar, para qué quiere la idea.

Una vez le dije a Eva, creo, y también a Ana (o sólo a Ana?) que un paleto era, no alguien de pueblo, sino alguien incapaz para el sentido común. Y se lo creyó –dijo-. Y yo también me lo creí. Añadí: ¿ves? de eso, por ejemplo, no hay en Valseca o hay un 0,5 % solamente, como en el barrio o como en Madrid Madrid. Y se lo creyó o, al menos, yo, que me creo todo aquello de lo que soy capaz, creí que lo creyó.

Una vez, de esas que llegué sin dormir al Hotel, comí con Eduardo (que una vez se perdió en el Mar Muerto) en La esquina de Santi -de Santiago: libre-pensador amigo nuestro que siempre nos está convidando a chatos a nada que nos vea a 50 metros del restaurante (llevamos chips colgados del cuello que emiten un sonido en la mini-cadena cuando nos alejamos)- y me dijo (Eduardo) lo que era un friki. Me dijo que un friki era uno que no se cree lo que dice. Y me lo creí. Y él creo que también se lo creyó.
Pepi estaba en la barra, pero ya no le hablo de las tierras que poseo y un día serán suyas porque no me cree, y yo tampoco me creo -para qué me voy a andar creyendo, aparte cosas truculentas siempre como "posesión de tierras" ¿No es oxímoron?-, con lo que, me temo, terminaría, y camino de eso voy
(aparte, esto sí es verificable, el encanto que es Pepi), hablando de la libertad y las estrellas, tipo el Soy feliz que cantaba en spanglish Donna Hightower en los años sesenta, y entonces ya nadie me creería y, para el caso, terminaría en el bar de Diego contándole lo que Carlangas, el pastor, contaba al llegar al pueblo, que él antes era casado y su mujer murió, que se siente solo, que tiene pena y que, teniendo las ovejas, es feliz aunque sean de otros (por no ponerme con lo de la mili en Melilla, que la hizo allí o por lo menos así era un agosto hace tres años tomando cañas en ca Marcial).
Mi padre hizo la mili en Melilla. Yo me libré de ella pidiendo prórrogas de estudios una vez desechadas las opciones de invalidez mental y antes pies planos y ligera cifosis escoliada. A veces le he preguntado a mi padre cómo era la mili en Melilla. Es: Mucho calor y ser joven.

Tampoco tengo muy claro qué es ser joven. Hoy me he levantado con fiebre, algo constipado. Iba a ir al entierro de una amiga en Valseca, a la que recuerdo con la cabeza muy serena -ella- ya bien avanzada su edad y que consiguió llegar a ser anciana y vitalista al mismo tiempo; pero no he ido, ya digo, y me he tomado dos clamoxiles. A la casi-tarde se me han pasado los mareos y he ido a currar, pero antes he salido a por un cartón de tabaco y unos vales para el transporte público. Me han pedido el carné y hasta lo he encontrado. Luego de mirarlo, ella -la tendera (todavía no sé su nombre)- se ha sentido quizá incómoda y me ha dicho que es que ahora tienen que pedirlo, que se ha puesto todo... la he dicho que al contrario, que yo encantado, que me ha recordado a cuando era chavalín e iba a las discotecas con los carnés que me prestaban en el poblado y en cuyas fotos salía siempre el mismo anciano del este, y que me lo pida más veces, que no se corte, aunque ya nos conozcamos y seamos amigos y me deje, con el tiempo, tocar los mecheros y trucarlos cuando voy, desordenarlos y meterlos en las bocas de las pipas de 100 €, cambiar también las etiquetas de los precios, hacer magia borrás con el tabaco mentolado (¿sirve para eso, no?) etc...

A mí me gusta, respecto a lo de la edad, la respuesta de mi padre sobre la mili en Melilla. A él le gustará otra cosa.

Hoy he estado en El Hotel de bedelillo, muy tranqui, todo, incluso con una nueva amiga preciosa que va allí y tengo miedo de que me saque un ojo al mover las pestañas.
Ha ido a verme Eva incluso, antes del descanso que, por otra parte, ha sido mi jornada laboral entera, y me ha llevado un cli de playmobil que, dice, es como yo (me lo ha traído de su viaje a Malta). Luego le ha dado una de finas hierbas a Eduardo y, mientras unos echaban mano de los libros, yo me he puesto a jugar con el cli; a imaginar -mejormente, concretar- que era yo. Le he dejado incluso coger el teléfono, atender los recados y anotarlos. Ha concertado dos citas y hablado con Carmen Balcells. Es un buen cli, pero ya se ha subido a la parra con el cariño que le doy y quiere ir donde Santi a conocer a Pepi. Cuando crezca, le llevaré. O, ya puestos a imposibles, cuando nos invite a una Santi, a Eduardo, a él y a mí (y a Pepi, si no anda muy liada). Yo te llevo, cli mío.
Nada más llegar a casa me he puesto a buscar el fuerte que recuerdo haber tenido, y lo he hecho desesperadamente, a ver si se hacía a otra vida, con los suyos, y me dejase en mis demás días en el autobús maquinando mis obscenos pensamientos puros.

Mañana voy a ir al peluquero si me acuerdo, que es colega: Javi (a partir de tal hora me deja entrar con chato). Y cuando me pregunte si me lo corta como siempre le voy a decir: No, macho, hoy me lo vas a dejar al estilo del menda este que pega a las niñas en el metro de Barcelona. Menudo, eh... joe qué mundo. Ya verás, vamos a tener conversación para lo que dura un corte de pelo y mucho más que, es cierto, yo, teniendo la tarde libre, me voy a la peluquería y no me muevo del sillón hasta que no hayamos terminado de charlar, por mucho que Javi siga cortando y, si ya no hay mucho y estoy con el mono, pues le digo -caso de haber gente esperando- que me haga unos tintes en las cejas. Porque lo importante es estar vivo, y lo de contarlo, bue... ¿No crees? En serio, dime qué opinas sobre Lo importante (me interesa). Mañana, ya digo, Javi, mi peluquero, se va a enterar... (hasta de lo que vale un naipe, si es que aún no lo sabe que, ojo, es un tío con coco, peligroso, taciturno y con tijeras y, además, me parece que se ha leído mi ultimísimo ensayo sobre el Kafka de Wagenbach).

martes

SolidaridaZ con el lenguaje


Me han robado cuatro gallos y el que canta. Estoy enfermo y arrastro el cuerpo por la casa como si fuera el de un canino que he de guiar porque se ha quedado ciego y nacido sin su madre. Mis rebaños aprendieron a cuidarse a solas. Pastan sin la ayuda de los fieles perros que, un día más, no aguantaron el ayuno. Sus gangrenadas piernas se deshacían a lo largo del camino hacia la granja, sirviendo de alimento a los tejones.

Estoy enfermo, tanto que apenas atino a manejar la persiana por poco que entre un rayo de luz llegado el mediodía. Me alimento de porciones de queso que algunos (sospecho, los ahora benefactores de mi granja) dejan tras la puerta de la entrada –la única de esta pobre casa-, que apresuro a abrir cada mañana poniendo cuidado de que no se cuele en el saloncito noticia alguna de la ventisca de afuera.
No he avisado al médico. Seguridad social son dos términos equivocados en uno solo, contradictorios como, por ejemplo, experiencia intelectual o aquel famoso “inteligencia militar”.
Hoy he atinado en el sofá después de verter aceite en un cuenco y meter ahí el quesito para legar al sobrao. Procurar la hacienda que precisará mi estómago, por si menos fortuna aún llegara.

En uno de los canales, el apretado al azar para coger de nuevo el sueño, me sugieren que yo sea, como aquello que me representa, ejemplo de solidaridaZ. Que lea para que ellos lean, que no pueden conducir por mí, que no tome cocaína si no quiero quedarme sin mi vida.
La televisión es, con diferencia, lo más del siglo. Antes de caer la regalaré unas flores. Saldré por ellas, sí, un día, bien temprano.


Fdo: Ciudadano convulsivo nº 3

jueves

Sección: Encuentros con el más allá. Hoy, Leandro Pigal, poeta.


Iba caminando por Velarde de tempranillo, dirigido hacia un examen sobre el hacer de los santos; extrañamente despierto en la mañana final de un octubre que es como un animal que no caza porque anda ocupado en hacerse con el hondo de una cueva que repela la entrada a la ventisca. Iba a decir que la tormenta en san Juan es siempre lo que parece y que la fe es algo que se cultiva sin doctrina alguna, a ser posible en silencio y duchadito.
En estas que me encontré a Leandro Pigal, el poeta, y le dije:

- ¡Coño Lea! ¿Te acuerdas de mí?

- No, lo siento, no lo ubico.

- Soy el chaval del otro día cuando os pusisteis a deciros poemas. Oye, me tienes pillao, macho, en el metro, con el tercer verso.

- Ah, ¿la charla? ¿El jueves? Creo que sí me acuerdo.

- Sí, me interesó tu poética.

- Procuro que a mí no me interese demasiado, bla bla bla; bla bla bla blablabla; bla... blabla bla blablabla esdrújula “blabla bla bla bla”; bla blablablabla bla bla blabla_bla bla- blabla + bla: bla bla bla bla bla, dijo “bla bla” bla blablabla bla blabla bla blablabla blabla; bla* bla (verso libre) bla bla blablablabla aguda-esdrújula-llana-llana aguda-esdrújula-llana-llana... (bis) bla bla blabla bla bla; blabla bla bla bla porque remite directamente a la noción que tenemos de nosotros.

- Sí.

- Mi modesta opinión es que no refleja lo que expone de inicio, si acaso es izquierdista, también es una mirada crítica al blablabla bla; bla bla bla blablabla (blabla bla)... me explico: bla blablabla blabla; bla bla blablabla, blablabla; bla esdrújula bla... bla: bla blablabla** blabla bla bla blablabla blabla bla bla blablabla... época oscura de cuando estuve en Argentina e influido por blabla blablablablablalov y blabla y, cómo no, blabla blablavic bla...

- Espera Leandro, un segundo, que me tengo que tomar una pastilla para la blabla bla porque blabla blablabla bla blabla bla blabla, pero me lo estoy leyendo, eh.

- Lo hice, humildemente, por honestidad y soli...; bla blabla...; bla,blabla; bla, blablabla blabla bla bla blabla; blabla. Bla, blablabla blablabla blablabla bla blablabla blabla bla blabla bla bla... bla blablabla bla. Debo irme, que me esperan para organizar blabla bla y blablabla bla blabla; blabla bla bla.

- Yo también debo irme, suerte majo. Qué gordito te estás poniendo.

- Es del pan que blabla blablablabla a la blabla y a veces bla bla. Suerte a ti también y asiste, hombre. Estaré blabla bla blablabla (blabla bla) pensé, bla blablabla blabla.


Fue un buen día, este ayer, y siempre es demasiado pronto o demasiado tarde para hablar de la prehistoria.


(*) blabla blablablabla blabla bla, blablabla, bla bla, bla.
(**) Léase la obra capital de Blabla, situada aproximadamente en Blabla.

miércoles

Instrucciones de un pueblo para asimilarse (Actualidad sanitaria no desarrollada).


Valseca, la primera vez que despertó en sí la posibilidad de un brote psicótico, le pilló de mediodía. Fue exactamente provocado por pararse a mirar, durante mucho rato, una foto de Louis Amstrong sonriendo.

Diagnosticada “en observación”, sus tractores se vieron sometidos a la elección de la era y, en el descanso, un cigarro. O dos.

Valseca es rica. Vive en Valseca.

Valseca como lugar habitable es un limbo al que no se accede más que dando un paso -a más de 50 por hora- desde cualquiera de los otros sitios.

Valseca se recuperó, los celadores se portaron. En pocos días, aprendió a sostener su propio peso. Hubo de trabajar mucho. Leer a Platónov, por ejemplo. Y luego trazarse un plan que contuviera de largo la cruz hasta el caño y de ancho un paseo al trote. Es decir: No ceder a la gracia cuando poca.

No soy persona para hablar de Valseca, por eso lo hago. En su farmacia me tendieron los compuestos de litio suficientes y luego, siempre desafortunadamente, los mezclaba con alcohol. Dejaba a Valseca imaginar a falta de capacidad propia, también para levantar su porción y entrarla en casa. Allí cuidarla. Dar unas friegas a sus cansadas sienes, para luego, dormidita, decirle que me llamo Lorreine, ex monaguilla, y que soy una pobrísima psicópata muy mala. Decirle que estoy en esta habitación para, después de amordazar bien su dentada, cortarla de arriba abajo en pequeños cachos y comerlos a sus ojos, con todos los habitantes dentro.


martes

¿Pero existen las juntas neoyorquinas?


He leído en un foro –amigo de Semental Creature- que alguien de Valseca quiere hacer un periódico, oye, y me he dicho: así que a ti no te dicen nada... que les hagas unas viñetas o cualquier cosa, desde luego ¡qué bemoles tiene España!, y me he propuesto mezclar los diferentes artículos de opinión en lo que sería una lectura aproximada -en el tiempo real de café cortado y finas hierbas, añadiendo el "handicap" (justificante a mano de la dispersión a la que el texto será sometido) de la asistencia a los botellines antes de ir a comer- de la persona media que los habitantes que hacemos uso del bar y los papeles que allí se encuentran (pongamos que ya hemos leído el semanal de las fotos de las chicas) somos, al menos, claro, en los ordenadores donde escribo para este sitio. No sé cómo va a salir, pero hay riesgo y, si se me da bien, hago unas entregas, como con los habitantes (y todo por mejor precio y menos trabajadores que el periódico que alguien -si es colega el ¿promotor? y se pispa de esta entrada, por favor, ponga algo, corrija mi ignorancia- va a hacer, muy probablemente, sin notar que las cosas que se hacen se hacen porque uno las hace, y esto sería, quizás, sólo ejemplo de lo que no debe hacerse -efectivamente he precipitado a ciegas, que lo mismo ya hay un grupo de trabajadores humanos, gallinas o tordos dándole a la tecla-):



TEMPRANILLO DE Valseca. Titular: El pacto se trifulca por bifurcación de partes.

“Ca Marcial ya no se llama así, ahora se llama bar a secas, taberna si se apura –con estas declaraciones, Antoine de Frublecq, ministro de expansión territorial, ha zanjado su conversación sobre el proyecto que trata durante años de juntar y dar cobijo a los equipos de fútbol de Encinillas, Valseca y Hontanares bajo nombre propuesto por la Junta Agrónoma. Laszlo, el alcalde, opina que no, que prefiere dejarse de líos, que bastante tiene ya con que el bar del pueblo, así como el propio pueblo, se llame como le dé la gana. Frublecq, mosqueado con las insinuaciones sobre su cargo, ha decidido claudicar su ministerio, y así lo ha dicho, a una rata que se ha encontrado esta mañana en la alcantarilla “sin hacer” prometida por el ministro de obras públicas en 1989, cuando gobernaba en este pueblo el partido andalucista.
La rata, ha dicho la junta, será bien recibida si muestra un mínimo de educación por los valores del pueblo, las costumbres que nos han hecho lo que somos y que propagan nuestros mozos y las mozas. El alcalde, Laszlo Ravirov, ha insistido en que, de seguro, expandirá con creces, ella sola y sin ayuda de ningún ratón, los terrenos que Canadá Segunda de Castilla ha perdido en beneplácito de Castilla a secas -y añadido- si me apuras, hasta Segovia.
En esto, el ministro de Segovia ha entrado en ca Marcial y anunciado al pueblo la nueva situación.

¿Parece un chiste de Pajares, a que sí? (Aquí incluyo, como Isaac Rosa en su última novela, el comentario del lector, en este caso -nótese la pericia para estimular la trama-, antes de decirle al señor que ponga la hierba hasta el primer hielo).

Pues es mucho peor que eso. (Anuncia el lector al camarero): Es como si Blanco y Acebes ahora mismo salieran al escenario con un vaso largo cada uno y el barítono dijera: ¿Se saben el chiste de Pancho Cola? (Siguiente: -Opinión del personaje lector- Pues es mejor que leerse la última novela de Isaac Rosa) Y continúa: ¿Tú lo has hecho? No. Pero "El vano ayer" es cojonudo. Anda, toma, pero es que vivimos en octubre de 2007 ¿Tú no? Pues yo tampoco, hale (echado el primer trago hasta la media) Y sigo:

Resulta que la alcantarilla sin hacer nombrada por don Antoine es donde, ha insistido el equipo de fútbol, se les colaban los balones cuando salían a entrenar. Allá cuando no eran aún famosos debido a los retratos que expone de ellos Semejante Criatura, blog en el que trabajan muchas mentes enfermas hermanadas por el sentido común y el hacer poniéndose, es decir: metiendo antes que premeditando, entiéndase: vulgarizando antes que divulgando lo que no se va a vulgarizar por no hacerse. ¿Y quién los recogía, los balones del alcantarillado? ¿Se sospecha acaso que con ellos entrena la Segoviana? Laszlo, el alcalde, se lava las manos en el asunto y ha explicado que con esos cueros iba haciéndose su casa el roedor, hasta llegar por mérito a donde ha llegado (entiéndase: a salir de la alcantarilla de una vez). -Bebido ya el licor, el lector hace tiempo volviendo a los artículos de opinión, en lo que viene el distribuidor de pienso, entre interrogante esta anterior palabra-:
Frublecq, dice uno de los artículos de opinión, fue una persona grata cuando conquistó Roda, pero ahora... ya me dirán. Poco menos y lo encontramos vendiendo propaganda electoral en una junta madrileña que es, a fin de cuentas, lo que nadie quiere ser.
Así como una junta madrileña no quiere ser para nada una junta neoyorquina.

Pero –esta ya es la sección de crucigramas (respuesta en el próximo número)- ¿A fin de cuentas qué es una junta neoyorquina?” (La página de atrás la dejamos como la cabeza de este lector improvisado... si ustedes se han enterado de una sola línea, no hace falta que me lo cuenten, ya saben, don Fernando el médico -interesados: imito bien la firma-, 10:00/12:00, turnos, lunes, miércoles y viernes).

- ¿Qué se debe, Luis?
- Na, hoy pago yo lo de toda la barra, y ahora mismo os dejo cuidando la caja que voy a partiros un poco jamón para que en el pincho de la tarde os vayáis casi cenados.

(La información final in conversation es aclaratoria, por si no se notaba que era un texto de ficción).

Que otro beso.

viernes

La semejante criatura: Vida amorosa


Desde bien pequeño adopté la costumbre de echarme una de las numerosas muñecas de trapo de mi inventada hermana como novia con la que salir y celebrar nuestra unión, una vez, otra y desde siempre (a veces me contesta aún en este medio, y la respondo).

Nuestra relación iba en crescendo, por lo cual, comenzamos a amarnos con la curiosidad en el otro del que empieza. Hicimos divertidas cenas, babeábamos ante la tortilla con un ansia que, fingida, era de nuestro común agrado. Pedíamos el menú en los restaurantes y, ante el plato de spaguetis de ella, dejaba mezclar los tomates de mi exquisita ensalada. Etc... Empezamos a amarnos y no encontramos continuidad ni en el menú ni en el lecho que, desde el inicio de nuestra relación, compartíamos con pasión nunca fingida y orgasmos que, dejándose o no fingir, cuadraban en el costumbrismo apadrinado con la sencillez de unas colillas dejadas para encender, sentado en la cocina, en cualquier momento de la jornada.

Éramos felices y procuramos llegar lejos en nuestro común amor hacia el otro. El canibalismo, de inicio, no participaba de nuestra idea como una viabilidad, sino algo extremo, del todo reprochable y relacionado con lo que acordamos “fascismo exótico”. Pero todo fue empezar, como cualquier historia.


Nos vimos en ello y continuamos, con agradables progresos. Pasado ya el primer mes, apenas salíamos a la calle, nos confundían fácilmente con las muñecas de trapo para las que en un inicio fuimos diseñadas (ella al menos). Volvimos a nuestra naturalidad durante más y mejores tiempos y todo eso sirvió para que nos entendiéramos mejor.
Hoy, con apenas hueso de donde agarrarla, rebaño alguna paletilla con un labio inferior del todo carcomido por mi novia y, juntos, en el lecho inspeccionamos diferentes puntos de interés ya probados en el otro donde, lo quiera el amor, habite quizá un placer aún desconocido.
La verdad: Nos hemos ahorrado la propina en muchos sitios y hoy, sabemos, el placer es una cosa del espíritu.


Fdo: La semejante criatura reloaded.

jueves

No decir nada. Un ejemplo. (prueba)


Es decir...
Antepenúltima entrevista con el Sr. Alcalde:


Su cabeza, decimonónica como la corbata verde de César Antonio Molina, venía a exponer que en esta sartén era cocida la desintegración de un lugar espacialmente posible y temporalmente sometido a avatares de travesía bipolar. Dije que no. Que todo esto no era importante, que dejase al chisme moverse hasta que cayera de pura dejadez del árbol; que callase, de puro ajeno, a motivo que tuviera consistencia en alguna de sus inventadas ramas. Y añadí: O menos puro.
Mira: En eso último estábamos de acuerdo.

Su cabeza, decimonónica como el saber al que era ido, adoptó postura gacha como si debajo de él hallase gestiones de garbanzo que dijeran en su verde algún sonido.

Elegí ceder corbata. Y, desde entonces, sumada la capucha y los anillos, he ido dejándome un bigote -de dejado nada puro (entiéndase, mejormente acumuladora del percal de los inciensos, la ceniza y a su aire y bola)- que obliga a los electores a confundirme con una especie de dedicado monje a conjeturas no coherentes y bellezas cada vez menos convulsas; probable ordenador de unas historias que aspiraban de su yugo y jamás nombrasen la probabilidad de un pueblo que, sin embargo, aspira a ser lugar e, incluso, asentamiento de vísperas viables.

Fdo: Rector inventado de lugar no existente

lunes

Palabras inscritas en la tumba de la madre eslava de Valseca de Bohones


Mi conocimiento de ti es más grande que mi ansia. Y mi ansia es más grande que yo. Por eso he acertado en conceder la prueba antes de que produjeras otra palabra. Tal la inoperancia que sujeto y tales las maneras del reinado. Tan alta mi queja y vacua, que sólo aspira a gobernar el vértigo que produce quedarse quieta mirándola reírse.


(sin nombre) 1862-1923



Habitantes por entregas tres: Justi, El místico -esto lo escribió antes de que le echáramos del pueblo por pesao-


Valseca no es un valle seco más que un vals castellanizado; del femenino de los ecos que se oyen avanzado ya el camino hacia Segovia y, alucinado, devuelve a los grillos su respuesta. Es una obra de Bunin con el título de ayer, y un pequeño caos en cuya grandeza reside su secreto. Empecé a hablar así cuando alcanzaba los seis años de edad y comenzaron a llamarme El místico.

Hoy, después de haber cumplido los quince, me esfuerzo en el lazo de la soga y, colgada la cuerda del ventilador del bar, espera cada día la cabeza de un bendito que precie de mi ocurrencia.


Me he presentado a concejal de urbanismo y sido edificado bajo la mitad del charco en donde bebo, sin parar, por ser demasiado joven para hacer ficha con el equipo de futbito.

Luego voy al mesón y reinicio el lazo de la soga. El encargado, antaño un judío segoviano que se hacía el búlgaro y hoy un judío búlgaro que se hace el segoviano, me deja que la ponga. Me anima al viaje cuando parto hacia la casa en donde soy bien recibido por los sapos; para luego, a los segundos, desenredar la cuerda a fuerza de activar el ventilador, guisa con la cuál, antes de dejarse caer, mata a dos moscas.



Mi nombre es Justi junior y antaño fui El místico del pueblo. Hoy he ganado que me llamen por mi nombre. Muchos esperan en el bar que mi cabeza dé sitio al hueco donde reside el legado que a mis allegados presto.


Al cabo, serán ellos quienes se ocupen de abrir el lazo de un regalo envuelto en meritorias condiciones.


Fdo: Justi j.

jueves

Entrega dos: Telsio.



Sólo en la medida en que existe se sabe más próximo a su última palabra.

Acata la sumisión como una tragedia que, siempre, es venidera. Pasajera, incluso.
Es una estatua que ha hecho él con barro.

Al no saber modelar, esa broma ha ascendido a Acabado perfecto.

Ha ganado fama y dinero dando órdenes. Eligiendo el destino de los otros.
Telsio apuesta que hizo el caos. Que probó suerte.

Hoy él va a cuidar sus tierras. Favorecer el níscalo para cuando sea otoño.

Su estatua, mientras, tan pancha, en el único bar del pueblo, echa partidas a la máquina del tetris.
Da lugar, coloca, la generosidad –dice entre lagrimones- que todos, desde el primer día, han tenido con ella.