jueves

La higiene íntima, de Javier Palencia


Ya se va viendo, al menos en bares de mala muerte, el gran libro de cuentos de mi amiguete Javi Palencia, titulado con acierto La higiene íntima. Un gran libro, sobre todo para degenerados como yo (y como tú que lees esto ¿O crees que no sé quién eres, mamoncete?).

En la presentación lo pasamos pipa. Yo no puedo beber en presencia de Barb, que es mi amiga y la aprecio, pero cuando se fue (porque mi amiga trabaja, no como otros abisinios) ya me puse con las absentas, de pura alegría de estar con Javi Reta, Yara Martínez, Alberto Ávila y el propio Javi Palencia, y empecé a romper farolas con la cabeza y esas cosas (lo típico de todas las presentaciones, vaya). Y, luego, al día siguiente ya empecé a mirar el libro, primero tocándolo con alevosía, como pensando ¿Qué habrá hecho el Javi? ¿De veras será este libro de cuentos tan cerdete como promete? Y, al día siguiente, me puse a leerlo con las dos manos ocupadas (para no dejar huellas). Pues es muy bueno. Se ve que a Javi le mola el rollo de Carver y de Ford, por ejemplo, pero también de Colette. Un relato lleva a otro (esto de “un relato lleva a otro” admito que es una frase que ha hecho que me estruje los sesos, no como otros que la usan sin estrujarse los sesos ni nada, los muy desgraciaos). El sexo es bueno porque es sucio, pero es mejor por sucio que por sexo. La vida de las relaciones anda fatal por estos pagos porque los mozos y las mozas, al contrario que en mi pueblo, no son decentes, y luego pasa lo que pasa, pues que las cosas no funcionan y uno de ambos se tiene que quedar con el perro. Mucha golfería. Y este libro, proeza de Javier Palencia, es canonizable porque hace que te preguntes: Si sigo así ¿Adónde voy? Y mi opinión es que, en realidad, amamos demasiado hasta que ese demasiado hace que, por cosa del peso, nos olvidemos de amar. Amar, quizá, sólo sea folletear (bien con una pareja, bien con una vecina), pero luego qué queda, pues eso… te quedas mirando un huevo y dices: ¿Lo frío o lo cuezo? Javier Palencia, en sus relatos, sin duda, lo fríe y, una vez frito, se dice: Joder, otra vez le he hecho caso a mi puto cerebro (y encima no hay pan para mojar la yema, ni pan ni amor). Si para Burroughs el amor era una mezcla de sexo y sentimentalismo, para mi amigo Javi es una mezcla de huevo duro y pan de ayer, reseco pero ¿Con estas pintas cómo voy a bajar a la calle a por una barra si no me apetece ducharme y además no tengo un puto euro? Y luego está que él, en su vida real, está con una chica fantástica… pero eso son cosas suyas, volvamos al libro: Léelo, préndete de historias de amor de pan duro sin dejar a un lado el estilo que, en ocasiones, tiene algo de tradición francesa (esto no es un puto chiste, coño), porque el libro tiene chispa. Yo lo vi, joder, en su primer libro (titulado Cristo en Uyuni): Javi Palencia es un escritor de “chispa”. Si encima le añades todo lo que incluye el pack “La higiene íntima”, la cosa se pone seria, porque crece a niveles extraordinarios. No, si al final un día nos vamos a meter tú y yo, Javi, ese chinete de Caballo loco escuchando al Hendrix, ya verás. Un libro muy recomendable que el autor mueve como primera obra (aunque no lo sea), pacientemente y sin esperar gran cosa de su “bonito” regalo al mundo. Brindo por estos relatos!

Apuntes (1)

En esta noche atravieso desiertos verticales. Sólo son horas de facebook, donde proceder a contar historias imposibles a improbables lectores. Las dunas no obedecen a la gravedad y, por mucho que pretenda seguir la estrella de Belén, no alcanzo más que la representación de mi sombra en los azulejos de la cocina. No avanzo mi novela, que es una regresión inédita de un recuerdo fácil. Dicen que el aire comprimido de una escopetilla mata. Es un bluff.
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Me agarro bien fuerte a la vitalidad de Eugene Thacker. De pequeño creía que Cioran era Dios en lugar de un poeta tirando a bueno. Gibran y Tagore son esa basura invertida. Los hijos mayores de un idiota como el bueno de Jorge Bucay. Me gustaría ser él en los momentos en los cuales Bataille follaba con Beckham.
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En el XIX gente como Dickens en Inglaterra o Schniztler en Austria eran celebrados e invitados a galas de buen yantar por sus lectores. En el XX Kafka sólo vio atisbos de vida en cartas de señoras y murió tan anónimamente como curró en esas putas oficinas que le volvían majara. En el XXI me da que veremos al calvo de Sálvame devorando escritos de su hermano, el salvador. Y no nos enteraremos de nada porque bastante hay con salvar Europa. No. Nada se sabrá de DeLillo ni de Coetzee. Ni p falta que hace.
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100 de personas en el fb son una eternidad que sólo se acaba cuando a uno se le pira la pinza. Cuando tenía miles de personas todo resultaba menos trascendente, más de plástico y eso. Pues con la tontería resulta un símil de la actualidad europea. Te amo, Grecia.
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