lunes

Tengo sed

No sé si soy esquizofrénico o no. Sé que lo digo desde que me lo diagnosticaron y que me creen, pero no sé si yo me creo, si creo en el tribunal médico, incluso, si creo en el primer diagnóstico. Dime tú qué crees, si quieres, por si te creo. Sé que tomo antipsicóticos. Me quitan libertad y me creo que es por ello que los tomo. Me quitan pensamiento. El amor tiene sentido cuando los tomo. Me creo que soy capaz de vivir en la mentira sólo para ser feliz. Pero los abandono y todas las piezas cuadran, las personas (mi mezquindad se remeda con la suya). Bebo. Tengo amigos otra vez. Empiezo de cero. Trabajo. Saco novela (yo tampoco sé para qué), ahorré unas pelas e inicio la aventura “página web” (gracias Javi) y sigo acá, y no apenas tengo hambre, ni tampoco sueño. Me comería un tripi contigo, incluso, si te animas. Me traiciono a mí mismo una y otra vez. Me pongo trampas y sé que lo hago porque quiero creer en la grandeza de los domingos. Leo diarios (Tolstoi, Musil, Kafka, Bloy, Gombrowicz) e inicio nuevos míos, adoptando estilos diferentes (si no me aburriría y mi abuela, influida por Groucho, me dijo que cuando uno se aburre es porque es tonto). Voté (por dinero) al Aznar de la España va bien y no volví a votar. En España si eres Anti-sistema te llaman facha. Le pasó a Mariano “El zurdo” y luego volvió sus pasos hacia eso de escribir sobre rock, que era de donde él venía. No me gusta el poder porque no me gusta tenerlo. Constantino Bértolo (creó el estilo de El editor de hoy, aparte La cena de los notables, que es buena) no me miraba porque yo trabajaba de mayordomo y el marxismo leninismo nos ve como colaboracionistas. Decadente. Reig vende carpetas y mochilas en Cercedilla porque es comunista. Todos quisimos ser Reig. En menos de un año todos nos cambiamos al vaso ancho (irish con hielo) porque él bebía en vaso ancho. Aportó actitud (resumible en pasar de la solemnidad) e hizo alguna buena novela, aparte de su blog, que era el mejor, y sus columnas. En su última entrevista le veo quemado, pero sabe que sigue vivo y que hay whiskey. ¿Soy esquizofrénico, Reig? A ti te creeré si me dices que no. Toda la sala esa de los Jacintos se descojonaba de mi puto texto. Yo sólo quería matar la solemnidad de Gonzalito Escarpa, que iba de guapo por la vida (dos tías por noche) y escribía basura (Enrique me regaló un poemario suyo porque se lo había recomendado para mí la de los libros de Segovia y lo leí, y luego lo tiré a la piscina). No quiero dolerme. Yo no tengo piscina. Ni falta que hace. Mi tía Pepa sí. Voy por el niño. Nietzsche dijo que nadie podía contra las alas de la alegría. No hizo de su vida un ejemplo, precisamente. Pero eso es así. Con la puta alegría te comes el mundo, si es que optas por comerte eso, si es que ese “eso” te sabe a algo. A mí no, de eso estoy seguro. Me sabe quien se acerca a este puto tigre dolorido que tengo por cerebro y le lleva la contraria. Me sabe Laura. Soy monógamo y ahora mismo me acostaría con cinco. Es broma. Vivo con mis padres y no sé quiénes son. Mi madre acaba de entrar y me ha dicho que no queda otra que vender mi puto Seat 600 (regalo de un amigo que se muere). La he dicho que vale, que yo para qué lo quiero. No saber conducir me ha librado de muchas muertes. Alberto Masa sale con amigos y bebe y ríe hasta el día siguiente (días inolvidables de los que no recuerda nada), aunque a sus papás no les guste y aunque a quienes les gusten sus papás tampoco les guste. Eso es Alberto Masa y si no quieres aceptar nada de eso olvídate de ese cabrón. El otro día llegué tarde a la presentación en Valverde y luego compré el libro (De Orfeo a David Lynch), que he encontrado esta mañana. Se me olvidó pagar las copas. La camarera amó mi alegría y el resto fue hablar de la vida (de si se nos pone dura o no) con Hugo y Alberto (san Mateo, 6). El editor habló de la belleza y yo inventé no sé qué en boca de Diotima. Mi editor, Héctor, me llamó ayer y me preguntó qué tal me iba. Le dije que creía que estaba enamorado del amor, por influencia de Marian y Los Aklepios. Y de Laura y su alegría. Volveré mañana a escribir más sereno, porque he visto que es lo que hacen los escritores y eso. Ahora me voy a comer algo que me han dejado en la cocina.

2 comentarios:

Laura Repullo dijo...

Ser o no ser, ¿esa es la cuestión? A mí que seas o no esquizofrénico no me inquieta mucho, me inquietaría que dejaras de ser Alberto Masa. Y no sé si Alberto Masa siempre ha sido esquizofrénico, o cómo sería Alberto Masa si no fuera esquizofrénico o, si resulta que no lo eres, cómo serías si no te lo hubieras creído.
¡Vaya lío!
Me importa -y mucho- que seas feliz; debe importarte (y mucho) ser feliz. Las etiquetas son odiosas.

Me gusta mucho cómo es mi Alberto Masa (y ya sabes, Velasco) y me gusta mucho que seas mi amigo.

Alberto Masa dijo...

Yo también te quiero, Lau, por ser como es mi Lau. ¿Se puede decir para siempre? No lo sé. Me dejo enseñar por ti (pero eso es una cosa que hago "a mi manera"). Espero tener el viernes para unas copejas.