jueves

Odio mucho. Y es por envidia.

Ya nadie me cree. Pero no tiene ninguna culpa ese nadie. Yo tampoco me creo y, ya ves, aquí, tan pancho. No hay solución porque no hay problema. Esto de la vida es un puto Ready made, ya ves, salvo cuando uno descubre que hace una hora que se ha quedado sin tabaco. Ese maniático de Jasper Jones (las cosas que la mente ya conoce) quiso comprar el botellero “de Duchamp” y las cosas que no conocía su mente era que costaba lo mismo que en el lugar que Duchamp lo había adquirido en la tienda de la esquina, cuando las casas de este pueblo donde vivo, en 2003, costaban “lo que el comprador estuviera dispuesto a pagar por ellas”. Muchos años antes (con la excusa de Sr. Mutt) ya había escrito Apollinaire algo así como que Duchamp (que gastó su herencia en vida de quienes heredó) era el único artista de ese momento cercano a acercar arte y pueblo. Leí esa biografía (Calvin Tomkins, Anagrama) hace ochocientos años, y aún lo recuerdo todo, no sé para qué, pero es una cosa que no me pasa mucho con las historias, salvo cuando me paro a recordar porque no hay tabaco desde hace una hora y cinco minutos e intento aspirar humo escribiendo. Hoy la he tenido que decir a una gachí que no voy a ir esta tarde a su pueblo de los cojones porque me hiere follar por compromiso. No voy a médicos. Ni me creen ni les creo. Si me da un aviso de cólico echo mano de Buscapina (una, dos o incluso, en una ocasión, tres) y luego bebo agua y meo. Joder, qué buena era la biografía de Calvin Tomkins. Se te queda y aprendes que se te ha quedado. Ese tal irlandés de Ian Gibson (Lorca, Darío, Dalí, Buñuel) sólo cuenta cosas que la mente ya conoce (dianas y números pop), anecdotarios como la posibilidad de que Lorca le abriese el culo a Dalí. No me importa. Ni que la Gala esa se los tirase de cinco en cinco con todos los agujeros ocupados (incluyo los de la nariz). Me la pela. En Rostros ocultos, Avida Dollars (Destino) ya está el mejor Cela, el de Mazurca para dos muertos (que es el que a mí me gustó). De eso decían en la granja escuela que era una mala copia de García Márquez. Me da lo mismo. Me entró mucho mejor que 100 años de soledad, que se lo han leído todas las verbeneras del Meetic, alternándolo con Federico Moccia. La de su pueblo (Collado Villalba, AnaFrank_17) acaba de volver a llamar y la he dicho que me deje, que estoy ocupado trabajando en la literatura. La verdad es que llevo tres años subiéndome los elevadores de serotonina porque consigo eliminar la libido y estoy muy a gusto así, sin hacer cosas que cansan. Otra vez. No, si al final me la voy a tener que follar. Qué pereza. Con lo guay que era trabajar en el molino, allá, en el lejano Valseca, por ayudar y gratis, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. Las cervezas de luego (en ca Marcial) tenían sabor.  Ahora me quieren curar el hígado. Mamá y papá lloraron en la consulta. Fue una noticia horrenda porque ahora tengo que levantarme para esa mierda muy temprano y sin desayunar los días que me digan, uno tras otro. ¿Por qué la gente quiere curarse? Ya paro. Sólo me leen mis criadas. Y ahora esta penca ya no llama. Ahora que en verdad la necesito para relajarme del estrés no llama la muy pendona… Como decía aquel tebeo: La vida es una mierda y luego, encima, te mueres. ¿Muy Malherido, no? Cojonudo. Él, en cambio, plagia “porque Alberto Olmos plagia lo que le gusta”. Sí, señor, distinción… lo que las chiquitas de Valseca que estudian en la Carlos III y, por el camino, se echan un amigo gay entienden por modernidad, estilo... Eso que las hace aparecer bien derechas cuando regresan al pueblo y, mientras su padre cuida a los marranos, dicen en el bar: He estado en Chueca. Paso de esta pava, antes me voy a por un Tranxilium.

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