domingo

“Con qué cara llorar en el teatro”

8:06. Desayuno una magdalena. Antes he bebido una Coca-cola (nevera del sótano, quedan tres). Poner el título antes de escribir el post condiciona. Poner el título antes de escribir el post es tratar de ofrecer sentido al título. Hacer de detective cuando lo que hay es que las palabras, como mejor hacen, es cuando hacen lo que les da la gana. Son así. Un texto condicionado supone pensar algo en el baño del bar y, una vez lavadas las manos, salir por la puerta y soltar lo pensado (barra o mesa) nada más llegar. Poner el título antes de escribir el post es trabajo, porque implica someterse, como en los trabajos, a ese título. Implica manipular las palabras para ajustarlas a una ¿idea? que has tenido a las 8:06. Implica saber qué estás diciendo antes de decirlo. Tener memoria y hasta respetarla. Creer en ella, incluso (hay quien llega a concederla cuerpo, que es eso que Benjamin -me lo dijo Javi el otro día- llamaba “arquitectura del texto” y ahora se llama “novelizar”. Ejemplo en cuanto a Literatura castellana y Vidas de “santos”: Novelizado en tres grandes novelas, que yo haya leído, “Las máscaras del héroe”, “Fabulosas narraciones por historias” y “Manual de literatura para caníbales”. Estaba en crónica bajo pretexto del yo -en este caso un Umbral a veces pasado por Ruano y otras no- ¿De verdad había que novelizar eso? No lo sé, pero si alguien quiere volver a hacerlo deberá saber que existen tres novelas muy buenas sobre ello y que, quizás, es difícil “mantener, como mínimo, la estatura”). Pues eso: Mimarla antes de producirla, cuando se produce sola… porque ella va a su bola. Es como tú y como yo. Quiere vivir porque no sabe para qué lo hace y mientras no sabe para qué lo hace… vive. Es una planta de interior, es decir, hay que echarle agua del grifo de vez en cuando y, si no lo haces, la planta se acaba. No creo que sea lo que la planta quiere, para nada, porque, como tú y como yo, quiere vivir, sin más. Otro ejemplo de chico leído, ocioso si lo prefieres: El libro llamado Nadja, de Breton. Nació bajo una excusa, la escritura automática (era una “pose” que ya había ejercido Tzara -que era de filos- algunos años antes con los versos de El hombre aproximativo). Por alguna razón, no les salió bien a ninguno de los dos, ni al original (mucho menos pretencioso y sí con más “tejido”) ni al wannabee (que pasó como inquisidor gracias a sus mejores obras, solemnes -probablemente mucho- retratos de artistas de su entorno). La “sensación” de leer Nadja es sólo ¿Quién es el tonto aquí? ¿El autor? ¿El que te ha regalado el libro? ¿Tú por comprarlo? ¿Tú por leerlo? ¿La protagonista, esto es, Nadja?... Sólo recuerdo una imagen (que el autor no concluye porque, claro, como a esto lo he llamado Escritura automática, cómo voy a osar traicionar mi genial idea consistente en hacer bien lo que alguien antes había hecho de otra manera -y más cuando Duchamp, que se ha ido a Nueva York a jugar al ajedrez, ha dicho algo así como que el primero en comparar el cuerpo de una mujer con un florero era un genio y el segundo un idiota-), la imagen, vuelvo, era la de una tela de araña (donde anteriormente había mencionado “locura” dirigiéndose a una cosa que ni siquiera era la tal Nadja). Ok, macho. Bien. Es usted un psicoanalista cojonudo (Freud pasado por William James) y un “egotista” mayor que ese tal Schopenhauer, y no sólo visto por Schopenhauer, sino por Stefan Zweig que, tras una larga noche escribiendo un ensayo sobre Montaigne (muy digno), le dijo a su señora: Ey, maja, que me he dado cuenta, así de repente, que no tenemos patria (la autoridad alemana del momento mandó quemar sus novelas y biografías -mejores que sus novelas-, best sellers de la época y… ahí siguen, en Acantilado) y, sigo, como no tenemos patria, tronca, pues nos suicidamos y eso junticos aquí por los Brasiles (voz de cómico quemado). Lo hicieron. ¿Me estoy yendo demasiado por las ramas? Serán las pastillas, no lo sé. La locura, quizá, pero no la mía, sino la de Nadja. Cualquier cosa de esas del no dormir. ¿“Con qué cara llorar en el teatro”? A ver si al final no lo vamos a saber. Yo lo descubrí citado por Reig (Poemas humanos, de César Vallejo). El verso anterior trataba acerca del balance falseado de un banquero. Lluvia en jueves, París con aguacero, precursor pobre que viene de un país que nadie (bueno, tú sí, lector) sabría localizar en un mapa. Pasó, en mí, por la insistencia de algunos intelectuales con Trilce, al que sigo sin pillar el rollo salvo en el estilo, que el autor hizo más en sus ejercicios con la prosa. Y ya está. ¿Hace otra magdalena?

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2 comentarios:

EmeM dijo...

¿Y tú, cuando duermes? ;)

Alberto Masa dijo...

Gracias. Pero nunca lo sé.