martes

Ya no veo ningún deporte, ni siquiera mi atleti

Me interesaba eso de “El proceso creativo”. Me explico: Yo he sido dibujante y esas cosas y la gente me preguntaba en mis exposiciones (y otras concesiones “de estado”) qué significaba esto o lo otro. Era una especie de diplomático “a qué se debe”. En cuanto a lo que significaba (incluso a lo que era) uno, por una especie de automatismo, indicaba que lo que usted quisiese que fuera o significase, y eso era exclusivamente la madre del pato (y hasta del paté de oca). Pero ¿Por qué? Esto sí nos interesa y se debe, me parece, porque nos interesa todo lo que hable de nosotros mismos. El sexo sólo nos interesa porque habla de nosotros mismos, por hablar de algo que, sin duda, nos interesa a todo el mundo (el resto tiene que ver con pasar el rato y, claro, que dé mucho gustito y se relama uno un poco de la cosita, reproducción aparte, es decir, representación, es decir, un dibujito o un librito, for example, para regalar en una cena romántica a alguien con quien te gustaría compartir un poco de “cosa de esa”). Regreso: Uno se reproduce incansablemente cuando se realiza con un fin que responde a un proceso creativo. 
Más: Los hilos conductores de cada historia están en la cabeza del protagonista (leer, ya lo dije, es una manera privilegiada de crear) y poco importa para eso, creo, lo obtuso o garrulo que pueda llegar a ser el prota, que también soy "yo", es un "yo". Más: Llega a ser constructivo dejar “cosas en el tintero” porque puede ser útil para recaudar información acerca de una cosa que explica por qué mola eso de “El proceso creativo”, el “A dónde coño nos dirigimos”. Mira por dónde, la cruz del huevo que, como los huevos, no tiene cruz. 
Esta idea, por llamarla de alguna manera, resume los aprendizajes u obras completas de carismáticos amantes del gran poeta Juan Carlos Suñén (hoy cabeza casi visible de un partido político de moda hasta hace poco) como Gabi Ramírez o Edu Vilas, olvidados, por fortuna, autores de novelas de cabecera para quienes gastábamos la herencia de la abuela en coquetear con cosas de gente culta y eso, más bien con la idea en la cabeza de ligar un poco.

“A dónde coño nos dirigimos”: No puedo saberlo. Se encuentran ejemplos allá donde diriges la mirada. La página en blanco es una fortuna que se acaba cuando le confías palabras. Acabo de ver la planta que me regalaron mis amigos agonizando y la he regado haciendo uso de un optimismo que no entiendo (he llegado a dudar si tirarla a la basura). Lo único que sigue erguido de ese tejemaneje son las dos flores que quedan (eran tres).

Ya sé que Freud empezó con esto y se murió diciendo que no quería morirse.

Mis amigos delegaron en mí, que delegué a quienes cuidan mi hábitat, proteger algo vivo. Así me lo dijeron. Yo acabo de verme en esa planta. Eso de “proyectarse” da mucha ansiedad. Uno lo hace continuamente cuando se dedica a lo de crear cosas, historietos… o a amar (léase Spinoza). Dedicarse obstinadamente al dibujo o a la literatura (o al amor que deviene en amarlo) equivale a olvidar al completo la vida e incluso, usé las palabras subrayadas de Umbral en Los cuadernos de Luis Vives, a no haber vivido. La conclusión de esto tiene que ver con el prólogo de Artaud a su sobrevalorado libro El teatro y su doble: Poco importa adónde nos dirigimos creativamente cuando tenemos hambre.

Y es que la vida mola antes de la influencia.

(Sobre esto último me gustaría añadir una cosa que me pasa en este blog: Es mi blog de siempre y pienso en voz alta cuando no me dedico a glosar insignificancias como: Odas al amor en pos de una mujer bella. Me dicen los amigos (y mi pizpiretilla) que me envían comentarios que no modero. No tengo acceso a ellos. Lo repetiré en otras entradas si hace falta porque entiendo los mosqueos. Lo que escribís no sé adónde va. Se queda en el limbo desde que se fueron las fotografías y aparezco como colaborador -en lugar de prota- del blog. Fue por un virus que me entró por entrar a ver fotos de animales, coches y casas de famosos. Y tal.)

Yo hacía tebeos. Empezaba una historia y la contaba en seis viñetas… Luego en cuatro (la misma), luego en dos (la misma) y luego en una. Los regalé todos y hubo un día hasta que me fui a buscar droga. Me gustó cómo definía Eloy Tizón (presentando un libro de otro) su manera respecto a sus cuentos (de los que esperamos nuevos): Todo empieza por un sonido, una especie de música, eso, u otra cosa relacionada con eso, va creando una atmósfera…

Así sí.


Cuando yo ponía fotos (que se fueron) por acá, había dibujos míos. Son un embrollo de imágenes hechas a boli o pilot. Varias veces me preguntaron: ¿Por dónde lo empezaste? 

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