miércoles

Mirarse al espejo

Hace, no me acuerdo cuánto hace, 4 o 5 años, impartí unas clases de cuento en el Excmo Ayuntamiento de Brunete (Biblioteca Dulce Chacón, que era o es una escritora de Anagrama que vivía o vive en el pueblo de Brunete, como yo que, igualmente, vivía o vivo en el pueblo de Brunete). Intentaba, ya digo, vivir (me nacía, vaya, o, al menos, me tentaba) e hice esfuerzos para pasar el protocolo. El día que más personas asistieron fueron siete, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que Brunete es un pueblo pequeño y paletoide y mal gobernado (ya abriré otra entrada sobre lo que yo entiendo por eso) y yo era o soy el sobrino de la Pepa.

Fue lastimero porque la conclusión que de ese trabajo, por el que no cobré, fue que lo único que aprendía era escuchándome a mí mismo, que es, salvo por una chiquilla, amiga mía en la actualidad que seguramente nunca leerá esto, es lo que todos asistimos a hacer allí (Burroughs, más interesante en la información que en su afán por el experimento, llegaba a decir en El almuerzo desnudo que se aprende más hablando que escuchando). El problema es que esa actitud conlleva no poco aburrimiento. Yo lo solventaba juntando alcohol y antipsicóticos no atípicos. Parecido encontrado: Éter. Efectos: Búscalo en el Google.

¿Por qué? Pues lo encuentro en una cosa que puse en el Facebook ese, que fue otra manera de abrir frentes hace un tiempo:

Porque fuimos vivos antes de la noche
Porque fuimos en el agua
Porque antes del nacimiento ya habíamos descubierto La tierra
Por eso creo en los proyectos extravagantes.

Supongo que en esta especie de poesía (inspirada en un libro seguramente muy recomendable del que ya no recuerdo título ni autor) hoy, que regreso a una especie de pensamiento que quiero despojado de locura y necesariamente coherente, resucito que lo que entiendo por Yo es un proyecto excesivamente extravagante en el que, en ese momento, uno supone, creí. Y creo, porque lo contrario es negarse, cosa que he hecho y está muy bien, pero mucho más facilona y acomodaticia.

Me explico (aquí he de mencionar la influencia de Marian, mi psicóloga y coach): He de recuperar mi cara y enfrentarme, de nuevo, al espejo. Lo estoy intentando. Me cuesta muchísimo. Incluso me veo expuesto (¿En una representación? Dirás). Me explico: Vivo, como durante mi infancia. Miedo: Soy todos y, cuando uno vive, empieza y termina siendo juzgado. Más: Cuando uno se expone se arriesga a que lo crucifiquen. Más: Cuando uno se siente puede olvidar el pensamiento, incluso aquello que dice. Ciclo: Volver o no volver hacia drogas conocidas con el fin de provocar cierta artificie. Conclusión que veo: Estética Vs Anestesia. La felicidad en El Otro: ¿Anestesia? Entiéndeme: La imagen que recibe El Otro: ¿Yo? O, incluso, la imagen que recibo yo: ¿Yo? Recuerdo de Candilejas cuando alguien se excusa de depositar una propina en su bombín: No se preocupe. No tengo amor propio. Recuerdo del principio de El libro del desasosiego: Si el corazón pensase, se pararía. A lo que quiero llegar es a que todo en lo que nos proyectamos, o es nada, o es necesariamente contradictorio. No va a ser menos si “yo” me proyecto en “ti” (o, al revés, que es lo mismo).


Admito más conclusiones que no le interesan a nadie excepto al mundo: No soy nada (no digo “nadie”, eso poco importa al mundo). Esto es: No soy ni siquiera un niño, salvo en el juego (salvo en la vida) y eso no cura de cierta tentación por “llevarse bien con los demás”, “leer”, hasta “mirarse en el espejo” que, ya digo, puede llegar a ser (a serme) difícil. Nuevo por qué fácil: Porque implica ser. Claro, Laura me dice: Piensa que los demás no somos de goma. Y yo entro al trapo. ¿Por qué? 

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2 comentarios:

Laura Repullo dijo...

El Yo es imaginario y su naturaleza es especular (también frente al espejo), así que de ti (mí) depende cómo enfrentarse al espejo.

Un beso.

Alberto Masa dijo...

Un beso muy fuerte para ti, Lau. He empezado a peinarme y eso. Sigo muy jodido del resfriado. Pero quejarse es muy dañino para el alma (entiéndase: percepción y tal). Ay.