miércoles

L.

Son las tres y treinta y ocho. Así lo diría ella. La que a cambio de su esencia más íntima, donde uno, al acercarse, atisba a ver ramilletes de nobleza, me pide que duerma en las noches, que no quiere que sea su centinela, me dice, como si no fuera un acto egoísta por mi parte. Yo sé que tú abres los ojos a esa hora sin necesitar despertador, pues debes apañarte para ir a un trabajo que yo no logro. Yo soy el idiota a quien Macho man puso una multa un viernes y otro por consumir alcohol en la calle y me encuentro con que, a medio metro, te echabas la culpa a ti misma por mi culpa. Pero si eres tú, te digo (y no dejaré de decírtelo) la que inventa unas llaves para el techo en el que moro y el que me mora, escondiéndome de una vida real que, con tu permiso, representas, donando, como lo haces, inteligencia, humildad y flores a cada mañana siguiente. Tú, que me pides que, por mi bien (y es así) corrija mis trabajos tirados por la habitación. Cómo homenajear tu leve rastreo, cómo si, a tu lado, nada sé, más que tu bondad me sujeta y tu belleza se deja encontrar cerca de mí. No hay nadie más guapa que tú por mucho que te empeñes en no saberlo. Un beso tuyo es la llamada de un ángel (yo lo he visto), todo lo que se esperaba de El dorado cabe en un beso tuyo. La alegría es tu signo, chica febril y enérgica, amante de la tragedia del sol, el pobre amigo no sabe reflejar tu rostro en él, cobarde que se atreve a brillar cuando sonríes, bella, mostrando a la salida del metro esa dentadura tan blanca que acompaña tus logros, tu dolor (siempre intenso), tu imaginación (siempre viva) y tus recuerdos (donde arrancas una raíz al oro). No quiero escribir, quiero escribirte (Rembrandt no ha sabido dibujarte). Y el trabajo es fácil porque me lo das todo hecho. ¿Y yo qué hago? Dímelo tú si sabes quién eres. Soy el centinela de la más poniente de las lunas. Yo solamente estoy acá, como sabes, fingiendo que nada quiero de algo tan siniestro y perdurable como el amor salvo a ti, azul de todos los azules, el punto recto del horizonte donde coinciden un cielo sano y tu belleza, que son todos los mares de La Tierra. Me queda mucho trabajo, amiga del cierzo y la rosa. Yo quise ser tú.
Te ama,
A.

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