sábado

Una vida ejemplar, de Art Pepper


Compulsividad histérica de un tipo sensible. Excesos y liviandades de un terrible único cuya verdadera vida sucedió en un oasis, espejismo de un sonido propio y vueltas a las andadas. Eso es Pepper. Basta escuchar un par de veces el disco que grabó con la sección rítmica de Miles y cuya portada pareciera la de un disco de Eros Ramazzotti. Si bien la autobiografía de Miles es colosal por la manera en que se adentra en los cambios musicales, detectando el movimiento en el centro de una época donde no faltan altibajos, las memorias de Pepper (que usaba una grabadora de la que Laurie, su cuarta mujer y la que lo vio partir hacia una especie de otra vida, se haría cargo) son una extrañeza de flor caída de un árbol (está en su sonido, advierte el gran Gary Giddins), toda llena de barro del que brotan nuevas flores. No está de más advertir que traspasa la carne abriéndola de par en par y nos enamora haciendo uso de la sensualidad al instrumento.
Pepper fue legal incluso robando. Todo queda perdonado a un santo que se vio superado por su honestidad (tanto en la música como en estas memorias). Por ahí se ven pasar días de masturbarse en la calle hasta sangrar mirando a una mujer somnolienta que dibuja el aire, sea cual sea la época del año que se suceda. Después viene su adicción a los opiáceos (advierte Muñoz Molina que este relato acalla el Yonqui de W. Burroughs), el aún más impactante paseo por la cárcel de San Quintín, para terminar sus aventuras en un centro de rehabilitación con mucho de especialito. Estas memorias de un músico van, efectivamente, más allá de las sombras de Pepper hasta hacernos partícipes del importante legado que nos conmueve y obliga a pasar páginas hacia el final, ojerosos de habernos quedado pegados al texto. Es universal (no simplemente para aficionados a su tipo de música) y refleja una época con vivos resortes de humanidad. Que será cruda o no será.
A Pepper le tentó la nada, un sueño (que son muchos al tiempo) de heroína  que lo deshizo (Roland Kirk llegó a trabajar en el escenario para recaudar fondos destinados a la causa Art Pepper), una vida desatenta que tú y yo podríamos haber plagiado sin llegar al límite. Y uno se pregunta de dónde procede esta literatura. Quizás la paz escondida en un inodoro donde todo aquel que se sienta se pregunta qué sucede.
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