jueves

Breve balada del borracho que conoció a Nerval

Hace dos meses que me emborraché y pedí palique a un par de mozas que me dijeron que tenían novios. Yo no quería palique con ellas. Yo quería saber si yo tenía voz. El penco de la barra me servía tequilas que no eran los que a mí me gustaban. Tampoco quería palique con él. Quería beber esa mierda de garrafa con Gèrard de Nerval. Decirle: tío, yo soy Aurelie. ¿Por qué coño te ahorcaste en un callejón vacío si yo soy Aurelie? Y también soy Silvie. Y también soy las hijas del fuego y todos los iluminados juntos. Y bebo mierda en un bar de mierda y tú eres mi único amigo y ya no hay autobuses para regresar a mi puto pueblo a los brazos de mamá. Luego desaparecí y desperté en la habitación contigua a la mía. Y me pregunté por qué. Somos el recuerdo de unos ojos dejados al azar en un charco donde otros y otras retozan con tus personajes, amigo del alma, tierra mía.

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