viernes

III

Ya no le queda nada de inocencia a nuestro amor.
Ya el cielo, con sus noches, hizo desaparecer el rito
demasiadas palomas han muerto por eso.
Con mirarnos, lo único que hacemos
es enterrar nuevas.
Intuyen, creo, que tan sólo han de dejarse llevar
encontrarse con nosotros en el punto muerto
donde nuevos amaneceres...
bailan medio borrachos.
Hemos asistido a la ceremonia
donde el tú y el yo desaparecen
de la cola donde el pan es un regalo.
Hoy, tras verte ser yo de alguna extraña manera
ha renacido en mis venas una orquídea
a cuyo centro he colocado de apodo tu santo nombre.



...........


Hubo un tiempo en el que la luz y tú
erais mi taciturno encuentro con una vida
que sólo sabía decirme la palabra Dios.
Admito que tuve miedo y me sometí
enseñando un gorrión que procuraba
resarcirse de mi mano.
Hubo un tiempo en que fuimos los herederos
de la noche....
Las voces de los muertos
guiaban somnolientas
nuestros pasos,
que no eran otra cosa que un Yo me busco
entre tus heridas,
en su dolor vi que era alguien.
Yo, sin ti, esperando volver a nacer,
volver a los primeros pasos y
caídas sobre la moqueta
de la casa materna.
Yo me vi reflejado en tu lástima.
No se me pasó en seguida,
al menos dediqué cinco días a llorar.
A veces sigo allá
preguntándome si me habrás encontrado.



...........


Anduviste olvidada de miedos
por el interior de la caverna.
Sabías que yo te esperaba donde siempre
con un alacrán de mascota
comiendo lo que yo le doy.
Anduviste segura
por sobre las puntiagudas rocas
y yo te decía aun antes de que llegaras
que el amor es escupir el cadáver de una mosca
a varios metros de profundidad....
Me olvidaste,
o bien no diste con el lugar
donde yo guardo mi cetro
de insalvable cabezón
que pelea con monstruos que no existen.

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