miércoles

Textes pour rien, again (2)

Normalmente el proceso consiste en teclear y punto. A veces puedo notar las sombras de las palabras escurriéndose desde mi laringe hasta la punta de la lengua. Después de eso las traslado a los dedos (tecleantes), que son los que han de decir y decirse en la hoja en blanco. Es un proceso en el que, naturalmente, ocurren asesinatos y también no ocurre nada. Uno sigue sentado y el tiempo pasa. Las hojas en flor del cactus se amoldan a los devaneos de la forja que las aplasta. Tan pronto llueve, como hace sol, en el limbo de las imaginaciones. Una película cuyos actores improvisan todo el rato está tocando a su fin. Ya va siendo hora de que nos deje a solas con nuestros sueños.

 
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El napalm me dejó ciego mientras los explosivos caían en mi derredor. Me metí en un edificio abandonado, una especie de fábrica donde había piezas de pianos rotos. Allí permanecí comiendo ratas hasta que mi barba llegó al pecho. Soñé con usar los pelos de mi barba como púa para rasgar mis pulmones y acompañar los sonidos rotos de piano. Toqué teclas aquí y allá hasta que la guerra acabó no dándome yo cuenta. Más tarde me rescató mi compañera. Me dijo que necesitaría una buena ducha y atenciones. Me pareció que tenía alas de tanta fragilidad en su imagen, pero su voz era de mando. Me abracé a ella y di gracias a todas las personas que, alguna vez en su vida, han sido mi madre.
 
 
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En tus ojos el universo es un dilema al borde de ser resuelto. Me busco en ellos hasta dar vueltas en una habitación vacía. No me malinterpretes, Cecilia, es mi manera de ver el mundo. Sin ti no puedo verlo. Su plenitud me es negada en tu ausencia ahora que duermes. Procuro pertenecer a tus sueños. Esconderme en un rincón de tu inconsciente y escuchar allí las verdaderas canciones que oyes tú cuan...do, por las mañanas, te toca levantarte para ir a trabajar. Déjame llevarte el bolso. Mucho más no puedo hacer a cambio de descubrir la verdadera naturaleza de la vida en ti, donde por fin aflora y es algo más que la vida. Una flor que gustaría de regalarte un domingo cualquiera, en una tarde anodina, bella, aciaga.
 
 
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Antes encontraba retazos de tu vida pasada tomando vino de borrachos entre borrachos profesionales. En mis frecuentes vómitos encontraba que eran puzles que debía resolver. Una vez dejados a la mano de dios pasaba la fregona. Luego apareciste tú y todo el mundo me dejó en mi silencio, pues es respetuosa la gente para darte un silencio que has ganado. Es el único lugar donde puedo evocar tus porciones venidas de 800 vidas, de 1000 mujeres colocadas en una. En los mares de mis anocheceres tú vendas las olas pequeñas antes de que avancen sus rizos de luz hasta la cala en donde yago y me despierten de esta fantasía donde te llamo luz de luces y beso la lágrima intacta de nuestras respectivas existencias (si es que yo tuve una, allá, en los edificios para enamorados sin remedio entre los que había muchos masturbadores apañándose mientras tú/yo, quieto, tomaba/s el desayuno de las nueve de la mañana).
 
 
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Hoy lo he entendido, tras enchufarme unas gotas asesina-receptores, ella es una sombra superpuesta a mi sombra. Juntas dibujan la silueta de un nido. Allí nos acercamos y somos dichosos con tan sólo dos sombras que, en ese momento, son una sobre otra. Los pájaros pían desde el mundo que sucede afuera de la ventana en el mientras tanto. Y eso, lo llamen como lo quieran llamar, es luz. Es Dios. Es Cecilia.
 
 
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En tu estrechez benigna soy un punto y aparte. La frase que viene a continuación es de pedida. Necesité escapar de mi cabeza para asimilar la tuya. Hoy me mezclo con su química y no sé, a veces, en qué día estamos. Pero ¿Qué importará esa nimiedad si estás conmigo?


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Todas las noches del mundo pelando cables. A veces me hablan. Son verde primavera como algunas serpientes. Me ofrecen frutos del Mal que yo no rechazo. Manzanas que alegran mi paladar, muy rojas, como manchas de mora, la mancha de mora que es un punto localizable en mi podrido corazón. Me duermo con los cables en la mano venido el amanecer, sobre las seis y media de la mañana, y pienso en la moza que es ella y, al tiempo, son todas las mozas. En los latidos venideros que asiento en el interior de ella. Sueño letras. Del tintero se derrochan sinfonías de tachones que vienen a explicar mi vida y la suya, ya sea dormidos o despiertos.
 
 
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