martes

Ah, el puto Alberto Masa de los cojones

Todas las noches en la cocina,

mientras doy sorbos a una cerveza sin alcohol,

miro la persiana cerrada

y el cristal devolviendo mi imagen

y mi loro atusándose el pico

en la misma jaula donde yo le tiendo galletas Chiquilín y pipas

me pregunto ¿A qué? ¿A quién?

¿A cómo trata de parecerse Alberto Masa?

Y siempre obtengo por respuesta

un "no" de escasa rotundidad

dirigido a alguien que no soy,

y que permanece, como yo,

ante el cristal

de la ventana de la cocina

cada bendita noche

diciéndose que, como siempre,

ha acabado pareciéndose a sí mismo.


En la televisión, Chuck Norris

vende aparatos para mejorar las abdominales

y el pobre hijoputa de Alberto Masa

ríe entre inocente y aburrido

y a veces sabe

que es sobre su cadáver sobre el que salpican

las cáscaras de pipa que el loro escupe,

y le pone una sonrisa,

el muy idiota.

Amolda a ese cadáver

unas cejas que expresan a la vez

enajenación y ternura

y se dice: Sí, eso soy yo

hasta que amanece

lloviendo, nevando, lo que sea

y el cerdo primordial de Alberto Masa

se queda dormido en la misma silla

y quizá intuye,

entre sueños,

a qué se parecerá la noche siguiente

en el momento de dedicarse

a aquello para lo que ha quedado:

Contemplar su propio cadáver

en el cristal de una cocina

con Charly, el loro

y bebiendo latas de cerveza sin alcohol

y diciendo: Muchacho, lo has conseguido.

.

No hay comentarios: