sábado

¿Por qué Cecilia?

Yo caminaba por un rumbo en el que prestaba mi sexo a cambio de la nada que era recibir un manjar imaginario hasta conocerte a ti, descubrirte, redescubrirte si de verdad eres la respuesta a esa dualidad Gloria / María que sólo existe en mi imaginación, en mi cronología, cartografía de un amor que sólo se encuentra, primero en la madre (yo he tenido tres) y luego en el enigma. Ese enigma le descubro en un brillo de una mecha de tu pelo. Es el regreso a la casa donde habité de niño. Tú me has enseñado más medicina que lo que he leído en Freud, más humanismo que lo que he leído en Adorno, más rebeldía natural y pensamiento que lo visto en Althusser. Tus manos son las que me dan la comunión cada domingo en el cual me limpio el esmegma pensando en tu piel tan blanca, alevosa, como de fierecilla nórdica y dorada por el pan de la primavera, hogazas de pan que descubro en tus ojos, que podrían ofrecer brillo a una eternidad y se conforman con una pose (desposada y natural como todo en ti) para una fotografía. En ti entiendo la humanidad un poco más, la fuente de tu sexo es mi bautizo, al que sólo asistes tú como justificada madre de esta criatura que pronto ha envejecido y envejecerá sola. Sólo tú guardas la llave de este rompecabezas en el que mi cabeza se presta a rular como el has de la juventud entre manos mancas de amigos imaginarios. Tú eres bendición. Tú eres asunción. Comulgo con tus grititos de niña enfadada porque estoy en ellos, mojando pan en esa sopa que ya pertenece a un rompecabezas que es todo tuyo, en el que muestras a tu libertaria particular, que está hecha del fuego que hay en ti, como un fogonazo, una llama que sólo sé adivinar para luego encontrarme ahí adentro emocionado en una primavera que no se acaba nunca. Tú eres la visión del universo, tu culo la redondez del mundo, tus huesos la cal con la que se va fabricando mi hogar y tus senos el árbol de frutas jugosas que he de regar con la convicción de que sin pertenecerme, es un poco mío. Eres el alba y el crepúsculo, un intermedio interrumpido de ambos en un beso que te pido porque a cambio recibo el perdón de La Tierra entera, de los amigos que no quiero ver jamás. La muerte viene a verme y me pide que elija entre la respiración y tú y sé que te elijo a ti porque te conozco un poco más que a mi propia respiración. Diría que sin ti la vida no tiene ningún camino y que el que no tiene camino es porque tampoco tiene una salida por la que desaparecer. Supongo que vivirte es suficiente. Y eso es todo lo que hago, dueña de mi yo, de mi vida, mi muerte, mis ojos, mi tabaco y fuente de salud en la alegría que a menudo compartimos. No quiero ver volando tu angelical y bruta pieza de diamante arabesca belleza volando en dirección contraria. Quiero acercarme a ella y ser, en mi animal, amigo de todo ese mundo mientras aprendo a acariciar el oro que se encuentra en tu figura y hacerme un cinto que me rodee, que sea el mundo y que seas tú. Te amo.

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