sábado

La moda


La única vez que iba fashion
fue cuando fui vagabundo.
Apenas diez días en la calle
con el pelo cayendo lacio hasta los hombros
y barba rala
bajo la que se escondían ciempiés.
Elegí mi zona
como los niños punks eligen sus pantalones
en la tienda, y su bebida y pancartas.
Reconocí a mi exjefe saliendo de un taxi.
Sé que miraba de reojo hacia el banco
donde yo me encontraba a medio recostar
con mis harapos y el cartón de vino
y no sabía si reconocer en ello
un antiguo amigo,
un hombre muriéndose
o ambas cosas.
Alguien, en cualquier caso,
quizá conocido
en una época lejana, remota, inexistente.
Reí como nunca recordaba haberlo hecho
y bebí de mi cartón y me eché la manta encima
y pedí un cigarro a los chavales más enrollaos
del globo terráqueo.
Tres semanas después,
como echaba de menos mi pijama,
me presenté en casa.
Mis padres me hicieron preguntas,
expusieron los motivos de su preocupación...
Es maravillosa una cena caliente, pensé
mientras devoraba aquella tortilla española
sobre la que había echado unas anchoítas.
Desde entonces

apenas salgo de casa
por mucho que mis allegados se empeñen en que
busque trabajo.
A día de hoy recuerdo las nubes
acariciando mi bendito atrevimiento,
a los ángeles cantando para mí
su relicario inconcluso
y a la gente saliendo de misa

en las tardes, iglesia de san Ginés
y yo poniendo la mano
para una de patatas con kétchup en el Burger.
A veces sacaban su monedero las ancianas
y decían: Chico, eres tan joven

y: Pero, por favor, que no sea para drogas.

Un saxofón silenciado paga el alquiler

en una grave nota bajo la puerta.

.

2 comentarios:

Marco A Martinez dijo...

Hace muy poco tiempo estoy leyendote. De todos los blogs que visito con un tremendo cansancio, este me intriga y me produce algo parecido a una forma de desarraigo conocida, compartida, aunque de formas diferentes. Si algun dia no tienes algo mejor que hacer, te invito a visitar mi blog, escrito desde Miami: marco1661.blogspot.com
Marco.

Alberto M dijo...

Gracias, Marco.