martes

Eh...

Eh, por qué ya no escribes, por qué te has ido de Facebook, por qué ya no llamas, por qué ya no vienes a vernos, por qué ni siquiera avisas cuando bajas a Madrid???

Respuesta a todo:



Estoy muerto y no creo ni en la amistad ni en el amor ni en el trabajo e incluso creo que, durante mi vida, hice que creía en esas cosas, aunque en realidad me las pasaba por el forro los cojones.

Doné todos mis libros y cosas de interés que coseché al barrio de Nium Bili en Malabo, lleno de barro y casas que hay que volver a hacer cuando cae una lluvia torrencial.

No penséis en mí. Mi vida de muerto está destinada a ayudar a los niños con síndrome de down de un centro de Alcorcón del que no daré la dirección, porque paso de que alguien chalado y ocioso social quiera ir allí a ver mi aspecto de muerto. Es mejor que el de vivo ese aspecto. Reconozco en él más amor que el que tuve de vivo. Y sigo sin creer en el trabajo. Lo hago por mí (la ayuda a los pobrecitos), igual que antes escribía (y está la prueba de que hay testigos de que querían publicarme e incluso me ofrecieron premios y yo rechacé todo). No lo hago por nadie más, así que no es un trabajo sino autoayuda, como leer a Marx y Engels, Durkheim, Webber, Hobbes, Kant y hasta a esos incoherentes de Lacan y Deleuze, todos leídos por mí y sometidos a tesis durante periplos universitarios en los que tampoco creo ni creí. No creo en ningún maestro, tampoco creo en el cariño con el que de vivo creí recordar a las solteronas de mis profesoras de literatura, ni que hayan leído ni visto jamás mi talento, en el que tampoco creo. Estoy muy bien muerto y espero que nadie se acuerde más de mí. Existe el cariño de la madre o de las madres (tuve tres y me quedan dos), pero me asquea por interesado en el mismo grado en el que me asquea y me ayuda a morir mejor mi trabajo con los niños enfermos, el que cité antes, sin dinero, sin nada, igual que cuando ejercí de maestro en mis diferentes pueblos, y de niñera y de puta. Hice que estaba vivo de cara a un amor y me preocupa que una de mis novelas movidas salga (lo hice por ella, no por mí, al igual que escribirla). Como sé que durante la vida no me faltaron enemigos en el mundo literario debido a mi soberbia de no creer en casi nada confío en que lo eviten. Siento asco hacia lo que fue mi vida, que supe solucionar bebiendo, no así mi muerte, en la que no bebo, ni siquiera existen los brotes psicóticos en la muerte. Creí que podría tener una familia e hijos. Que podría ser siervo, pero me negué, o se me negó y morí. Y me encuentro guapo en la muerte cuando consigo ayudarme mediante un asqueroso mongolo que, gracias a mi viveza de muerto, ha logrado sonreír una vez en la puta sesión. No creo, tampoco, dije, en el amor. Ya he hablado de las madres. He de iterar mi respeto a las putas que han pasado por mi vida. No he llorado casi. Las musas son para los escritores, todos vanidosos, que creen ser alguien porque creen en su talento y los elogios que les echan para follárselos. No creo en la masturbación. Ayer me masturbé como hice últimamente una vez al mes y es basura para quien se sabe que muerto el placer no existe. Lo juro. Muerto no existe el gustirrinín. A quien se acuerde de mí lo mato. Lo juro. Juro que me da igual que os acostaseis conmigo o que tomáramos tres copas juntos un día o doscientos o que te hayas volcado en mí para salvarte así como yo me salvo, ya muerto, en los putos niños mongolos de Alcorcón, a quienes muestro el camino del amor como estilo de vida en una sociedad de vivos que los inventan, compran y venden. Tenía mi vida resuelta de vivo ¿Tendré mi muerte resuelta Seré capaz de hacer oídos sordos al disfraz de amor de mis padres o el tabaco ducados rubio? Lloro. Lloro por el tabaco. Lo juro. Yo soy verdad y camino. Es mi muerte. Eso no significa que sea mejor que cualquier otra persona, me cago en Dios, no pienses eso, subnormal de mierda que lees, como otros 4, este blog de literatura de mierda, en la que no creo como no creo en ti, payaso/a que sólo viene a comer de mi polla, lo único que interesó de verdad en mi vida y rechacé a toda tía por otra que luego me dijo que lo flipaba con que creía que estuviera enamorado de ella, que yo a ella no la gustaba, aunque yo era… especial, eso dijo la muy cerda. Un amor platónico es morirse de la puta risa, pero yo no me he muerto de risa. Follé y follé hasta volver a encontrar el amor y me dije Olé España, viva, pero me suicido y los centros de flores de mi tumba sobran, coño. Un entierro es también un espectáculo. No esperes que vaya al tuyo, amigo del alma, porque tú no fuiste al mío, como bien hizo en no ir nadie, ya que yo ya estaba muerto para entonces. ¿Comprendes, socio/a? Ese es el sentido de la vida. El mismo que tiene que yo haya regalado todo lo que he aprendido a golpe de herencia. Conmigo muere mi familia (la otra mitad se hizo la muerta). He borrado todos los teléfonos de mi móvil. Ya no voy a llorar más. Muerto se está muy bien. A veces pienso si cambiarme por un mongolo a los que "ayudo" o por un "amor" en el que creí. Paso porque sería otra forma de daros mi polla / coño. Uno se vuelve fuerte muerto, no a base de latigazos como dijo el Nietzsche ese de los cojones que yo creía que al leerlo yo me hacía sabio cuando existía y tenía 16 años y las chicas se reían de mis granos en la cara. Volvería a mis granos si hiciera falta para no sentir los ahogos, el público puede reírse todo lo que quiera de un gran hombre muerto que dejó toda su vida en levantar monumentos a la puta solidaridad en la que no creía ni cree, hijos de puta. En sociología hasta me hicieron leer al Hitler. Eso es un muerto, pero yo jamás me suicidé, ya que es pecado. Hablo desde el cielo, donde dios es un coche nuevo. Todas las noches salgo a bailar con Holderlin y Nerval a la plaza el pueblo y me canso. Me canso de que lo único que explique vida y muerte sea la locura. En vida, al menos, fui equilibrado. Imítame y te rompo las piernas, cerdo, puta, payaso.

De pequeño encontraba cobijo en los rincones oscuros, durante la noche, por donde no pasaba nadie. Me quedaba allí horas mirando la luna y comparándola con la luz de una farola que se dejaba adivinar a lo lejos. Entonces no sabía nada de la vida. Fueron los únicos ratos maravillosos, los únicos lugares donde era posible todo.

Muerto sé que pasé por muchos trabajos mal pagados o no pagados y que fui amigo, como si eso existiese. Salí con tías inseguras y creí que follando se me pasaría. Nunca sentí nada, aunque lo hice con la pasión con la que me masturbaba cuando aquello era un ejercicio diario. Muerto molo. Y lo que mola es mierda, hijos de puta. El gusto no existe, sólo existe el rincón oscuro y la luna y la farola, pero cuando eres niño y ni siquiera sabes lo que es una intención de mierda. Tienes tu ropa comprada por tu madre o por tu tía o hecha por tu abuela y ni siquiera crees que serás alguien. Ser alguien no existe. Existe ser algo, y comprender eso es muchas muertes juntas en la vida. En la muerte apenas significa nada, como todo.
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3 comentarios:

Lucia.C dijo...

wow, tengo que decirte que como escritor me has impresionado.Muerto, hmm, bueno.
Tenias que soltarlo y lo has echo de puta madre, dejando clarito el mensaje desde un principio. Con el aliento y la fuerza del último abrir de ojos y respirar.
En cuanto a lo demás, yo que sé, me la pela.
Pero es un placer leerte. Leer cosas como esta.

BGF dijo...

Preciosa fantasía sexual.

Alberto M dijo...

:) muy amables