jueves

La fiebre de Cecilia, y yo al lado


Hoy te he visto reflejada en una gota de agua. Ha llovido toda la tarde y, al entrar en casa, me he secado el pelo pensando en esa imagen tuya. Estás dormida, como probablemente ahora, y tienes en el pecho como una rosa que a veces tiembla de frío. Yo te toco la frente para comprobar que tu fiebre no es demasiada y luego me tumbo desnudo junto a esa imagen tuya. Quiero contagiarme. Padecer junto a ti los “viruses” de la mierda. Quiero besarte, que entre nuestras bocas se crucen y vean luz ya adentro de ambos. Te quiero, Cecilia. Hace mucho que no puedo escribir. Ayer soñé el día en que murió mi primo pequeño. Unos primos segundos me llevaban al hospital como engañado y allí entré en la sala donde otros enfermos (pero de vida) se repartían sus órganos. Mi tía lloraba agarrada a su mano y la sombra de los edificios se entrometía en la salita. Les di un beso y no pude evitar llorar. Lloré mucho. Quise huir y poco después encontraría un trabajo de mierda en una escuela de ideas, muy separado de lo que, en justicia, merecía y de lo que, en justicia, había recibido mi jefe de un lugar parecido. Lloro Cecilias. Son flores que vienen a mí, que no he perdido. Te veo encogiendo tu carne tan blanca entre las sábanas y mirando de reojo la oscuridad que se cierne en tu largo imperio. Quiero estar allí. Hoy me han dado los resultados de los análisis ¿Qué decirte? Tengo triglicéridos, colesterol y transaminasas altas. He pensado que llegará mi final no más tarde de lo que ayer calculaba. Me cuidé. Pasé estos tres últimos años de vida sin beber. Quiero que, con todas las fuerzas que te queden, menees la cuna donde este viejo se muere despacio. Porque sumado lo anterior al hecho de que no estés esta muerte sólo puede ser lenta. Me veo en la pantalla apagada del ordenador y me digo buenas noches sin ganas para el sueño. Me digo mañana será otro día. He de bajar de peso. Estoy cansado, joder. Bailo a solas, que es la única manera en que me gusta bailar, el Little girl blue versionado por Hank Mobley en su disco Messages. Bailo agarrado a ti e incluso sigo el ritmo cuando me cercioro de que no estás. Bebo brebajes para mi salud. No olvido mi pasado vicioso y hoy veo el deterioro de mi cuerpo ante un espejo que me devuelve una imagen de leñador amable. Sé que muchos de los que leen mi blog, a diferencia de mí, quieren que muera. Yo no les deseo la muerte, quiero que vivan. Les daría un nuevo besito en la frente. Y luego me iría contigo donde tú eligieses. Tú mereces dejar de trabajar y yo dejar de dormir. Perdona que escriba incoherencias (no sé dónde ando esta noche). Van a ser las cinco. Cuando ibas al hospital y daban estas horas yo esperaba hasta las siete y media para poder hablar cinco minutos contigo antes de que salieras pitando. No sólo te echo de menos a ti. Me echo de menos a mí en esos días. Tú estabas (y estás) en mis brazos, pero no sé qué le ha pasado a mi espera (esperanza). Mi esperanza se convierte a veces en un reloj que no funciona, y todo lo que espero es verte junto a mí, hacernos otra foto juntos, ir a comer un helado a una terraza…

Te espero en tu enfermedad, en las mías… quiero coger el tallo de tu flor y colocarlo sobre mi cabeza. ¡Luz, más luz! (bendita sea tu sonrisa, porque me hace pensar que nada acaba.)
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