martes

In my life (2013)


"El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo" (Churchill)

Me he subido varias botellas de sidra en lo que insisto con tu teléfono. Fin de año 2012. No recordaba una despedida tan triste que no se refiriera a personas. Jose me llama y me habla de una editorial amiga de Cognoscible Cristo de la Cabra para publicar mis textos, denostados como los de Cristóbal Serra, mucho más que aquellos. No sé si te espero a ti o espero a la muerte, sólo sé que espero a eso que no sé lo que es y que puede resumirse en El móvil al que llama se encuentra apagado o fuera de cobertura. Comprendo que tú tienes tu vida, pero la mía sólo es cuidar de la más pobre de las bibliotecas, del más pobre de los blogs. Recibí el primer mensaje de una chica grunge a quien la molo. Decía: Me encantan tus escritos. Al tercero ya tenía más confianza y añadió que se comería mis cacas mientras se la metía. Eso es tener un blog. Si no ¿De qué? Yo sólo te quiero a ti y mientras tecleo se calienta la sidra. Intento descubrir tu momento a través de tu voz mientras, para cerrar el año, te puse el In my life de los Beatles versionado por Johnny Cash. ¿Qué otro regalo podría tener a mano? Mi padrino me llama y le digo que no me asusta llorar. Me dice que hay que aceptar que las cosas cambien. Yo ya no visito a mis muertos. Quedaron detenidos sus movimientos en una cabeza a la que no quiero disparar con mi aire comprimido. Mi boca misma está hecha de aire comprimido. El cerdo de tu padre estaba hecho de aire comprimido. Quiero sacar de la tumba a ese cabrón y follarme sus putos huesos. Porque no puedo comprender que nadie te quiera ver feliz mientras yo bebo sidra y escucho a Johnny Cash y me suicido por decimonovena vez.

Quiero contemplar mi muerte mientras habito la piscina de un gran hotel con un sol y sombra en la mano, en una colchoneta de cuero. Quiero estar desnudo ese día. Que me encuentren como vine al mundo más la vida, que ha sido un millón de muertes y, ay, tú, que eras la vida. Termina el año y me pongo a teclear. Mi familia no va a comprender que necesite más sidra, así que, quizás, salga a por whiskey y la líe parda, como en los tiempos en que viví en la calle y me echaban de todos los lados. A veces también me han echado sin vivir en la calle. Me llamo Johnny Boy y todo el mundo lo sabe, desde Tarifa a Guanajato. Yo disparé a Billy the Kid. Yo maté a Liberty Balance. Pang pang. A tomar por culo el puto Martin Luther King. Yo maté a Lennon antes de haber leído a Salinger. Siento lo de la japonesa, pero es que no me quedaban más balas. Y mírame ahora, tronca, esperándote como espera una puta perrita en celo a su dueña en la puerta de la panadería.

Sin ti no soy ni mi pasado, donde me grababan para la TV en casa, sin salir, con el único objetivo de correrse, de cortarme una vida que creció como una flor todopoderosa y abierta hacia todos los soles del puto eco cósmico. Allá, de los salones cósmicos, vengo. Otros han jugado a las tragaperras en Torrelodones y ceen haber vivido esto, pero esto sólo lo vive quien tiene el corazón esparcido por cada puta cumbre, rebañado por los buitres y seco mientras la última botella se acaba y la muerte acelera su paso. Qué bonito número para morir. De todas las muertes me quedo con la de Kennedy y de todas las palabras con dos frases que hizo célebre el paleto de Jackson Pollock: “Si soy tan bueno ¿Por qué no soy millonario?” y “¿Dónde está el champán?”

Te espero. Me follo a todas las burras imaginadas del mundo. No me hagas esto, nena, porque si me lo haces huiré. No me lo hagas porque mi ausencia de corazón te ama, te quiere arriba, en la cima de un monte levantado por ambos para desgracia de los amaneceres. (Quien habla contigo espera hablar con Dios un día.)

PD: Y no escribo más porque se me calienta la sidra. Amigos, estoy muy solo. Yo también moriré y ella seguramente no estará. Pero eso es otra historia. Ya fracasé hace mucho tiempo.

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