miércoles

Una poesía (5/XII/12)

Me vi
como, prácticamente, cada amanecer de mi vida
bajo este pijama a rayas azules y miel
que me sirve para ocultar
cicatrices
ya curadas y desaparecidas.

Me vi
como, prácticamente, cada amanecer de mi vida
mirar por la ventana
y ver llover una mezcla
de sangre, litio
y barro.

Me vi
como, prácticamente, cada amanecer de mi vida
enamorado de una estatua
de quince años de edad
tapada por el árbol (ese entrometido)
que permanece en medio, nervioso y quieto.

Estoy de acuerdo en que desde mi ventana
no pueden verse demasiadas cosas,
pero juro que cierro los párpados
y noto cómo el aliento de las anguilas
que viven dentro de mi cuerpo
me despierta hacia una vida
que, a diferencia de mí,
sí respira
e incluso existe
y teme, cada amanecer, la ausencia de sol,
la falta de alegría ante el fuego
de una caldera oxidada.

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