viernes

Una lectura para 4º de EGB




No recuerdo muy bien cómo era el libro ni el nombre del autor,
lo leí hace mucho tiempo
Para un trabajo del colegio.
Creo que trataba de un niño que vivía en un planeta
muy tranquilo regando una flor y
bajó al mundo donde viven los hombres y
no le gustó lo que vio.
no le gustaban los matemáticos,
no le gustaban los carpinteros,
no le gustaban los moteros,
los obreros de la construcción le parecían soeces,
las putas y su olor a perfume que le parecía barato, tristes;
el metro, atestado de olor a sudor y vómito;
no le gustaba la alta cocina ni el Burger King,
prefería el Rodilla de Argüelles.
Allí me lo encontré años después de haber leído su asombrosa historia,
vestía de H & M.
Le dije que por qué no le gustaba esto y aquello,
que, si no le gustaba, por qué no volvía a su puto planeta.
Lloró durante veinte minutos y aproveché
para comerme tres sándwiches de queso con nueces.
Luego sacó un pañuelo lleno de mocos y
llenó de nuevos mocos los mocos anteriores.
Joder, dije.
Me dijo que había alquilado un pisito en Vallekas,
era un claustro sombrío que había intentado decorar con muebles del Ikea,
su intención era que el cochambre fuera acogedor
“Lo más parecido posible a mi planeta” me dijo.
Yo me decía para mí mismo: Niñato idiota ¿Qué se habrá creído? ¿En qué actualidad vive?
Me dijo que cobraba el paro y le daba para comer y pagar el alquiler
pero que no podía permitirse lujos.
¿Pero a ti quién te escribió? Le espeté.
Se me ha olvidado su cara, me dijo.
Añadió que el tipo al principio le dio mimos y curro
pero que, después de aprovecharse, se fue en un aeroplano.

Le dejó unos cuartos y, según dice, 
se le fue todo en farlopa y zumo de tomate,
añadió que durante casi cuatro meses no necesitaba otra cosa para vivir
hasta que despertó del sueño y comprendió
que se había quedado solo,

pensó, ingenuo, que quizá el aviador volvería algún día.
Luego se enamoró de una profesora de inglés
y la dejó preñada, pero abortó y se fue con otro.
La confundí con mi flor, me dijo.
Y la regaste, me mofé, riendo mi probable gracieta.
Volvió a llorar.
Yo pedí un whisky, pero me dijeron que no había.
Vale, le dije al puto camarero con acné, pues dame una puta cocacola sin cafeína.
En el fondo el chaval me caía bien.
Le dije que no llorara, que todos estábamos solos
en alguna página
de este libro

poco o nada interesante.
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