viernes

Teonanácalt, 1994

“Cuanto más penetras el mundo de teonanácatl, más cosas se ven y miras nuestro pasado y nuestro futuro como una sola cosa que ya se llevó a cabo, que ya sucedió (…) Veo caballos robados y ciudades enterradas cuya existencia es desconocida y...
que están a punto de salir a la luz.
Veo y sé millones de cosas. Conozco y veo a Dios:
Un inmenso reloj que palpita, esferas que giran alrededor y adentro de las estrellas, la tierra, el universo entero, el dia y la noche, el llanto y la sonrisa, la felicidad y el dolor.
El que conoce hasta su fin el secreto de teonanácatl puede ver esa infinita maquinaria de reloj”
(Palabras de la chamana María Sabina recogidas a modo de cita de inicio por Richard E. Schultes y Albert Hofmann para su impecable trabajo “Plantas de los dioses”, editado por Fondo de cultura económica México.)


 
Estaba sentado en esa cochina discoteca de pueblo
y viniste mientras sonaba Smells like teen spirit
y cogiste mi mano e intuí en tus labios que me preguntabas
qué bebía.
No sé si en ese momento lo sabía; hoy no lo sé.
Te pusiste a bailar como una puta loca y yo,
en mi inocencia,
comprendí que eras una puta loca.
Bailé a tu lado antes de que me mordieras la oreja
y luego te abracé y pasé a lamerte las tetas
mientras con una mano te sobaba el coño y
buscaba con la otra el agujero de tu ano a través de
tus jeans hechos jirones.
Mordimos nuestras lenguas y estas parecieron alejarse de las bocas,
del cuerpo,
de eso que llaman alma.
La música paró.
Me dijiste que te habías apostado con su amiga una copa a que yo
no era capaz de ponerte tan cachonda.
Te dije que ahora sabía quién había ganado

(la cosa me sonaba de una peli)
antes de regresar a por mi copa y descubrir
sí, de la penosa manera, que
alguien había meado sobre ese licor que no me acuerdo cuál era.
Me acerqué de nuevo a ti y te dije que
tu amiga había apostado a caballo ganador.
Luego te fuiste y me quedé mirando tu espalda
mientras enseñabas al aire el dedo corazón
de tu mano derecha.
La música volvió a sonar y me fui a mi casa
con la intención de meneármela pero,
al final,
me senté en uno de los rincones y me puse a pensar en dios,
en la vida,
en las células madre,
en el universo

en teonanácatl.
Estuve sentado como tres horas en ese rincón
medio pensando, medio meditando.
Luego me acosté en paz
y sí, me hice una paja
de todas maneras.



PD: Escribir peor tiene mucho que ver con la pérdida de memoria de los dedos que teclean el escrito que va apareciendo, como mágicamente, en una pantalla. Hoy he escrito un poema sobre 1985 y otro sobre 1994. Ambos están dedicados a dos sombras distintas. A lo mejor soy yo ambas.
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