miércoles

Soul Kitchen

Salí del cine de ver (no me acuerdo) y vi una llamada anónima. Pensé que sería de la editorial bla bla. Era la hermana de un amigo. Me dijo que le había dado mi teléfono. Pregunté si le había pasado algo. Me dijo que se había roto siete costillas al caerse de la moto la noche anterior. Recordé la noche anterior mientras miraba mi reflejo en los charcos y las lunas de algunos coches. La luna tan clara. Las farolas tan rectas. Le recuerdo muy afectado por el alcohol y alguna que otra anfeta. Yo mucho más sereno. Dirigí su moto desde mi asiento de copiloto y eso evitó que nos estrelláramos con varias rotondas y saltáramos los semáforos que fueron posibles. Las aceras brillaban tanto aquella noche. Conseguimos llegar hasta mi casa y lo retuve. Comimos un kebab. Le quité el casco y, mientras me perseguía para recogerlo, se caía una y otra vez. Finalmente, sentados, comprendimos que el aire le curaba. Era imposible que se quedara en mi casa con la cerda de mi compañera dando el coñazo. Le dije que la iban a dar por culo a base de bien. Él dijo que se marcharía. Al día siguiente estuve leyéndole un artículo sobre no sé qué en su habitación de hospital. Olía a sudor que echaba para atrás. Al salir encendí un cigarro. Se notaba frío, pero hacía un sol de justicia.
 
Odio el puto hospital clínico de san Carlos. Agradezco haber nacido (nací allí). Eso es todo. A continuación me pongo el MP3 y suena una versión de la flaca y regular, aunque mejorada por el tiempo, poeta Patti Smith del Soul Kitchen de los Doors. Pienso primero en Patti Smith, en mí rompiendo Babel y comprando en el Trastévere su disco in memoriam a William Burroughs. Recuerdo cosas que he leído mientras voy camino del Retiro para masturbarme mirando a las parejas que se magrean en la hierba. Recuerdo a Patti (también estaba Zappa y quizá Lou Reed, etc...) esperando el regreso del viejo en un aeropuerto probablemente de Nueva York. Pongo de nuevo Soul Kitchen. Recuerdo al viejo Jim. En alguna ocasión, debido a algún desfasado rasgo que pudiera dar cierta fe de cierto a un tiempo que lejano parecido físico (y a pesar de mi casi eterna envoltura en un pijama), me han acusado de ser un wannabee. Efectivamente, mezclo con fuertes dosis de ácido un mínimo de dos botellas y media de bourbon al día. Sólo me gustaría añadir dos cosas más, aparte de dedicar eterna gloria a los huesos del viejo Jim y desear que siga siendo follado su pellejo por millones de jovencitas de todo el mundo (mi primera novia llevaba una foto de su cara en la cartera en lugar de una mía): 1º Yo escribo de puta madre y 2º y más importante: Estoy vivo, dios santo, estoy vivo. Y me encanta estarlo. Estoy enamorado y quiero traer hijos a este mundo. Adoro reírme y no voy a parar de hacerlo siempre que pueda. Quiero llegar a los setenta y cinco años. Quiero comerme el mundo de la mano de mi chica. Salir de mi casa, mirar a mi alrededor y decir: Cielo santo, todo esto es mío!! Huid de mí pájaros ciegos porque capaz soy de follaros uno por uno!! No se trata de mí, que no existo. Se trata de mi felicidad, vaya si existe esa pendeja!!
 
En el Retiro no veo ninguna pareja que me la ponga dura como el pan de los bocadillos que me hacía cuando vivía solo en Madrid. Abro un libro y, como mágicamente, aparece de nuevo el viejo Jim. Aquella puta película de Oliver Stone nos la fuimos a ver a tropel los del barrio y, al salir, hicimos equilibrios en los altos del parque. No nos matamos. Al menos esa vez. Otras veces sí nos matamos. No pasa nada. Te vuelves a levantar como si tal cosa eso es la muerte. ¡Viva! Más tarde, de manera mejormente sensata me daría por ver en el espectro de Jim sus lecturas de juventud. Descubrí a Blake, al menos su obra menor, que aún conservo. Estudio su profundidad en Chesterton, en Cristóbal Serra, en Jordi Doce... y vuelo de entrega, al igual que descubrí al eterno infante Rimbaud, al Yo es otro, al Hay que ser absolutamente moderno y, sobre todo, al Senté a la belleza en mis rodillas y me supo amarga, y la injurié... Joder, pasaron los putos 27 años y me vi crecer con soltura, sano y endeble a partes iguales, entregado a la letra, a la sangre, al vino y a las flores. Odio a las putas cucarachas, a las ratas, a las jirafas. Quiero seguir aquí, riendo, mientras escucho Soul Kitchen y telefonéo a mi niña, que me dice que está bien. Yo le digo que el hecho de que esté bien me hace estar bien. Como chopped... esto podría ser todo por hoy, por la temprana muerte del viejo Jim y por los recuerdos, en los que siempre incluyo la estatua de Fofó en el parque de atracciones.
 
 
 
PD: Se me ha ocurrido ilustrar esta fotografía que acompañará la entrada con un poema de "juventud" del gran Manuel Vilas o, quizá, ilustrar este poema de "juventud" del gran Manuel Vilas con la fotografía que acompañará la entrada. En cualquier caso, ahí van ambos dos:

"Estás de suerte, viejo borracho, farsante
y mal poeta: decenas de jovencitas se atrincheran
en tu tumba. Fuman marihuana a tu salud,
y te ofrecen, como si fueras un dios,
su alma virginal e imagino que también su cuerpo,
siendo éste, de estar tú vivo, la mejor ofrenda.
Allá lejos, Balzac se pudre, Proust es inencontrable,
y de Nerval ya nadie se acuerda.
Sólo tú pareces vivo en esta tarde de agosto,
y para llegar hasta tu lápida he tenido que abrirme
paso entre italianas, francesas y americanas
-y hasta alguna rusa- que me miraban desdeñosas,
como si yo quisiera robarles, con mi aspecto
de burgués indeseable, el trofeo de tu sombra."

(M. V. Primeros poemas)


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