lunes

Oda a Ángel, mi padre (entrada nº 500)

46 años cotizados en la seguridad social,
mi cuerpo mismo,
mi vida,
mi fe...

Tú vives entre el primer y el segundo latido
de mi corazón
de niño bebedor, farsante, desequilibrado,
broncas, pijo, sucio, ocioso y necio.

Cuando acabas de salir del baño
de hacer tus cositas
y nadie me ve,
entro y cierro la ventana
echo el pestillo de la puerta
abro el inodoro
y aspiro con todas mis fuerzas el aroma
de tus deshechos
porque son yo.

Las lágrimas que salen de mis ojos
son curativas.
Puedo notar cómo me congracian
con la energía de donde vengo,
con el espermatozoide que fui.

Abrazo el excremento desaparecido en el desagüe
y regreso a cuando mamá y tú os conocisteis
en esa sala de fiestas donde
bailasteis por primera vez
Eva María se fue buscando el sol a la playa, etc…

Regreso a un tiempo después
cuando mi feto daba vueltas
en la barriguita de Ella.
Veo estrellas rodeadas de fístulas emanando pus
cuando mis ojos se forman y algo en mí
se pregunta si eso es el mundo
al tiempo que responde sí
y la alegría me invade.

Luego,
cuando el aroma ha huido,
salgo de nuevo y ante mí veo florecer
esta realidad que tan torpemente concibo.
El arroz sobre la mesa,
el sudor de tu frente
arrugada como un pañuelo
que ha pasado mucho tiempo
en un mismo bolsillo,
tus ojos rojos, cansados.

Después de comer regreso a mi habitación
y me pongo un disco de Johnny Cash.

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