martes

Mi vida entera

Ella era aún una niña
cuando, mientras esperaba a Papá Noel
la noche de un 24 de diciembre,
miró por la ventana y vio a un raquítico vencejo
planeando por entre escasas y relucientes nubes
comerse todas las estrellas que estaban a su alcance.

Al día siguiente le preguntó a mamá
si le había traído algo Papá Noel y
la buena señora le dijo que fuera a la cocina.
En el horno estaba ese vencejo raquítico ya desplumado.
Mi vida abrió el horno y se vio cegada por la luz
del plato que compartiría
a las dos y media de la tarde en el día de Navidad.
Como postre le dieron una pera
que la niña comió sin pelar.
Mi vida tenía miedo.

Hoy soy yo el que tiembla cuando aparece,
es la única persona en el mundo que conoce
cada arteria de mi cuerpo
cada flashback de mi pensamiento
cada molécula de mi alma
cada muerto de mi biografía
cada letra que escribiré en cada futuro cuaderno de notas
y cómo moriré y cuándo.

Acaricio su cara y le digo
que no tema mi miedo
(ni lo comprenda
si es necesario.)

A menudo se convierte en la gacela que corre
en dirección contraria.
Otras veces
es la fiera que calma mi fiera
o bien la devora sin siquiera saciarse una milésima.
Yo le digo que no se preocupe
y coma también mi cabeza pero,
en ese momento,
llaman al timbre y es el Príncipe Felipe.

Le trae una flor y le dice que quizá deje a Letizia,
que se ha enamorado de Ella
como un colegial
desde que la vio en aquel congreso.
Mi vida coge la flor y le dice al príncipe
que se baje pantalones y calzones.
No puede negarse.
Entonces comienza a meterle el tallo con espinas
por el ojete
y Felipe entiende que eso mola.
Por cada penetración le tiende las llaves de una casa, de un yate…
Cuando acaba él le dice que la ama, que no le deje nunca
y ella tira todas las llaves que le ha dado
por la ventana y cierra la puerta principal
en sus narices.
Oye, junto a mí, cómo Felipe moquea mientras baja
las escaleras de nuestro pisito de Carabanchel.

Mi vida, le digo
siempre soñé contigo,
también antes de conocerte,
cuando yo aún no tenía una vida a la que llamar
vida.
Tan fácil como eso.

Pasan los segundos,
Ella me dice que también me quiere,
pero aquí,
E insiste:
Aquí.
.

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