miércoles

K.





Los espectadores se ponen rígidos cuando pasa el tren.
Estás ante las puertas del gran engranaje cósmico,
ataviado con la misma ropa con la que vas al trabajo.
Se anuncian fuertes lluvias en Praga.
Todos los habitantes tienen tu cara
y ninguno sabe el sentido que ofrecer a sus pasos.


El gran engranaje cósmico es un faro cuya luz
mora en tus pupilas
las noches en que tecleas sin parar
la verdad de las habitaciones,
de los pianos, de los circos, de los sombreros,
de las locomotoras.

(En mi novela sobre amor tienes reservado
un barco en el que estás tumbado
en una hamaca de la popa con un daiquiri y un Farias
y todas las jovencitas en b/n ríen los chistes
antes de que salgan de tu boca
siglos más tarde.)

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