lunes

Escribir



 
Aún recuerdo,
nunca el primero,
sino a borbotones,
uno tras otro,
como si fueran el mismo,
momentos en que mi corazón comenzaba
a sangrar desde una mano desconocida
hasta llenar mis zapatos y pantalones.

Se trataba de sentarse ante la máquina,
de averiguar cuál era la tecla adecuada
que trasladara tu cerebro a un microondas
donde comienza a dar vueltas y vueltas.
Recuerdo sacarlo, demasiadas veces,
demasiado caliente
Y ponerlo, humeante, sobre la mesa
para que mis hijos, inventados
en folios ecológicos, comieran
y creciesen fuertes y sanos.
 
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