viernes

Ceci



Sólo me interesa mi chica y no está. Y no sé si estoy vivo o muerto. Sólo sé que la sangre corre, aunque, a veces, pienso que tiende a equivocarse de sentido. Mi cerebro, ahora, es un punto rojo tapado por el exceso de escarcha de una noche helada, sin luna, sin mí. Ella no está por mucho que yo tenga en mi lista de contactos de mi móvil el número de un tipo que asusta a quien te putea poniéndole una pipa en la boca y diciéndole una frase en la que nombra a un santo inexistente.

Sólo me interesa mi chica y no está. Imagino que duerme y en sus sueños aparezco yo, abatido, como estoy. Soy el tronco de un árbol otoñal cuya pobreza se deja abrazar. Me sé besado por el aire mientras espero. Enciendo otro cigarro. La sangre corre y tengo un agujero en la cabeza por el que la luz alumbra mi cráneo. A veces me toco los bordes de ese abismo y noto cómo la paz regresa a casa.

Sólo me interesa mi chica y no está. Y mañana, a lo mejor, tampoco está. Si creyese en el sol metería dos dedos en su llagado y diría: Eres tú. No habría dudas y yo no necesitaría más que reunir el dinero suficiente para disfrutar de un Mc Menú. Enfrente de mí está dios enviando whatsapps. Bajo la mirada cuando coincido con la suya y, al regresar, le veo riendo mientras mira de nuevo, esta vez de soslayo, y puede ver una radiografía en la que aparece mi dolido esqueleto.

Sólo me interesa mi chica y no está. Pienso si le ha pasado algo. Qué tipo de sombra ha secuestrado su figura de mi cerebro. En su lugar hay una rosa de tallo frágil. Intento olerla, pero sé que no puedo. Intento cogerla, pero sé que no puedo. Intento escribirla, pero de nada sirve si mi chica no está.

Sólo me interesa mi chica y no está. No sé en qué país duerme a estas horas en las que sólo yo ando despierto. Puedo notar lo despierto que ando en mi hígado. De veras que puedo. Luego me pongo a dibujar su cara con la intención de suplir su ausencia, pero mis esbozos son los de un niño de tres años. Apenas la veo a ella salvo en el pelo, que se desplaza sobre el papel como nadando en un lago sobre el que no deja de caer nieve.

Sólo me interesa mi chica y no está. He viajado poco. No sé si puede calificárseme como rural, pero es bastante probable. En mi pueblo los arados antiguos continúan en el mismo lugar donde fueron apartados hace veinte años, como yo, coleccionan óxido también durante esta noche fría. Cierro los ojos e intento adivinar en qué mes estamos, en qué año estamos. Mi chica no está ¿Sabes?
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