miércoles

Obama, Ceci y compañía

No puedo con esta colitis. Si en lugar de haber un váter debajo de mi culo hubiese puesto un lienzo ya me habría salido el Number One de Jackson Pollock. En condiciones más normales, cuando mi basura de adentro es dura, hago Davides de Miguel Ángel minimalistas.

De regreso a mi habitación de los libros recuerdo las visitas de mano de mi abuela a Antonio (a quien se le murió un hijo) y su carnicería. ¿Y su nieto qué tal le come? Nah, decía mi abuela, esto es un zaleo que no come nada. Pues hay que comer para estar fuerte, decía Antonio el carnicero. No sé por qué pongo esto, me ha venido a la memoria. Debo ser ya muy mayor. Sobrevivir, ya les he sobrevivido a los dos, claro, y a base de comer bien de carne, no crean que no, bien rojita.

Me vienen pensamientos, cosas. La falta de sueño afecta en ello. Escribo un Whatsapp a mi amor en el que le digo que mi esquizofrenia consiste en hacerme preguntas imposibles y obtener respuestas. Debe de estar durmiendo. Ella, a diferencia mía, trabaja. Quisiera protegerla de todo marrón, de toda inmundicia. Cogerla en mis brazos y quedarme así hasta la muerte de uno de ambos y por extensión de la del otro.

Ayer me quedé viendo la evolución de las elecciones norteamericanas. Admito que pasé miedo, pero finalmente, en los últimos rounds, como quien dice a lo Rocky Balboa, ganó mi preferido, que inspira en mí lo mismo que sus cuatro años de residente en la White house: Una USA sobria y lejana. Por alguna razón me he consentido retransmitirlo a mi manera en facebook. La frase que he elegido para ilustrar el final ha sido: “Finalmente ha ganado Obama, que ha dado con la tecla de cómo se gobierna el país más poderoso del mundo: sentándose a tomar un café (quitando algún viaje a Estocolmo a recoger un premio Nobel inmerecido o anunciando con discreción la ejecución de Ben Laden). Exactamente lo que necesita EEUU y exactamente lo que necesita el resto del mundo. Era fácil imaginar al candidato republicano seguir cierto camino heredado por Bush Junior, al menos en la forma y teniendo en cuenta que era difícil encontrarle un fondo a aquello.” A lo que he añadido entre paréntesis: Enhorabuena a los Lobbies por poder seguir usando una cabeza de turco de color. Aunque lo que de verdad me alegra corazón y estómago es ver, en el noticiario de a continuación, a los gays españoles y sus hijos/as explotando de amor por las calles de Madrid.

Muchas veces Cecilia no está y yo me pregunto qué hacer. Bien, me encuentro escribiendo una novela. Las páginas que van saliendo las comentamos y, al menos, como mínimo, en lo que voy corrigiendo, nos echamos unas risas. En realidad me está saliendo un auténtico drama.
Ahora ella está comiendo brócoli según le sale: crujiente. Y yo espero. Enciendo otro cigarro y, después, pongo en facebook: Ella me obliga a la práctica de aquello de lo que no solamente soy un dueño a secas más que un dueño meramente seductor. El objeto es la novela y ella... ella es extraordinaria.
Para luego regresar a la política o lo que eso sea: ¿Y tú por qué no votas? A veces respondo que es porque leo a Raymond Williams. Otras veces digo que quisiera despertarme un día y ver que Tolstoi se ha presentado a las elecciones. Y otras veces... otras veces digo ¿Cuánto me pagarías? o Ponme una casa en Lavapiés.
Parece que la estoy oyendo: Vota en blanco, me dice ella en mis sueños de noctámbulo medio roto, cosido en su hermosa cabeza. La hermosa cabeza de la mujer que me enseñó a amar.
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