jueves

Nuestras vidas y ellos (finales de verano de 2030)

Imagino que llegamos a viejos y nos seguimos queriendo. Andrés ha salido estudioso mientras Carlota se pasa el día tumbada en el sofá. Yo te digo que he estrenado una dentadura nueva. Tú me la examinas. Estupendo, dientes y muelas nuevas, me dices y besas mi mejilla izquierda. El día es soleado, alegres pajaritos dicen su pío-pío. Le digo a Carlota que si quiere venir conmigo a acompañarme a cortar un poco de leña, pero permanece callada, como casi siempre. A ti, en ese momento, te imagino ocupada en la cocina. Hemos conseguido vivir cómodamente. La casa está bien, en un pueblo alejado del mundanal ruido. Entonces suena el timbre y es Andrés. Dice que hoy tenemos que ver el partido. Le digo que choque los cinco y lo hace. En la cadena suena Golden Slumbers, la primera canción que bailamos agarrados. Ambos estábamos un poco cansados de nuestras vidas ¿Recuerdas? Le digo a Andrés que su hermana no quiere acompañarme a cortar leña y que dentro de poco la necesitaremos. Me dice que está cansado. Todo el puto día se lo pasa jugando al baloncesto.
Finalmente voy yo solo a cortar leña. En el patio encuentro un par de ratas muertas. Están juntas. Por un momento pienso que dios no quiera que seamos eso tú y yo, viejita. Las meto en una bolsa y las llevo al campo donde las dejo al lado de un pino. Luego vuelvo a mi leña ya casi preparada, sólo hace falta cortar cada pequeño tronco en dos partes. Me parece divertidísimo y recuerdo que Andrés se lo pasaba pipa ayudándome cuando era más pequeño. Al terminar vuelvo a casa y te encuentro procurando sacarle una palabra a Carlota a pie del sofá en el que ella se encuentra recostada. No hay manera, te digo, ya se le pasará lo que quiera que sea que le pase. Andrés ha aprovechado a subir a su cuarto. Desde el salón se puede oír esa maldita guitarra eléctrica con la que, día sí y día no, suele martirizar nuestras tranquilas vidas llenas de paz y calor de hogar. Nosotros queríamos que estudiase piano. Desde pequeño demostró que oído no le faltaba. Elegimos que primero usara el instrumento y ya después le fuera dando al solfeo. En qué maldito momento le daría por ese rock tan escandaloso, aunque nos alivia pensar que nosotros también fuimos jóvenes. Vuelves a la cocina y te acompaño. Huele de maravilla, te digo. Tú me preguntas quién es la mejor cocinera del reino y yo hago que lo pienso durante unos segundos hasta que me dices tonto y beso a mi reina. Ese maldito hijo y el puto Smoke on the water. Sé que estás pensando lo mismo que yo. Mientras queda el horno funcionando salimos al salón. Carlota está llorando. Le preguntamos qué le pasa y nos dice que nos vayamos. No sabemos qué hacer con esta chica.
Ya en la comida se sienta con nosotros. ¿Qué te pasa, cariño? Dices ¿Qué te falta? Mi vida son un montón de nervios juntos, responde, y procedemos a comer en silencio.
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