domingo

¿Hay alguien ahí? (El canto del loco cover, perdón por la broma)

Echo mucho de menos a Cecilia cuando no está, ella es mi cartón de necesidad, mi fuego fatuo, mi realidad apenas descubierta y se debe a compromisos para la vida, aburridos, diplomáticos, científicos o pseudocientíficos, con gente de su mundillo a quienes les hago listas interminables de libros “prohibidos”. Y yo busco la pistola. Está descargada. Busco la botella de whisky. Lo han tirado todo (me conformo con grappa, martini seco, tequila, el maldito ron, vodka, ginebra, incluso aquel licor argentino del demonio al que fui adicto una larga época ¿Fernet?, gusanitos de mezcal, incluso el asqueroso licor de hierbas, un sol y sombra sería perfecto, daría mi vida por un trago de absenta). Tengo codeína a mansalva en la botica ahora que lo pienso, pero no voy a recurrir a ella. Busco la posibilidad de crear, pero, a veces, sin Ceci, no sé creer en mí y los chorros de tinta comienzan a embarullarse / trocearse al tiempo que yo en la imagen que emula un folio en el interior de la pantalla ¿Hay alguien ahí?

Pienso en una osamenta despojada del seso que viene a verme y dice, de nuevo, lo que ya sé, que ella no está. Pienso en dormir, pero espero a que la osamenta desaparezca, arrastra la cabeza mientras camina, tiene todo un tajo que le ha cortado las tres cuartas partes del cuello y chorrea sangre dejando la alfombra para el tinte. Se me ocurre arrancársela del todo, pero la gracia que tiene su caminar así es de una belleza que brilla tanto.

Ella es una maestra cirujana, cose cerebros como nadie. Ella puede sola, pero a veces también necesita. Si la vieras. Es el ángel exterminador por el que jamás salgo a la calle aunque sea a echar un pitillo. Ha cambiado los muebles de sitio y confío en que, según el feng shui, no vayan a participar en mi percepción para provocarme una embolia.

Ella le explica a su jefe en este momento que no puede con el estrés. Yo sé que es cierto. Ella viene a mí a decirme que cree en lo que hago. Podría ser yo un adinerado que monta un BMW deportivo con un toque clásico en el verde metalizado que lo recubre, pero no. Ella confía también en salvarse, aunque parezca capaz de resistir una avalancha, y lo es, en ocasiones se le mete arenilla dentro del ojo y no puede con ello. Le devuelve a los dolores que acusaban su pequeñez en un mundo de rascacielos aún por hacer.
Ella es la arquitecta de mi cuerpo y mente. Cuando no está juego a desaparecer cerrando los ojos pero, tarde o temprano, los vuelvo a abrir. Antes de eso me imagino saliendo de dentro de su cuerpo y diciendo: Please!! Mientras un coro imaginado repite lo mismo, a la manera del I´m your man de L. Cohen. Llegado un momento estoy enfrente de ella y la toco el pecho izquierdo para comprobar la fuerza de sus latidos. Una vez instalada ahí mi mano, no sé si estoy abrazando la piel o la carne, el corazón o la lujuria. Doy un beso a su imaginada boca y le pido a ella como deseo para una eternidad en la que es difícil creer. Escribo estos diarios, lo sé, para alargar esa eternidad que no existe, para crear el momento en que ella por fin contesta al teléfono.

Hay otras posibilidades: ir al cine con un amigo a ver la de James Bond, por ejemplo. Pero quedo parado, afuera se oye el pasar de una mula. Me asomo y la veo mientras su dueño la arrea, cargada de paja. Vivo en un antiguo pueblo lleno de encanto. Cuando no soy escritor soy cabrero. En la gran manzana dijeron que era un pobre esquizofrénico, aquí la gente sabe que soy alguien con estudios y mucho mundo. Visito el frutero y cojo una manzana cuyo liso y olor me devuelven a ella. La como despacio. Saboreando. En la cocina. Sé que volverá. Mi vela encendida a la humanidad, mi noria austriaca, mis pasos seguidos por una sombra que no cree ya en mí, pues, como yo, ya sólo cree en ella. Yo sé que volverá. Espero, y el reloj no existe, absolutamente ninguno a lo largo de los salones de este planeta. Tqm. Mientras, escucho los cien mil discos "con mensaje" que te he grabado :P Muak!!
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