viernes

Heaven, I´m in heaven

Aún recuerdo cuando, desde la habitación conjunta, dejaba lágrimas de sangre en la almohada mientras te oía follar con uno y con otro. Me pregunté ¿Tantos kilómetros invertidos en esto? Pero para esa hora ya estaba puesto el desayuno. Casi me quemo la lengua en el primer sorbo de café. Tú dijiste: Quema. Yo te dije que levantaría una ciudad con tu nombre. Aún no he terminado de hacerla. No encuentro al alcalde perfecto. Vosotros hablabais del sabor de su semen. No sabíais que yo, arropado con una manta mientras el café comenzaba a enfriarse, os oía con el dolor de una bestia agazapada por las sombras de una cadena de hierro oxidada. Él se despidió. Me quedé contigo y me sonreíste. Por un momento me vi en Babilonia. Aquellos viejos tiempos no volverán. Todo el mundo lo sabe. Me refiero a todos esos soldados que hacen cola en la portería de abajo. Todos quieren lo mismo de ti. Todos quieren lo mismo de mí. El espectáculo nunca termina cuando la mezcla de dolor y placer es auténtica. Las críticas son excelentes. No ha habido periodicucho que se haya atrevido a bajar una estrella del máximo. Yo lloro. Busco tu llanto en mí, pero enterramos la piedad hace tiempo. Las flores que colocamos encima eran compradas en un chino. Yo soy el único que conoce tu nombre y que te ama como la bestia enjaulada. Hago ciudades con él y escribo historias en las que hablo desde el corazón que guarda. Sabes que la tinta con la que escribo está cargada de sirenas de ambulancia. Es una simple tontería que todo el mundo sabe. Nos duchamos juntos, dejas que eche champú sobre tu pelo, pero siempre que busco tus labios me encuentro con la única excusa que podría venir a cuento. Luego nos vestimos y visitamos tiendas. ¿Así que esto es Estocolmo? Tú te pruebas un par de sombreros. Yo te digo si me gustan o no. Tú no me haces ni caso y todo el mundo lo sabe, pero nadie lo diría ni lo dirá jamás. Te quiero, eres mi único amor. Por ti he sajado mi corazón y he levantado un estadio donde todo el universo cantará al unísono el himno que escribí para ti. Empieza con la palabra Aleluya y termina con la redención del amor, la que tú me has enseñado. La única persona que podía enseñarme. La única a la que amé y amo. Cuando te vas a veces pareces enfadada. Te llamo al trabajo, pero no me pasan contigo. Dicen que tu trabajo es demasiado importante como para entretenerte hablando con un pobre ciego sin remedio. Hoy he abierto los ojos y he visto el camino hacia mi casa. En medio hay un árbol con nuestras iniciales. He entrado y todo estaba tan descuidado. Todo el mundo lo sabe, pero me he sentado y he hecho como si mi corazón estuviese a salvo en ese sitio, cogida mi cabeza por la sombra, me he quitado mi gorra y descalzado. He cantado el himno que te escribí hacia mi adentro y me he visto rodeado por hormigas de todos los tamaños. He sido feliz durante un rato. Luego he vuelto a mirar la casa. Sin ti no es más que un oasis sin agua, pero he de acostumbrarme, como cada día, a que vengas a salvarme. Todo el mundo lo sabe.
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