sábado

Fado de la pesadilla y el juego del amor eterno

Yo le di mi corazón. Ella lo chupó como si se tratase de un Farias. El humo me dio en la cara y sentí frío. Abrí el armario, pero todas las gabardinas estaban hechas de sangre.

Explicaba el maestro Cristóbal Serra que "Blake estuvo siempre fascinado por esa dualidad que subyace en todo. En un poema de los Cantos de inocencia y experiencia, revela precisamente toda la dialéctica oculta de la dualidad. El poema "El terrón y el guijarro" contiene estos versos esclarecedores:

El Amor no trata de contentarse a sí mismo
ni tiene para sí cuidado alguno,
pero, para el otro abdica de su bienestar
y construye un cielo para desesperación del infierno.
Así cantaba un pequeño terrón de arcilla
que las patas del ganado habían pisado
mas un guijarro del arroyo
"

Continúa Serra con Blake "Murmuró estos versos justos:

El Amor busca sólo su propio placer,
y somete a otro a su deleite,
goza al ver perdido el bienestar del otro
y construye un infierno a despecho del cielo
".

A mi manera de ver Cristóbal Serra atina en la esencia de lo que gustaría de explicar a mi hermoso sueño (y digo “mi” porque, al menos en estos escritos yo trato de mi sueño y no de otro que bien pudiera ser también como él mismo, ya que es un gorrioncito suelto volando mientras visiona a sus hermanos de pluma descansar sobre los cables de luz). Intento reconocer el amor en el poema de Blake, en la dualidad de Blake. Al ser la persona una dualidad y juntarse a otra dualidad, bajo pretexto el amor como dualidad, digo yo, algo dará que extraer este macabro juego en el que a veces una luz certera entre cuatro ojos (reflejándose los unos en los otros) lo anula todo. Enciendo mi corazón y me veo desaparecer en forma de humo. Una parte de él vuela hasta su nariz donde sus fosas nasales lo acogen como si de incienso se tratara. Luego estornuda y mi vida queda impregnada en la alfombra que oculta el parqué manchado del salón. Ella se va a volar hacia otro lado y yo, al haber sido desposeído de la voz, sólo sueño:

Días antes unos vándalos forzaron en plena noche la puerta de nuestra casa. Al oírlo me levanté de nuestra cama y fui golpeado por una barra de metal en la cabeza hasta caer al suelo y volver a serlo hasta prácticamente quedar medio muerto. Desde mi posición de muerto oía los gritos de mi amor y veía cómo uno de los vándalos le encañonaba con la boca de una pistola y bajaba sus braguitas para a continuación violarla salvajemente. Intenté levantarme ya sin fuerzas y volví a recibir un golpe de la barra de metal. El mismo tipo que me golpeaba acercó una silla y me ató con un cable telefónico para que contemplara todo lo que él quería. Tras ser violada por un primero entre gritos, un segundo se abalanzó y volvió a violarla. Pasaron quizá veinte minutos en uno solo y así sería cada siguiente. Al violarla el tercero y último, el mismo que no había dejado de golpearme, pidió al primero la pistola. La mirada de ella, perdida, se juntó en algún lugar intermedio con la pérdida de la mía y, al segundo, le fue dado a mi único amor en la cabeza el tiro de gracia. A mí me dejaron vivir a cambio de ver aquello. Mi catatonía, al despertar hacia esta nada, es capaz de abarcar todos los universos juntos.

.

No hay comentarios: