domingo

El canto y la ausencia, la vie

A lo largo de mi vida he salido a menudo cerrando bares, casi inconsciente, peleado con unos camareros que escupían en mi cara mientras yo les amenazaba en vano. A lo largo de mi vida he sido follado por pellejos abiertos de bestias y he hecho como si el dolor de su pija no fuera conmigo, sonriendo inútilmente a una pared. a lo largo de mi vida he pasado largas estancias en centros donde la enajenación reinaba de la mano del caos. A lo largo de mi vida se ha acabado. Dentro de muy poco tendré 36 años y, entre la gracia y el cielo que enseña el llanto, elijo el camino del amor, el camino de la verdad.

Vengo del cumpleaños de mi prima, que también ha resultado algo parecido a una oficialidad de su eterno noviazgo con Guillermo. He comido, lo que viene siendo raro en mí. He acariciado a los dos perros. He bebido tres copas de sidra y dos limoncellos a pesar de mi condición de abstemio. He cantado rancheras, contado chistes, fumado medio paquete de tabaco como mínimo, echado de menos a Cecilia. Durante un instante me he levantado para ir al baño y echaba de menos su presencia en el espejo junto a la mía. Le he escrito un mensaje y he vuelto a la mesa.
He ahuyentado los mimos de mi tía pensando que para algo estaban allí los perros. Últimamente tengo la lágrima fácil. La vida ha venido a mí, en forma de actitud, pongamos, a través de una mujer, y muchas veces esa vida me parece un objeto con el que no sé hacer nada. Termino echándolo al suelo a ver si bota. Luego lo vuelvo a coger, lo acaricio. Me han pedido que vuelva a cantar, pero mi silencio era la justicia que reinaba en mi cerebro y me he excusado. He dicho que me dolía la cabeza. Ay, la sidra. Mi tía me ha dado un espidifen. Luego hemos marchado, después de dar abrazos a todo el mundo.

Llego a casa. Ella tampoco está. Selecciono en el youtube el Caruso interpretado por Pavarotti. Pienso que si dos chicas japonesas se lanzaron por la boca de un volcán activo a la muerte de Rodolfo Valentino ¿Qué no hacer por esta voz? ¿Qué no morirse? Si Cecilia estuviera se lo contaría y mi dolor quedaría plasmado en la fotografía que tiene por cerebro, la sacaría de la ranura de su brillante cabeza y la romperíamos juntos. Bailaríamos alegres y el vino volvería a correr por las mesas, como durante la infancia de un Rimbaud siempre joven y viejo, siempre eterno. Un guiño de Cecilia es aparecer en Charleville, como si usásemos una máquina del tiempo. No quiero jamás desaparecer de ella. No quiero verme dudando sin una manzana, tecleando incoherencias venidas de un planeta que no existe. El único planeta posible está dentro de ella. Sonríe en él fijando mi destino con la facilidad en que, en un día de sol, se fija una sombra en el patio de los antiguos colegios donde, ahora que mi único colegio sale de su boca, jamás retornaré. No volveré a esos castigos. Prefiero cantar en una fiesta:

“De tu puerta a la mía hay que poner una caña
para que corra la leche de mi polla a tu castaña”

Como hice hoy ante la estupefacción de los padres de Guillermo. Sé que es muy bruto, dije cuando me di cuenta de mi provocación, apenas inconsciente, pero es la única jota que me sé. Y es la verdad. La única jota que me sé es esa. No haber pedido jotas. Yo soy un mono que canta lo que le piden dispuesto siempre a satisfacer paladares que se conforman con una voz algo pastosa, cuando no rota.

Cecilia se lleva mi seguridad cuando permanece fuera de mí. Sólo puedo escuchar Caruso, escribirlo y encender cigarros. Ella tiene copias de mi alma en cada bolso. Sabe lo que sueño cuando yo no recuerdo lo que sueño y me lo cuenta detalladamente. Me conoce mucho mejor que yo y, por ello, sin ella pierdo el conocimiento de todo.
Regreso al primer párrafo de esta nota. Recuerdo quién quiero ser en esas palabras y pienso que dormiré hasta que vuelva pues, sin ella, el mundo es una naranja puesta en mi cabeza y debo mantener demasiado el equilibrio para que no caiga y me enseñe la pena que es haber perdido las simples cosas que habitan en un sencillo zumo de nueve de la mañana.

Pájaro con motas grises cerca del pico, yo te necesitaba antes de nacer.
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2 comentarios:

Luna Roi dijo...

¿Te dolió? Si te dolió, ¿aún sonreías? ¿Querías? ¿Te gustó? También es placer. Me gustó. Quise. Ahora, ya no se nada. Me pongo de maría y me compongo yo sola.

Alberto M dijo...

la marihuana siempre es una buena opción, no tengas duda