viernes

Médicos, médicas, esquizofrénia y apnéa del sueño

No era la primera vez que recurría a urgencias. Tras una espera de aproximadamente una hora las escrutadoras gafas de una mujer anodina en bata blanca escrutaban mis informes médicos. Le aseguro que esto no tiene nada que ver con la esquizofrenia, decía yo. Me instalaron unos aparatos y la máquina informó que mi capacidad respiratoria estaba casi al 100%. La espantosa médica me dijo que yo lo que necesitaba era echarme una novia. Intentó hacer de psicóloga dejando claro que no era esa su especialidad. Según avanzaba en sus preguntas hacia la estima que yo podía tener hacia mí mismo yo comenzaba a ver que, entre ella y yo, existían unos barrotes y que era indiferente cuál de ambos sostuviera un plátano en una de sus dos manos. Le dije que me ahogaba en la cama. Como no funcionaba el programa del ordenador ella repetía lo que tecleaba en voz alta. Recuerdo decir: No puedo respirar. Y ella: El paciente estima que no puede respirar. Y yo: No es una estimación, el paciente no puede respirar a secas. Con el tiempo descubrimos que mi caso tenía que ver con apnéas del sueño que, con el tiempo, se me fueron quitando. Hube de poner unas cuñas en las patas de arriba de la cama y todo ese procedimiento. De veras, antes de saberlo, mi versión es que moriría en uno de esos achaques, al intentar levantar el costado para respirar todo el aire que me fuera posible, todo aquel que no había estado respirando antes. La doctora-mono insistió en lo de la novia. Un chico guapo como tú... Me hicieron unos análisis. Intenté bromear con las enfermeras, pero no tuve éxito. A continuación vino un homo erectus con bata verde a ponerme caras. Era el encargado de vigilar mi estabilidad mental. Le miré a los ojos mientras él hacía extrañas cosas, todo ello delante de las enfermeras, que quizá no me habían cogido el temple porque ya había llegado a sus oídos la relación de mi persona con la locura.
Yo estoy loco. A veces estar loco sólo consiste en ver el alma de la gente.
Yo, aparte de conocerte -le dije hace poco a una amiga- y caernos bien, he visto tu música. Una vez Art Pepper llamó a un periodista (Gary Giddins) que había escrito sobre él, con intención de conocerle, pues había quedado impresionado por la mucha información que tenía sobre su vida. El periodista naturalmente fue a la cita y entablaron una tarde de hablar de lo que hablasen. A la muerte de Art Pepper nos encontramos con que Art "escribió" (la escribió su última mujer, él la reprodujo en casettes) la mejor autobiografía de un músico que he leído jamás y Gary Giddins le hace el prólogo. Al final de este dice: claro que no sabía nada sobre él, no le dije que todo lo que escribí estaba en su sonido.
Y eso es todo
También estar loco.
El doctor de la locura procedió a auscultarme y yo, que había optado por tomarme esos cariños excéntricos con tranquilidad, cedí levantándome la camiseta. A ratos me miraba y fingía un tic muy histriónico en los ojos y la nariz. Mi cara era la de una estatua. Quizá no sospechasen que ya había pasado por esas, a veces con la aguja sin incrustar de un suero pegada al brazo izquierdo o con un termómetro bajo el otro brazo mientras oía a un paciente de la salita de al lado renunciar al tratamiento con risperidona (con diferencia el más lamentable de los neurolépticos atípicos que he tomado y podría llegar a tomar cualquier chavalote a quien sus padres llevan al psiquiatra porque le ven abatido y le da por confesar que a veces fuma porros).
Cuando me devolvieron a la consulta de la doctora-mono me dijo que todo estaba bien en mi organismo, que me alegrase. ¿No se me nota la alegría? Dije. No, francamente, me replicó. Y yo dije que ante eso yo nada podía hacer. Hay muchas cosas que puedes hacer, dijo ya con la presencia de mi madre, tu madre me ha dicho que eres todo un artista. Un día podrías hacerme un cuadro, dijo la doctora-mono que, evidentemente, no sabía que mis cuadros costaban dinero, al igual que la atención sanitaria privada. Sonreí, por cortesía e imaginé el cuadro que la regalaría, del que no voy a dar detalles, pues había comprendido que no habían tenido suficiente con mi representación de body art, al igual que mi sensibilidad tampoco había concedido valor alguno a sus dadaísmos.

Al regresar a casa me senté en el sillón y mi abuela, que hoy no está, me dijo que intentara dormir. Tengo miedo de morirme, abuela, si me tumbo, le dije. Lo que son las cosas. Mientras, en la televisión estaban sacando resúmenes de eurovisión. Algo que no era yo ni tampoco mi abuela le fallaba a la vida. Sigo buscándolo aunque, al menos, ya recuperado de aquel tipo de dolencias.
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10 comentarios:

en ver o símil dijo...

clap clap clap

Alberto M dijo...

gracias

Virtudes Montoro López dijo...

"Algo que no era yo ni mi abuela le fallaba a la vida", ahí me detuve, resonado tus palabras como mías y preguntándome, qué falla en la mía si no soy yo...

Alberto M dijo...

sí eres tú, querida, somos nosotros

Sheela dijo...

Yo estoy loco. A veces estar loco sólo consiste en ver el alma de la gente.
Yo, aparte de conocerte -le dije hace poco a una amiga- y caernos bien, he visto tu música.
Cualquier persona sensible podría quererte sólo por estas palabras, así que imagínate lo que se te puede llegar a querer. Porque a estas palabras hemos de sumar tu lealtad, tu nobleza, tu imposible sentido del humor, tu amor-humor infinito por la vida. Tu bondad.
Sabes que soy una tocapelotas y tengo que hacer la crítica: sólo eliminaría la frase final. Creo que: "Algo que no era yo ni tampoco mi abuela le fallaba a la vida" es un final perfecto.
Todos los que te miran con condescendiente desprecio se tragarán algún día su soberbia. Lo sé. En realidad lo supe desde la primera vez que te leí.
Un abrazo y enhorabuena, principito.

Alberto M dijo...

sólo son escritos. en la vida te acostumbras a que te miren como a un subnormal. en la vida te tienes que acostumbrar a todo. Seguiré trabajando gratis para la literatura de altos hornos.

Luna Roi dijo...

¿Dónde estás?

Alberto M dijo...

estoy, estoy, Luna, gracias.
Pero muy flojo para escribir.
Un beso.

Anónimo dijo...

Oye que ha pasado más de un mes!

Alberto M dijo...

volveré, anónimo. ahora estoy en otra cosa pero volveré