domingo

Lavarse la cara en el año 2005

No sé si ya conté en estos diarios el de Esto es un chaval (yo) que entra en un bar, bebe un par de vodkas y empieza a notar que el estómago le da vueltas, a continuación visita el baño y se cierra con pestillo. Tras toser un par de veces con la cara metida en el inodoro empieza a vomitar personitas bien vestidas, muy similares a las sombras desesperadas que dibujaba Kafka en un principio, casi inmediatamente convertidas en esos intrigantes personajes con traje, sombrero y paraguas de Magritte, ingrávidos en medio de una ciudad en la que llueve. Tras tirar de la cadena se empezaron a oír socorros. Después el chaval (yo) se lavó cara y manos, deshizo el pestillo y salió de nuevo al bar donde se encontraba. Creo que no lo había contado, o al menos no había continuado la historia. El chico se sienta en el lugar que hasta entonces había ocupado y pide otro vodka con hielo. Me estoy quitando del alcohol, informa al camarero, que apenas mueve la cabeza en un breve atisbo de un sí. Bueno, piensa el joven, podría haberme ahorrado la explicación, pero supongo que me gusta hablar por hablar. Durante el transcurso del vodka acompaña la tarde con cigarrillos. Es una historia que puede remontarse a 2005, cuando aún se podía fumar en los bares. Enciende uno tras otro. Durante un periodo resuelto en un par de nuevos vodkas y aproximadamente siete cigarrillos, una mano le toca por la espalda. Es una persona que le sonríe. Al cabo de unos segundos responde que efectivamente sí se acuerda de él. Es un antiguo compañero del colegio que le pregunta qué hace. En realidad ambos se lo preguntan. Durante el periodo de un nuevo vodka con hielo, nuestro amigo (yo, lo que probablemente podría excluir el “nos”) y su antiguo compañero hablan de esto y lo otro, de este, aquel y del de más allá hasta que la conversación parece regresar por momentos a puntos donde no hay nada que escarbar. Entonces el chico del vodka le dice a su compañero que trata de dejar de beber e iniciar una nueva vida, que ha conocido a un loco que dice que quiere publicar toda su obra en Siruela o Seix Barral y que eso le puede reportar beneficios. Tose. Le dice a su compañero que antes de que llegara había vomitado a personitas en el váter. Su compañero se ríe. Parece justificada una insensatez así en la imagen que guarda de él. Y durante, pongamos un minuto y medio, la conversación cesa. El compañero de nuestro amigo bebe cerveza y también fuma, pero de liar. Creo que no beberé más, dice nuestro amigo (o vuestro amigo, mejormente). Cóbrame las cañas también, le dice al camarero. Lo siento, dice a su acompañante, me estoy quedando dormido y debo coger un autobús que tarda mucho en llevarme hasta mi casa. Su compañero le dice que va a ir a un concierto de unos amigos suyos cerca del bar donde en ese momento se encuentran, y de paso le dice si quiere tomar un café. Creo que estoy pedo, dice el chico. A continuación inicia un monólogo sobre unos textos de Samuel Beckett que asegura acabar de leer, en este caso referidos a Proust y a Rilke. Aseguraba no estar de acuerdo con Beckett y que no atinaba tampoco a llevarle la contraria. Aunque probablemente los hizo para eso, dijo. Acto seguido se refiere a tres de los versos relacionados a la crítica sobre Rilke, que parte de inicio con los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, la cuál, a su manera de ver en ese instante, es la obra meridiana de Rilke, sobre -dice- la que podrían brincar todas las demás suyas. Los versos (hoy reunidos en Disjecta, Arena libros, 2009) son, cito con el libro delante:

Mit meinem Reifen
Reift
Dein Reich

(Con mi maduración
madura
tu reino).

Aporta las palabras de Beckett recogidas en el ensayo acerca del asunto y dice: Si no hay obra pequeña, tampoco Dios es menor. A continuación eructa y después dice que Johnny Cash es cien mil veces mejor que Bob Dylan.
Sí que vas un poco pedo, sí. Le dice su compañero. A lo que el chico responde: Imagina así cada puto día. Y mientras pone el dinero en la cuenta, hace venir al camarero para que le ponga otro vodka y agregue el precio. Cuando se vuelve a dirigir a su amigo ve que este se encuentra al margen de él, que le llama para decirle que lo de Proust, aquello de Beckett, en cierto modo es muy lúcido y seguramente inspirador para “chusma” como Derrida. Sí, asiente el compañero con intención de despedirse. Antes agradece el encuentro y las cervezas. Nuestro héroe entonces le dice que se vaya a tomar por culo y que siempre ha sido un cabrón. Su compañero sale riendo por la puerta del bar con un gesto de hasta pronto. No volverían a encontrarse hasta años después, en la era facebook, donde no han intercambiado ninguna palabra el uno con el otro. Dice en voz alta algo así como qué cuernos el mundo de la cultura, llamando la atención del camarero, que enseguida retorna a lo suyo. Aún queda medio vaso de vodka cuando decide regresar a los servicios. Tras echar el pestillo se enciende un cigarro para ayudarse a vomitar de nuevo. Esta vez puede ver, ni sorprendido ni su contrario, que lo que sale de su boca son flores. Antes de tirar de la cadena coge una y nota, para luego postergar una breve desilusión, que es artificial. Tras deshacerse de lo que guarda para sí esa imagen y haber tirado de la cadena y haberse lavado la cara compulsivamente, su mente ya habita la parada del autobús donde deberá llegar en metro, la ciudad y sus contornos que, debido a la cogorza, están sin definir. Cuenta las estaciones que ha de recorrer con los dedos de ambas manos y luego ve su cara en el espejo. Es la cara de un triunfador en el mundo de la literatura madrileña, de la literatura española.
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9 comentarios:

Virtudes Montoro López dijo...

Desde la primera palabra me ha enganchado, y aún me cuesta liberarme de la última.
Se me quedó grabada la imagen; veo flores de plástico diluyéndose en el inodoro, como una ofrenda a las personitas que pedían socorro...

Alberto M dijo...

gracias Virtu, guapa. Me vuelvo tarumba escribiéndolos. Cada vez me cuesta más y menos.

Pilar Tejero dijo...

Tenias razón Alberto, es muuuuy bueno... Yo si sé la razón de que tú escribas, escribes porque eres un maestro, porque otros necesitamos tu literatura...
Escribes porque tú eres ESCRITOR.

Alberto M dijo...

es de agradecer, pero sólo es un jobi. Los escritores están en las librerías. Los veo mucho porque compro muchísimos libros. Tengo unos cuantos por leerme. Es vida, a veces dada la vuelta, pero vida

Bob Dylan dijo...

..."¿cuando abrirá los ojos?"
"¿quién él? ¿no lo sabes? está loco
nunca abre los ojos"
"pero seguramente echará de menos el mundo"
"¡na! él vive en su propio mundo"
"entonces debe estar verdaderamente loco"
"está loco sí señor"
y así sobre deslumbrantes calles
y carreteras rurales
escucho cascabeles
tintineos y sonidos metálicos
y a jóvenes vírgenes
campiña adentro
cantar y reír
con voces vacilantes
desvaneciéndose suavemente
me paro y sonrío
y descanso un rato
observando las velas
del atardecer apagarse
inadvertido
inadvertido porque mis ojos están cerrados

Johnny Cash dijo...

Si pudiera comenzar de nuevo, a un millós de millas de aquí, me conservaría a mí mismo, encontraría un camino.

http://www.youtube.com/watch?v=McV7pjwVFbE&feature=related

Alberto M dijo...

hay canción, letra, más hermosa y triste?

Jose dijo...

¿Sin contar con ninguna de las que compusieron los de Zapato Veloz?
Porque la Pandeirada Sideral no es una obra menor...
Un abrazo, solete

Alberto M dijo...

nada, todavía desconozco ese arte.
Un abrazo, facebookero, que estás en el chat todo el rato enviciado