jueves

El año empieza mientras los sueños se comen unos a otros

A veces, en mis sueños, una bomba se desliza de un avión y cae a cámara lenta sobre la casa donde descanso mis labores de jardinero. Abro los ojos en sueños y puedo verla acercarse despacio a través de la ventana, pero no huyo. En lugar de eso bajo a la cocina y me preparo un sándwich con queso y chopped. Desde la ventana de la cocina también se puede ver cómo se acerca ese armatoste que acabará con mi vida, mis libros y todas mis basuras, incluidos mamá y papá que, al contrario que yo, no ven acercarse a eso desde sus inocentes sueños. Sinceramente, en esos ratos no sé qué música poner. Sería sensato despertar a mis padres, vestirme y marcharme. Estaría varios kms lejos de la casa cuando por fin explotase, a salvo, pero no lo hago. Sencillamente hay cosas que tienen el sentido que tienen. Hoy me he despertado y procedo a escribir un post, algo que no hago desde hace tiempo. No sé qué poner. La bomba no está, los pájaros no cantan, hace frío. Es inútil escribir sobre un tema fijado con antelación. Si yo digo que el asesino entró en casa, uno espera que ese asesino haga algo, aunque también se puede salir sin más tras haberse preparado en la cocina del posible asesinado que luego no fue asesinado un sándwich con queso y chopped. Los sueños también funcionan así. Las veces en las que sueño con el asesino hay varias en las que soy yo quien sostiene un cuchillo de cortar jamón en una de mis dos blandas manos. Él se ríe y yo tengo miedo de ser yo el asesino en lugar de él en el preciso momento en que atisbo, tras la ventana del comedor, que una bomba se dirige a cámara lenta hacia la casa. Primero pienso si hacérselo notar al asesino, que está acojonado debajo del sillón suplicando por su vida. En serio, asesino, tú y yo no saldremos vivos de este sueño e imagínate mis padres que están arriba durmiendo, que ni siquiera en este sueño están despiertos... imagínate ellos, quizá me dé tiempo a avisarles ¿No crees, asesino? El asesino no dice nada. Luego noto que se ha meado encima. Vaya un mierda el asesino de mis sueños, joder, parece de la ETA. Le digo que no se vaya en lo que despierto a mis padres pero, cuando subo las escaleras, no reconozco en qué casa estoy, si en la de mi niñez, en la del pueblo o en la de algún amigo de cuando era un adolescente. Intento encontrar los ronquidos de mi padre para dejarme guiar por ellos hasta su posición, pero se disuelven en el entorno, salen de cada maldito cuadro. Rápidamente el GPS de los malos sueños busca la localización de este u otro cuadro. ¿En qué casas con cuadros he estado antes? Piensa el aparato con el que los sueños piensan mientras a través de la misma ventana del principio ve cómo la bomba se aproxima cada vez más. Yo hubo un tiempo en el que era alguien y no me preocupaba ni por mis sueños ni por mis escritos. Con poco dinero me aseguraba mis tres o cuatro polvos, mi par de botellas de vodka. También entonces inventaba asesinos, sólo que, a diferencia de ahora, no sentía compasión por ellos. Yo follaba, joder. Ese aparato se ponía, servía para algo y en verdad a veces se ponía tanto que llegaba hasta mi propia boca. Nos mirábamos de tú a tú y, como todas las parejas, acabábamos discutiendo. Y en verdad a quién correspondería el resto del cuerpo. Eso fue antes de perder la libido, cuando aún tenía interés en el mundo y al ver aproximarse una bomba hacia mis posesiones vitales actuaba en lugar de inventar un asesino patético y prepararme un sándwich de queso y chopped. Al bajar al salón el asesino había recuperado su terror. Yo le dije que tuviera piedad, pero no la tuvo y desperté en mitad de la noche comprobando que no había ninguna bomba cayendo sobre ningún sitio. Mi decepción ha sido notoria. He bajado a la cocina a prepararme un sándwich de queso y chopped y mientras lo comía pensaba en lo estúpida que era mi vida últimamente, una vida en la que ya ni siquiera escribía, por cierto, ni follaba, ni bebía alcohol. En un impulso, tras haber terminado mi sándwich, me he afeitado una barba de cuatro meses empeorando con ello mi imagen, consiguiendo en el espejo a un capellán que de vez en cuando es travieso con sus discípulos. He pensado que habré de adelgazar para el nuevo año que ya ha empezado. 2012, salvo en sueños, no me dice nada. Permanece bajo el sillón como el asesino del principio. Yo tengo un cuchillo de cortar jamón en una de mis dos blandas manos y... ahí está él, deletreando las palabras: por favor, no lo hagas.
Sí, lo sé, no debí haberme puesto a escribir hoy. Quizá... si la vida fuera mejor que las letras... Y por cierto, odio los puntos suspensivos.
.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues yo me pondría "Into the sun" de The White Buffalo mientras me como el sandwich frente a la ventana, y a esperar. Puntos suspensivos.

Patxi.

Alberto M dijo...

no los conozco a esos, Patxi. Un beso

Marisa dijo...

No te fies del "armatoste que entra por la ventana", no es lo peor que pueda acabar con tu vida, Puede acabar con tu ilusióny oras muchas cosas-
Es muy bueno lo que escribes pero te veo excepcionalmente triste. Cuídate y quiérete.

Ly Rubio dijo...

Sueño con jaguares colgados de la luna, mariposas que se transforman en mascara y cubren el cielo, uso puntos suspensivos cuando entre bruma el sueño se desvanece, y ahora al leerte me pregunto desde este lado del mar cuando comeré un sándwich de queso y chopped? Creo que cuando sepa bien a bien que es "chopped" ó el jaguar se descuelgue de la luna y me lo explique,... (sorry por los puntos) Me encanta leerte, saludos :)

Anónimo dijo...

Alberto, continúa escribiendo, venga