sábado

Dream a little dream of me

Ella estaba enfrente mía esta tarde. Hablábamos en inglés (my poor english) mientras tomábamos café en un bar chic del centro. Al salir de los baños había un espejo gigante. Cuando ella salía de hacer sus cosas se miraba en él ladeando las caderas, se ajustaba la mini y la visión de sus medias estrangulaba la noción, cada vez más creciente, de que yo era feo a mis propios ojos por quedarme parado, sin dar un paso hacia delante ni hacia atrás. En las fotos que hicimos con mi móvil aparece mi cara junto a la suya. No parece infeliz. Yo salgo con los ojos cerrados debido al flash. La despedida ha sido floja. En el autobús he cerrado los ojos tan fuerte que han caído hacia dentro dejando las cuencas al aire. Ahora comen de mis intestinos junto con otros animales, pequeñas criaturas ciegas. Al lado suyo los pájaros lloran. Yo no puedo olvidar, pero sólo recuerdo un tiovivo donde cantaba, de niño, mi crecimiento, con todas sus vicisitudes a flor de piel. En un descuido la he robado un beso que no ha sabido a nada. Después se ha reído, ocultando sus dientes extra-blancos con la mano. He salido a la calle a encender un cigarro que tampoco ha sabido a nada. Mientras se consumía podía ver cómo gemía últimas palabras. No he querido hacerlas caso y he vuelto a mi hogar frente a ella. Yo era un paleto recién salido de su choza del pueblo. Me cuesta escribir, ya he dicho que sólo recuerdo un tiovivo, pero la imagen del cigarro acabándose me ha venido bien y no me apetece meterme en la cama, al menos hasta que las drogas que he usado empiecen a surtir efecto. En mi inglés no había hueco para escritores favoritos, la belleza me pedía perdón de rodillas. Sólo asesinarla podría ahorrarme la vergüenza de que sólo existo a los ojos de la caridad. Mi tía, mi padre, mi loro, los putos libros y la música, que no suele servir para nada. Las top models filipinas doctoradas en turismo son muy simpáticas. He intentado reírme de algo que no fuera mi cara de nada y, al no conseguirlo, he pedido otro whisky calculando que tenía dinero suficiente para pagarlo todo. Me han subido en diez euros la ayuda del estado (dos whiskies en honor a nuestro gobierno). Mi enferma mente ve en eso la posibilidad de ahogarse en uno de esos vasos anchos. Ella jugueteaba con su aparato móvil mientras yo era la mosca que se ha metido dentro de mi vaso y no sabe salir, pero mis lágrimas todavía estaban allí en mi intento de no hacerlas demasiado caso. Luego me ha dicho que me enseñaría a bailar. Me ha acompañado a la librería, luego se ha marchado y mis rotas piernas, que debían desplazarse hacia otro lado, decoraban, en un visón improvisado, su cuello en lo que yo buscaba que se girase para mirar mi existencia por última vez, aunque hayamos quedado para otro día. A mí me gusta darles la patada yo a las chicas guapas, pero no he sabido. Comprimir en mi mente su cara y someterla a la muerte por ahogamiento, todo repentino. Un infarto de cara y al día siguiente al bar del tanatorio a beber con mis demás amigos, también humillados. La humillación une tanto. Quizás no debía decir que mi pene no cabe en sus putas islas, que tienen que adherirlas todas con pegamento imedio para que yo pueda sacármela y mear en tierra firme. El pobre océano ha dicho mi nombre y yo he despertado, con los ojos hacia dentro, en el autobús que me conduce hacia mi pueblo de mierda, hacia mi casa de mierda, con sus buenos días y buenas noches y, gracias a dios, el café y estos malditos cigarros que se consumen diciendo incoherencias. Mañana tengo cosas que hacer como sacar basura del porche, arreglar flores. Quedaré dormido junto a un tallo y soñaré con unos monstruos amables que se coman mi corazón sin que, al menos, no salga ni una sola palabra de su boca. Hoy no me he enterado de las noticias. Con una pequeña muerte caminando delante de mí es suficiente. Es tarde, pero me gustaría decirle unas palabras a la vida, que es cualquier cosa que se encuentre enfrente tuya. Me gustaría decir hola de nuevo, coger el vaso ancho con el pulgar y el índice de la mano derecha y después, después qué sentido tiene hablar. La noche ha caído sobre mí y mis recuperados ojos están en medio de su oscuridad pidiendo auxilio. ¿Mancillar otro cadáver? Quizás otro día, cuando regrese.
.

8 comentarios:

Ly Rubio dijo...

No hay nada más terrible que quedarse con los ojos viendo hacia dentro, urgando entre los intestinos, haciendo como que ves algo, que lucha por salir y decirle al mundo, estoy aquí, solo para darte cuenta que lo saben, que te esperan, que te extrañan, justo ahí en medio de la oscuridad al regresar... (Disculpa por los puntos:) Que tengas un buen domingo.

Alberto M dijo...

gracias guapa

Marisa dijo...

Muy bueno Alberto.
No des patadas a las chicas guapas y ya puestos ni a las feas, ámalas a todas.
Sigue escribiendo.

Alberto M dijo...

ay, el amor

Jose dijo...

Imagínate, ella dentro de esos ojos tuyos intentanto saber qué dicen de ella. Hiciste bien en dejar que el próximo cadáver siga siendo exquisito. No hay nada más feliz bajo la tierra.

Alberto M dijo...

sobre la tierra en cambio hay un atleti de Cholo que le ha metido un buen lechazo a la Lazio, amigo!

jal dijo...

Atleetiiii, atletiiii, atletico de madríiiiiii...
;)

jal dijo...

Atleetiiii, atletiiii, atletiico de madríiiiii...
;)