martes

La llegada al poder de Miliquito

Miliquito y sus socios de Médico de familia ya gobiernan el país, y han empezado su política de recortes por las tetas de María José Cantudo.
Yo les voté cuando sus sonrisas representaban a la nueva Logse de España.

Él y ella, yo creo, tenían buenas intenciones, aunque la chica les salió rana. A los 12 tuvo su primer aborto. Se lo había hecho un idiota con dos años de edad mentales. La familia de Miliquito lo encubrió y todos nos fuimos con ellos por España a la gira 15-M, que consistía en repartir panfletos que contuviesen la palabra Indignación por los bares de la plaza de San Ildefonso.
Yo, por un momento, pensé (ya sé que era mucho pensar), pero no podía imaginar que, por mucho que fueran mal las cosas, Emilio Aragón pudiera terminar como Gaddafi.

La familia se separó. Corrían rumores de que ella se había operado los glúteos y que había un inversor coreano de por medio. Los dos chicos medianos seguían con la cara con la que salían en la serie aunque ya se habían presentado a la selectividad. El mayor, mientras, escuchaba la canción de Me pongo calentito cuando voy con la moto y recorría la noche de farola en farola. Cortaba cocaína que robaba al abuelo Miliqui en los rincones para sus profesores de instituto a cambio de cromos de basket. No aprobó, ni pasó la primera selección para el acceso al examen de idiomas.
Miliquito volvió a presentarse en marzo. Tras pasar unas diapositivas del horror de Atocha puso una del trío de las Azores comiendo caviar juntos de la misma cuchara y dijo que España iba a dejar de ser un escaparate de subnormales. Y luego sonrió. La gente no sabía qué hacer, si aplaudir o rajarle. La separación de Lidia le había dejado muy afectado. Había mañanas en las que se quedaba en la cama, dejando la consulta vacía.
La consulta de Miliquito vacía era una exportación del Sahara a la Gran Vía. Pero la gente quería el Sahara en el Sahara y que, en la Gran Vía, las tiendas tuviesen cosas a buen precio. Joder, yo hacía dos años que no iba al Fnac ese. Tarjetas de crédito como la mía sirven para que el mayor de los Miliquito conserve su puesto de vigía en Afganistán. Lo dice Willy Toledo en su último libro, leche, no es que lo diga yo.

Médico de familia era una rodilla que dejaba de doler porque Miliquito te hacía un levanta y vuelve a sentarte y se te curaba la ceguera. Entonces, salías de la consulta y le votabas. Él decía España, con el tiempo, agradecerá esto, buen ciudadano.

Así, por lo pronto, no creo que Miliquito vaya a volver a dejar fumar en los bares. Es una cosa que me da a mí. Fumar no es de centro, se ha convertido en algo muy radical. Extorsión, camellos, trena y el 80% en. Tiemblo cuando enciendo un Ducados Rubio. Un holograma de Emilio Aragón sale en mi mente y me dice que, ya puestos a joder, me pase al mentolado.
Recuerdo vagamente lo que era comer caliente. Aquellos guisos. Miliquito... yo creo que Miliquito piensa en mí por las noches o algo.

¿Para qué tanta España si mandas en La sexta? 
Algo habrá detrás.
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4 comentarios:

Marisa dijo...

Alberto, yo no he visto la serie, pero tu descripción me basta y me sobra para ponerme los pelos mas de punta (si eso es posible) de lo que en mí es natural.
El criminal siempre vuelve al lugar del crimen.
Por la tarde lo leeré mas detenidamente, ahora estoy empanada.

Óscar R. Cardeñosa dijo...

Genial

Alberto M dijo...

yo esto, chicos, lo escribí muy empanao con el café con leche. Eran cosas que recordaba de lo que había soñado.
Abrazos

Anónimo dijo...

¡Bravo!