domingo

el santo café de madrugada, con whisky

Un acólito loco me pregunta por mi relación con la realidad, al parecer es un estudioso de mi célebre blog que no tiene nada que ganar ni nada que perder. Mientras me sirvo leche y whisky contesto a sus preguntas que, según asegura, van a ir a parar a una feria muy prestigiosa. La pregunta del millón, asegura, es sobre la relación de mis obras con la realidad. Yo me limito a contestar cualquier cosa como por ejemplo:
De hecho mi trabajo con lo único que guarda relación es con la realidad. Almaceno pequeñas y grandes palabras y las esparzo por el papel, sueltas y libres, luego voy dándoles una forma a través de varias. Todas ellas terminan aglutinándose en un montón de polvo que vuela a poco que le acerques un ventilador en marcha. Esas motas de polvo, tras el efecto ventilador, quedan esparcidas a su vez al azar en mi lugar de trabajo. Cada una de ellas es la realidad. Por eso las fotografío, para iniciar a través de cada mota otro nuevo montón con el cual repetir de nuevo la jugada. Lo que quiero decir es que a raíz del primer montón de realidad el trabajo está hecho solo.
En esta descripción a petición de hoy he introducido el milagro de la fotografía del cual no soy excesivamente fan. Sólo lo fui en los quinces de agosto en Valseca, donde fotografiaba los puñados de cosas que no habían cambiado desde que yo los recordaba por primera vez. Eran muchos y seguro que seguirán siéndolo cada nuevo 15 de agosto. Un 15 de agosto fui a enterrar a mi primo pequeño y me dejé de fotos. La realidad supera a las fotografías. Poco antes mi abuela había cedido también a la muerte y, con ella, Valseca, en lo que se refiere a mi interacción y verdad allí. He hecho, desde entonces, alguna visita esporádica. He adentrado mis pertenencias en una realidad mordida por un perro tuerto y he encontrado restos míos bien en el bar bien en la piscina, flotando, como trozos de corcho.
Entre medias los hospitales han ocupado mi atención. Sus camas mojadas en parte por orín mío. Sus enfermeras medio monjas y otra que venía a dar charla a moribundos con su sonrisa de veinticinco pesetas la hora.
Ahora estoy aquí, encerrado en un disco de John Cale y a expensas de una mariposa que revolotea la habitación, al posarse en mi mano dejo de teclear y mis pensamientos se dirigen hacia nada. La nada es muy productiva y, mientras la mariposa descansa, palmea sus alas en un aplauso sordo que me hace. Salen de los armarios cada dos o tres días. El resto son mis huesos muertos de frío, mi leche con café y mi whisky. Juntos llegaremos al final del escrito y este no tendrá por qué desvelar nada de nosotros.
De Valseca recuerdo el olor a pintura reciente en la ropa de Gloria y su comisura rodeada de mora en los septiembres. Me dijo que no cuando yo dije que sí, que venga. Y luego las nubes se pusieron sobre mi palabra no permitiendo que el sol las contemplase, y allí se quedaron, en una mala borrasca entre medias del cielo y el camino que ella emprendió hacia seguramente su casa o donde coño fuera. He estado tan pocas veces enamorado.
Pero estaba hablando de la realidad. Aparte de dar mis clases para el ayuntamiento también presentaré un libro este miércoles, Cristo en Uyuni de Javier Palencia. Lo he leído esta tarde y me hubiera gustado escribirlo a mí. Unos desgraciados sacan del hueco de sus uñas las historias y a ellas acude Cristo, que es una estrella de la televisión privada. La lástima es que sea un poemario. No sabré qué decir el miércoles en la Marabunta. Afuera huele a una lluvia que no ha habido, yo hablo con amores de todas las especies. Sin ir más lejos, hoy he seguido los rastros de sangre de un perro que había sido atacado por otros perros, una vez dado con él lo he traído en brazos hasta casa y le he puesto algodones con agua oxigenada en el morro. Le he dado galletas y le he dejado marchar. Creo que sigue adormilado a la entrada de mi casa, pero no es mi problema. No quiero encariñarme. Conocerá el mal de hoy y la caridad. Y conocerá la nada llena de nada que viene después. El cielo se volverá a cerrar y las palabras no habrá quién coño las vea, consumidas de ya por los rayos de un sol que no perdona. Eso es lo que he querido añadir a mi redacción acerca de la realidad. Pero no lo he hecho. Estoy con mi whisky, mi café y mis palabras y pronto llegará la cama, húmeda y con una buena manta y, detrás suyo, sueños que no sé de quién son hasta el día siguiente en el mismo momento en que repito este día, paso por paso.
.

5 comentarios:

Marisa dijo...

..."conocerá hoy el mal, la caridad y la nada que viene después"

Genial, Alberto

Alberto M dijo...

gracias, Marisa

Anónimo dijo...

Por fin, la libertad.
Todo lo que leo me encierra.
Pero estas dos cosas que he leído...

Soy El Hombre Que Tiene Buen Gusto y tú eres la hostia.

Gracias.

Alberto M dijo...

de nada

Federico Poli dijo...

Maestro, Albertito (si me permite el diminutivo), sos lo más parecido a Onetti que existe. Y lo de más parecido a Onetti, es el mayor halago que pueda hacer yo. En realidad, tal vez seas más grande, en poco tiempo, cuando se publique tu obra. (U Onetti fue lo más parecido a Albertito que existe?)Abrazote,

F Poli