domingo

Cualquiera

No duermo.
Mientras, veo pasar los barcos de la noche por la bahía de la cocina. Enciendo otro café mientras inserto en el microondas los restos de una bolsa de tabaco Pueblo. Apenas doy, efectivamente, abasto. Hablo con Charly (mi loro) de discos y libros. Películas con finales o sin ellos. La luz blanca describe paraísos perfectos reflejada en el hule de la mesa donde devoro congelados y comida recalentada, en una especie de piara en la que yo me represento a mí y a todos mis compañeros. El escondite es la hormiga que pasa de tecla en tecla mientras yo dudo entre el sol o esta sombra en la que me mantengo despierto con un rifle cargado de amigos que no existen y de los cuales hablo con Charly. Él tiene sus opiniones y... yo soy muy influenciable. Detrás están los sonidos de la cama, abierta y desvencijada como basura que no hay quien se haya acercado a recoger. Algunos restos se esparcen y abarcan la ropa de los armarios, por ejemplo, o la casi totalidad de algunos electrodomésticos. De vez en vez se hace el silencio. No deja de ser una maravilla breve donde quedarse a vivir acurrucado y vivo con los ojos semiabiertos.

Acabo Wyoming de Barry Gifford (Emecé, 2003), una fábula donde los trayectos acaban y se reanudan en el tiempo de un par de páginas. Una madre y su pequeño conversan en un coche camino del final de la historia, pero también de su principio.
Leo a Flannery O´Connor, a Donald Barthelme, a Harold Brodkey (Es peligroso ser tan buen escritor como yo), a John Dos Passos... de afuera me llegan los ronquidos de la gente que hace vida en el pozo de mi descuidado jardín, abundante en diente de león, algún que otro cardo, huesos de pollo, peluches descoloridos y otros juguetes de perro. A veces viene a verme. Se llama Trasgu. Yo no le puse así. Pero me da lo mismo.

Hoy no comí solo, por lo que fue tremendamente aburrida la conciencia (descrita como “Estado mórbido del estómago que afecta a la materia gris del cerebro y produce confusión mental” por Ambroise Bierce en su Diccionario del diablo) acerca de las plazas colindantes.
No ocurre nada, me dije otra vez antes de que el autobús saliera, en el tiempo del café, mientras mi núcleo de vacío no paraba de restregarse en cada elemento disponible apenas parecido a una fregona en el desierto y que ven su continuación en esos oasis preparados por la imaginación de un caballo que deambula a orillas de su propia caída.
Finalmente cogí el autobús, realicé llamadas telefónicas y luego Madrid era una ovulación de cielo y nervio.
Estuve con amigos, de nuevo, pendiente del reloj. Y mucho más tarde acá, cercano a una botella ancha vacía, los libros nombrados más atrás, el humo que sale de la cigarrera creando lazos perfectos y, mientras tecleo, me miro los zapatos consciente de que está empezando un nuevo día y de que mi sobriedad, a pesar del barro de las suelas y de la nocturnidad, está intacta. Si me pusieran en lo alto de una torre y sujetasen con dos alas de cebolla daría las horas en su momento. No obstante de vez en vez miro el reloj y, por no ceder ante una pereza mayor, me permito la sorpresa.
La vida no es mucho más que este día.

Enciendo otro arbusto. Me alivia la imagen de que los receptores neuronales tengan forma de estrellas, de que sea viable observar en su imagen un trazo maestro de vía láctea, que todo ese mecanismo eléctrico funcione de manera parecida a los paisajes que veo cuando apenas se ve nada más allá de esta ventana. Incluso bajar la persiana le debe algo a esos vicios. Algo prevalece cuando los restos de un todo se sumergen en la oscuridad definitiva. Se puede ver a esos amigos, esa gente oscura en resumidas cuentas, pidiendo una caña en el bar del tanatorio. Y, por otro lado, culminar el trabajo de la respiración es un sueño al alcance de todos o, como quien dice, de cualquiera.  
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2 comentarios:

sinsuenyo dijo...

Yo tampoco duermo. Me gusta tu manera de escribir, es diferente a la mierda que hay flotando en la red. Oye mírate eso de hablar con un loro, yo lo hago con las cornisas y me miran raro.
Saludos

Alberto M dijo...

Saludos. Me han gustado mucho los escritos que acabo de leer de tu blog.