jueves

La corriente de las cosas

"La historia es una aguja
para dormir a los hombres
ungida con el veneno
de todo lo que desean preservar"
(L. Cohen).

Alguien abrió la apertura del estanque de mi vida y esta fue saliendo a chorros poniendo la habitación perdida de algas y esos peces rojos con los que sueño quedaron panza arriba suspirando mientras unos niños intentaban, torpemente, recogerlos, confiarles más tiempo de vida en alguna otra inmensidad. Mi vida salió por debajo de la puerta y continuó su camino, primero a lo largo de la cocina donde un vecino veía el televisor y alzaba los pies para no mojarse las zapatillas. Luego, ya en la calle, esa vida continuó cruzando una carretera sin estar agarrada a la mano de mamá cuando me recuerdo yendo a la guardería en un pueblo lleno de peñascos y tiendas llamado Móstoles. Los neumáticos de los coches modelaban la forma del agua y desplazaban parte de ella. Es por eso que creo haber tenido la sensación de haber vivido en distintos lugares, y también en distintas charcas, al mismo tiempo.

Mientras corría a toda velocidad se me unía la lluvia y quedaban pegados a mí otros seres. Yo les dije que provenía de un estanque, ese estanque con peces que había en mi casa antes incluso de que yo naciera. Dijeron que cada uno era cada uno, me preguntaron si tenía número de la seguridad social, si cobraba paro y esas cosas. Yo recordaba un pez comiéndose a otro en el medio de mi corazón, que era algo que no decía “no” a nada. En las alcantarillas hace calor, dijo otro de los seres. Allí abajo nos costaba distinguirnos porque apenas entraba luz de afuera. “Es como si siempre fuera de noche” se oyó entre la multitud de gotas pegadas y, sin descanso, andantes.

Lo siguiente que recuerdo es un río. Abajo nuestro había zapatos y carros de la compra oxidados. Los vecinos se sentaban en la orilla y nos contemplaban movernos. Es una de las cosas más idiotas que he tenido que contemplar en mi vida.

También recuerdo las cosquillas de un bruto nadándome. Formar parte de las demás gotas de agua es una experiencia que dura toda una vida. El despertador no suena nunca. Nuestra vida es una fiesta hasta que nos rompemos en la orilla de algún mar muchos años después. Las depuradoras son también una fiesta y los cuerpos de la gente, todas las cosas están rodeadas de fuegos artificiales que hemos apagado dentro de nuestra organización de sueños S. A.

Mamá me despertó para ir al colegio, pero le dije que tenía una herida en un dedo. Me la besó y dijo que se me curaría.
Pronto serían vacaciones. Me recuerdo en ellas. Mi tía y mi tío habían alquilado un apartamento en Alicante. Yo estaba en una terraza comiendo un helado. Una noche vimos una película de un niño que se mató por jugar con pistolas. Al día siguiente me buscaron por toda la playa. Yo me fui a andar o algo. Recuerdo todo esto que digo, más o menos, y también que no había día en que me librara de la maldita siesta esa. Finalmente volví a Valseca con mis abuelos, que me preguntaron que qué tal me lo había pasado. Y cosas así.
Un niño intenta recordarse todo el rato, siempre y, cuando se choca con el miedo, se para un momento antes de volver a abrir los ojos, creo.
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2 comentarios:

Gilles dijo...

Me gusta.

Bellaluna dijo...

Los recuerdos de la infancia lo son si la infancia fue hermosa. La mía fue de niña bien, vacía y aislada. De mierda. Luego, claro, cuesta ser mas joven que tu cabeza...