viernes

Vida laboral de un lector

Sentado en la cocina cerca del periódico de ayer y con galleta María Fontaneda mordisqueada. Esto anterior es el título de un cuadro en el que aparezco yo retratado. El resto es todos los océanos en orden dentro de mi cerebro y una hormiga sobre la mesa dibujando en su recorrido una letra que, en ese momento, como buen catador de este tipo de nadas, procuro descifrar mientras el café se está haciendo.
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El árbol de enfrente mola. En un lado recibe luz y en otro sombra. La casa de enfrente mola. Unas veces algunas ventanas que ayer estaban cerradas al día siguiente están abiertas. El café mola, ahora mismo daría mis labios porque estuviera ya listo. No tengo riñones ni corazón. Voy a vomitar un cuatro de bastos sobre la alfombra de esta límpida mañana, aunque sea de noche cuando consiga voltear la carta.

Espero un correo del ayuntamiento con la fecha de lunes y la hora a la que habré de presentarme. Un ciempiés asoma por entre mi barba camino del cuello del pijama que a estas horas llevo puesto. Lo despego con dos dedos mientras continúo en mi sala de espera, repleta de libros jugando. A ratos entro en el facebook, curioso programita, inútil e hipnótico, mágico como un estante de voces a la salida de un establo. Los avances, en general, se miden en múltiples nuevas maneras donde donar tiempo. La nada es el estilo, y está repleto de nada que, al final, como cualquier otra excusa basada en la duración, desemboca en la nada. Detrás de la pantalla finalmente lo que había no era un ser humano sino un puñado de tuercas girando en diferentes direcciones, a diferentes velocidades. El caos es sólo otro pasadizo con acceso a los sótanos donde uno se encuentra domeñando el lugar del perfecto silencio, la noche del ángel dormido. Esos sótanos soy yo. Se lo he tenido que explicar a una señora que permanecía atenta a mi narración y que, a través de la red, me había confundido con un escritor. Un escritor, he añadido, es cualquier idiota en manos de otro. Sinceramente, he dicho haciendo la seña del sí y dando el primer tiento al cafetillo, que ya se encuentra sobre la mesa.

En lugar de un correo he recibido una llamada. La voz del otro lado me ha explicado que quiere proyectos. Proyectos literarios ¿Qué es? Quizá lo de menos sea que he de llevarlos por escrito en una carpetita. No voy a hacerlo. La propia pregunta es el proyecto ¿Quién más no lo ve?


Esto es de locos.
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5 comentarios:

Bellaluna dijo...

No te fíes: de los ayuntamientos, de los insectos, de las galletas maría (¿son las redondas, verdad?), en ese orden.

Alberto M dijo...

son las redondas, sí, las que hablan

Bellaluna dijo...

No las escuches: mienten

meim dijo...

Besitos a ambos.
meim

Alberto M dijo...

yo creo que sería buena cosa follar los tres.