sábado

September song


Me han dicho que me van a regalar un Olimpo. Que seré alguien o algo. Que saldré de esta casa.

Me han dicho que, al final del camino, hay amigos de la infancia esperándome. Están en la piscina del barrio jugando a las cartas de las estrellas de la NBA.

Me han dicho que también vendrán los de mi pueblo, todos aquellos que aplaudieron mis obras cuando yo era artista. Me saludarán y abrazarán y dirán que soy grande, sí, este es el chico de la Ciriaca dirán lanzando su voz hacia los corralones donde perdí la virginidad de niño con la rara del lugar, que se fue a otro pueblo y no volvió.

Al final todos huyen como ratas al unísono en que se apaga el eco de mi eructo, diría, si me sintiese con ganas de eructar algo que no fueran mis graciosas y tristes palabras. Mis libros ¡todos mis libros! son eso, el mundo acabado en un folio, renovado en uno nuevo bajo la perspectiva de otro intérprete, también yoísta, poco genial, apenas trabajador del talento cada día de la vida.
Y tú puedes quedarte con todas mis cartas de amor. Dentro del sobre hay nerviosas abejas libando de esa nada, aprendiendo a poner caras de asco. Ellas son las gotas de agua que finalizan en tus manos cuando llueve, y luego el suspiro de cada noche en que me sale el contestador de tu teléfono donde oigo tu voz diciendo tu nombre, y no eres otra cosa que tu nombre en esas noches en que yo medro ante mi particular pozo de basura que habría de ir menguando en la medida en que me arropo aproximadamente a las seis de la mañana (aún no es la hora del trabajo), tratando de localizar una voz que bien podría estar enterrada encima de la mía, compinche del silencio de ambos lados de la línea. Ambos, las dos voces y el silencio se agarran de las manos y salen a ver el otoño que viene al abrigo de un verano que nunca ha tenido sentido.

Apenas conservo recuerdos del hospital, los gritos de algunos pacientes me aquejan como antaño los de los cochinillos en el mismo medio minuto de la castración, y hay sangre en mi almohada y moscas posadas sobre ella. Entornando los ojos en el espejo del baño veo la claridad del fondo, donde apenas se distingue una lata de desodorante de bola, y el resto son trozos sueltos de yo que operan como esas monedas sobrantes del súper de uno y dos céntimos y, todo ello, podría decir, hace un Francis Bacon. Fue en uno de esos momentos de confusión cuando me afeité una barba y me arranqué unos mechones que, al igual que la barba, me han vuelto a salir. Cuando recobré el sentido apagué el agua de la ducha, que salía helada y a raudales, y, a través de la luz blanca, vi un santo -feo- de Fra Angélico diciéndome hasta pronto. En cuanto tuve ocasión (no nos permitían tener aparato móvil) te llamé y te dije que eras diferente a mis otras amigas. Así, como si fueras amiga mía y no un pellejo ofrecido a mi fortuna para que lo estrelle y acaricie como hago con los animales de compañía, incluidas dos ratas, que vienen a mí o a la casa, a vivir junto con alguno de ese par de siniestros, catadores de mundo en la intimidad al tiempo que leen las letras gordas de un periódico, indiferentemente de hoy o de otro día. (O de mañana, quién sabe).

Hoy hemos venido a Charleville a visitar algo que quedase de la mirada de Rimbaud. (Creía, por los libros, que se trataba de un pueblo más pequeño). Yo la mirada la he visto en un ojo de carnero. He estado por tomar apuntes para mis novelas (No estoy moviendo mis escritos. Sin embargo siempre me apetece que los lean mis amigos. Tampoco me comprendo del todo a mí sin ellos. Son yo, mi vanidad y un perro que viene detrás de ti por la calle porque tienes un bocadillo. Debería abandonarlos, pero es que me quiero enterar de quién soy yo amigo, si es que de veras soy amigo mío). Tú no has dicho nada. Hemos vuelto a París (pensamos si dirigirnos a Bruselas también, qué más daba) a través de una conversación con el motor del coche. El hotel no está mal. En los restaurantes a los que vamos señalo platos de precio medio. Siempre tengo miedo de que nos claven. Quiero jugar con aquel niño oscuro que quiso cortarse el corazón en alta mar.
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4 comentarios:

Sheela dijo...

Prácticamente está organizado el viaje.

Sheela dijo...

Bien!! Has empezado a decir qué ocurre en esa cabeza ( Has reculado, pero bueno )...Vuelve!!!

Alberto M dijo...

quiero ir a Charleville contigo! A París no es nada necesario.

Guns N' Roses dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=8SbUC-UaAxE

Felicidades, maestro