martes

Diarios neurolépticos uno (en los que resumo lo que tengo en mi no-cabeza)


Es necesario distanciarse en exceso de la campana. El sonido es el de una boca titilante que agoniza bajo la sabia membrana que, en este caso, adopta la imagen de una nuez. La puta, dijo Juana la Loca, simplemente hace de tripas corazón. No desfallecerá ante el apetito si el no apetito la devora antes (los no apetitos sólo dan palmaditas secas de a tres en el teatro), nos recuerda JLC. El desierto se hace eco del sonido del principio y come peras mientras espera parir, desde su ano, otro oasis. No, dijo el sabio en una de sus habituales erecciones, sólo es una visión del mundo. Pero, recuerda Artaud en el prefacio de El teatro y su doble, lo importante es comer la pera. O la manzana. O la voluta de pan. O lo que sea eso. Las ganas de hacerlo son el espectador que dice sí desde su poyete. La puta, mientras es eyaculada, acaricia esa dulce fresa que es su melondro. No respira por un momento. Ha de regresar. Decirle que se ponga los pantalones. Sólo hace, y con esto vuelvo a Juana la loca, de tripas corazón (regla). La campana de la puta tiene procesiones de gente normal descalza que jadea dándose con el cinturón en la espalda. No son ángeles precisamente. Bueno sí, pero de otra forma. He aquí la necesaria castración, la necesaria ablación. El cortejo, en estos momentos, en los que Mizlar y Pretra se abrazan bajo una luna llorosa, es infalible. Oh, se dicen el uno al otro, a estas horas es probable que mi padre esté llegando a casa. Es tan difícil sacarlo de la cantina. Así es: El mundo es un lugar lleno de enfermos mentales a los que estrujar en un abrazo.
La luna no sale ¿Qué le pasará a la luna? Quizá ha sido comida y eructada en la misma mueca del que al revés es Nada, también llamado Primer hombre. Oh Pretra, tienes unos ojos tan dulces ¿A qué sabría tu encanto de clítoris? No lo sé aún mi amor, pienso en tu boca comiendo tras la posibilidad de un asno y... si no fuera por esa barba tan rala, esos brazos macizos y, sobre todo, esa nariz tan sutilmente afilada. Oh amor, dice. Oh amor, oh ángeles de la rotunda esfera, dice Pretra. La farola, ese continente visible por la mosca que la contorna, se apaga (Y la mosca baja a posarse sobre la nariz antes dicha, y a parar, tras el manotazo de él, en otra estancia.)
Paro.
Andrea ha venido a traerme tabaco ¡Viva!
Pronto habré de regresar a mis neurolépticos. No quiero que no me permitan escribir, aunque sean bazofias sin aire. El impulso de las palabras es dado por ellas mismas, así que quizás los que sobremos seamos los lectores, como, de la otra manera, la sutil, advirtió Juana la Loca.
Paro.
Andrea ha venido a traerme tabaco.
No creo que haya ser más afortunado en el mundo.
Gracias dinero.
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