martes

Segundo intento de expresión de Carlos el loco (verano 2011)


Unas manos sin cuerpo abrochan mi camisa. Es verano. Debería de estar contento aunque lo que estoy haciendo es intentar ser aceptado en Proyecto-Hombre. Desde que mi abuela fue alejada de mí por la golondrina inversa mis veranos son una carta sin dibujado en ambos lados. He intentado la muerte, follar, el diluvio, la sombra y las pizzas Dr. Oetker. He intentado el invierno quemado, la soledad sin principio, el feto alegre. El mar es un vagabundo rodeado de botellas cuyos mensajes han sido leídos ya y robados por los niños sonámbulos. Mi corazón es una balsa que busca dónde termina el planeta. Todos los relojes están parados en la cara de Fray Luis de León, de quien acabo de leer no sé qué. El vacío que me deja es el tiempo que tarda en ser borrado por otra ola. He bajado al sótano y he dicho al ratón que venga, quiero ser su amigo, quiero que coma de mi mano oscuros frutos, en la luz casi sin luz de este sitio, y la luz casi sin luz multiplica el tamaño de la sombra, pues viene de una rendija donde todos los motores pacen. Entonces, ogro y carcelero son mi mano, y sus apenas dientes una rutina que acaba de inventar el hambre. Me comeré a mi amigo en breve con salsas de esas que nos echamos los chicos en las patatas. Me he asomado a la cocina y visto y, después del miedo dado, salido corriendo en dirección inversa. Luego yo, desaparecido ya de mi vista, he abierto el frigorífico y encontrado dentro una tortilla. Luego he cogido un trozo y me he estado buscando por el sótano de nuevo, pero no me encontré porque el yo es más listo que el yo, como diría cualquier otra carta, la culpa es más grande que el culpable. Los niños han venido con sus botellas de cal, derramado sobre mí el vino de los reyes del otoño. Por eso este verano no existe. Sólo lo inventó ella, que es un planetario roto y su sexo la ecuación del pico de una paloma. No estoy escribiendo nada acá. Por eso lo hago, para inducirme al sueño que sólo puede ser que sea algo de verano y, enfrente mía, un ratón que soy yo, como yo soy mi muerto y mi vivo, respira flores que, como lo del sexo de la ecuación, no tienen arreglo en un primer arreglo. Cogí la flor y se la di. El tallo era el reto de un cisne y lo demás cualquier cosa. Lamí un borde. Luego me fui a buscarme de nuevo en el sótano. ¿Tendré allí diluvios y aventuras? ¿Habrá masacres a la hora de sentarse en el sillón y ofrecer té a la Sra Carrington? ¿Por qué ya no viene a verme? Ve en mí el ratón rojo, yo creo que lo rojo es sangre de pintalabios, que vive en mi sótano. Mamá le tiene odio. Yo quiero jugar con él, rozarle con el pito y besarle y darle de comer tortilla y, ahora que lo pienso, aún no sé si le gusta más fría o caliente.
.

5 comentarios:

Bellaluna dijo...

ten cuidado, alberto, que a los ratones le gusta morder -no comer- pollas. ratones, 'los ratones colorados' de ramón ayerra. las ratonas, otra cosa

Anónimo dijo...

PÉSIMO
PATH

Pedro R. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Me parece brillante. Imágenes muy potentes.
Felicitaciones

Alberto M dijo...

gracias!