viernes

Esquizofrénica de la luna dos mil y pico


Él estaba escuchando la conversación de unos desconocidos en un bar. Ella empezó a ordenar información. Papeles de trabajo, pistas con flechitas hacia otras, soluciones a enigmas, imágenes literarias como El eclipse de luna era una guadaña a las 22:56 o El eclipse de luna era la cómoda de un ángel a las 22:35. Pensó el título: Un boomerang de plata que no vuelve y tachó “que no vuelve” y, luego, tachó “un boomerang de plata”. Eran distintos tachones. Respondían a dos tiempos, como las imágenes que ella, de la mano de él, procuraba ordenar. Él pedía una tónica, por ejemplo. Alguien dijo: Pero yo no cambiaría a Casillas por De Gea. Es extraño el lenguaje de los humanos, dijo ella con una flor que sujetaba todo su cuerpo desde la boca. Después, la flor se corrigió de nuevo y situó ambos tachones con un único paréntesis. A continuación citó a santa Teresa, algo así como: La mente es la loca de la casa.

En el camino que sale hacia la carretera nos detuvimos. La luna entonces era un relicario y ella no miró la hora. En lugar de eso me dijo que la osa mayor era una cometa. Me la señaló ¿La ves? Dije que sólo conseguía ver media cometa. Dijo que me fijara bien y señaló según la postura de sus ojos en lugar de según la postura de los míos. Sí, dije. Pues claro, bobo. Me sonrió. Sonreí. Estaba tan bonita. En ese momento las luces de un coche nos deslumbraron. Avanzaba despacio. Ella dijo que estuviera tranquilo, que tenía la documentación en la mochila.

El bar cerró a las tres menos veinticinco. Los amigos salieron abrazados para, caso de caer, pudiera servir el uno, así como el otro, de colchón.

Al llegar a casa él sirvió dos vasos con agua, limón y hierbabuena. Bebimos despacio. En un momento de la conversación decidí cerrar sus ojos para siempre y, luego, ya, no me volvió a ver. Ni a mí ni a él.

PD: El coche que nos deslumbró aquel eclipse de luna del año dos mil algo era un todoterreno que llevaba sujetos a cuerdas seis galgos con las lenguas fuera. Recuerdo aquella noche como una noche en donde cada ahorcado era feliz y había un solo soplido para cada corazón más o menos quemado.
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3 comentarios:

MJ dijo...

Parece que después de la medianoche permaneció el hechizo, una victoria memorable que ocurre solo en días de eclipses plateados de boomerangs...

Alberto M dijo...

:) Permanecemos!

Anónimo dijo...

hasta la victoria siempre...