lunes

El melonar (borrador para Harmonía -un prólogo-, de E&M)


El individuo se sienta en la silla. A su alrededor una piara de cerdos devora a otra. No faltan ocasiones en las que se producen mordiscos amigos. Ocasiones de Una oreja por otra. El Sr. Autor levanta una taza de té y le pregunta ¿Usted... políticamente?

El decorado es un corazón cuyas ramificaciones culminan en uvas relucientes. Esperan ser pisadas por los caballos. Cada caballo es una prolongación de un país inventado. En este juego de Risk un pueblo le pregunta a otro ¿Hablan mi idioma? Acá hay... Es recomendable comer fruta. Mi señora prepara unos pasteles deliciosos. Preciso el toque de carne, roja, por favor. Para beber... No, mejor váyanse al país de al lado.
El individuo, en ese instante, se levanta de la silla y pregunta dónde se encuentran los servicios públicos. Allí se reúne todo tipo de chusma, le advierte el bedel.
En efecto, no falta ningún fariseo. En la taza, un ángel sonríe (también es parte del banquete). Al lado de él, la vida son dos labios abrazándose. Uno de los mendigos, amable, sostiene una pera en una mano y un ataúd en otra. El Señor, en cambio, va con un periódico. El sombrero sigue girando. Debajo de cada falda de Trimalción hay un pícaro lloroso en el momento anterior al llanto.

¡Queremos comer! Dice el Sr. Alcalde. ¡Bollos! Repite varias veces. Los cocineros empiezan a traer langostinos bordados de moras, dentro de cada tarta hay un ama de llaves comestible. Como las aceitunas con hueso, conviene no tragarse de buenas a primeras. El Sr. Alcalde dice entonces: A nosotros nos habían dicho que habría cordero y cochinillos asados. No, dice el lloroso poeta moderno John Tambor, lo siento, pero no. El alcalde duda. Luego llora, berrea, cae en medio de la plaza y los cerdos del principio de esta presentación se quedan absortos, mirando. No me comáis, por favor. Y ambas piaras de cerdos rieron y rieron durante todo el festín.

El espectador es un negro gato. Su sombra, en la noche, es dorada. El callejón tiene forma de herradura y, al salir, el fin del mar es una alfombra donde finaliza la digestión del niño que, en un alarde, se acerca, como si nada, a acariciar al gato.
No os olvidéis de mí, grita el ángel desde la taza. El autor abre una caja de servilletas perfumadas y las reparte a los bedeles, que proceden a olerlas, no sea que estén envenenadas. Finalmente son entregadas. El público aplaude si lo considera y, luego, todas las luces se apagan, tan suavemente. El individuo, mientras, se queja desde el baño porque no ve, quizá, para lavarse de nuevo.
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6 comentarios:

Nízar Qabbani dijo...

Si un día,
como un jardín,
este libro florece entre tus manos.
Y la gente descubre
que son poemas escritos
a tus ojos.
No cuentes a las rosas
cúanto te amo.
No reveles mis secretos.
Ni descubras tampoco
lo que yo significo para ti.
No.
Léelo,
para ti sola,
en un rincón.
Y recuérdate,
entonces,
que estas hojas de amor
crecieron en tus labios.
Y vivieron,
durante años,
en mi pecho,
para volver a ti.

Sheela na Gig dijo...

Deliciosamente perverso. El cerdo es, seguramente, el animal que más motivos tiene para vengarse de nosotros, así que un ataque de cerdos resulta terrible de imaginar.Todo el odio de una especie cebándose en uno...
Descubrir este lado tuyo tan sádico me sorprende y me alivia ( estaba empezando a pensar que eras una persona " más buena" de lo normal y eso me hacía sentir más cabrona de lo normal.
Normalmente, desnormalizo lo normal, pero en nuestro caso conviene creer en cierta normalidad, o, sino, inventárnosla.
Perdona este rollo pseudodivanesco, hoy estoy mal de lírica: la poca que me queda la he desperdiciado antes en un poema fallido que he destruido antes de terminar.
beso largo

Bellaluna dijo...

Tarántula.

Alberto M dijo...

Es un texto sólo que me pidieron unos amigos. Una, ay, degustación para, esto sí, una verdadera obra de teatro.

Abrazos, besos...

Bellaluna dijo...

Entonces, sólo Taranto. ¿Flor de lis? Ninfa en todas acepciones, la que más te guste

Muac!! (teatral)

Lu.

Alberto M dijo...

Muac! (vital)