domingo

detritus de día cuatro

Vengo de la boda. Me siento en la silla azul. El alcohol no me sube. Debo de haberme olvidado en la mesa también el pelo. Aún no me he quitado los pantalones del traje. En el bolsillo me pesan las tarjetas con los números de teléfono. En la cartera hay algunas monedas. Me estoy preguntando si, de tener casa, llamaría. He bailado las canciones de Juan Luis Guerra. Estoy cansado de follar. La paz empieza también en el primer suspiro de un transeúnte. Mis padres me quieren. Me han dicho que no beba tanto. La gente me abraza. Me preguntan si estoy preñado. El mundo me parece tan maravilloso que, no sólo he nacido a las siete de esta tarde, también quiero casarme yo, ahora. Un caballo que conozca el camino a casa y no sea melindroso a la hora de pisar el barro. La burra del tío Vicente. El tío Vicente se murió yendo para Madrid. El coche se salió. La tía Paula también se murió en el accidente. Antes iba a desayunar a su casa durante los veranos. La tía Paula llevaba luto antes de que pasase todo aquello. Me siento como si estuviera escribiendo un telegrama, a partir de ahora añadiré los stop. Me han dicho que soy el mejor. Stop. No entiendo por qué no soy millonario. Me lo gastaría todo en escuchar un trueno dedicado a ti, como hoy. En ver llover y fumar, también donde dicen que está prohibido, como hoy, el humo sale de la cabeza mientras coloco la cigarría entre pulgar e índice dejando dormidos el resto de los dedos por una nana que nadie sabe cantar a estas horas. Stop. He bebido ocho whiskies. No hay nada que me falte para gritarle al cielo que he nacido esta tarde y que quiero sentarme en los cafés y pedirle al camarero un café, y luego otro, mientras subrayo frases. Stop. La rosa amarilla de Texas no existe. He tomado muchas fotos de rosas en Texas. Stop. La lágrima es una cascada que desemboca en una piedra hueca. Estoy loco y sólo lo sé yo. Stop. Me han dicho guapo y animal. Debo de ser un animal guapo, pensé, y luego les dije a los chicos que saldría a estar solo. Stop. Le he recogido la cola a la novia, que era mi prima, y le he dicho un chiste judío de esos de juegos de palabras. Luego le he preguntado a Me da igual su jodido nombre si quería bailar la canción de los muertos. Stop. Ni puto caso me ha hecho la discjockey. Estaba la hierba tan bien cortada. Había también un estanque con peces. Siempre soy uno de ellos. Stop. No les he dado de comer más que mi mirada, y no la han visto. En el agua -stop- se está bien. Me ha gustado ir. Me da alegría el matrimonio. Yo mismo estoy casado con un igual que da vueltas sin parar a una rueda en una jaula de chatarra brillando. Cuando se cansa da mordisquitos a mi corazón, chupa mis huesos, rebaña. Stop. El médico me ha dicho que dé paseos. Quiero casarme en Cincinatty. Me da igual que sea rubia, morena o cansada. Primero, antes de eyacular, la invitaré a un helado de té verde en el japones de.... Stop. La garantía de llegar a casa sin perder la piel por el camino deshace los efectos del alcohol. Stop. Soy feliz, toco la cimitarra. Nadie viene a oírlo pero, total, si ibas a ser tú.... Stop. En la boda no he aceptado el puro porque me viene mal para los pulmones. Son dos vajillas cubiertas de agua, con milagros de sangre. Todo lo que se escupe culmina en una flor. Dios es muy pacato con esas cosas. Stop. El sábado ha terminado y yo he colocado el anillo en un tallo flácido. Estaba esperando un hombre que sonriera sin motivo, a la sombra. Stop. Hoy no me apetece contar chistes ni decir canciones de amor. Una chica vio mi animal y dijo que sí. Pero después yo tenía que irme al asiento delantero del coche de papá con las manos cargadas de personas desaparecidas. Stop. Pregunto sus nombres a las madres, que están llorando a la puerta, fabricando la corriente de los ríos que nacen en las venas. Stop. Debería de añadir que he jugado. Debería añadir que he sido una golondrina encima de otras, que la ciudad de juguetes que quisiste son dos cuerpos en el suelo pensando, retorcidos, cruzados como una mancha de yema huevo frito en la chaquetilla. Un Francis Bacon aún con un par de voces (que prefieren callar) entre los trozos. Stop. El palacio de la felicidad. Los autocares parten hacia acá. Los veo venir. Stop. Y saludo con la mano. Pero es que vienen de vuelta y sólo hay alguien conduciendo ese trasto hacia alguna fábrica. Me pongo en su lugar y veo líneas discontinuas y señales. Yo soy eso, antes de que el monstruo lo condujera a él hacia la vida y, en la vida, sólo hay sus iguales, un día, cuando vayamos a felicitarle por haber llegado al fin. Stop. Esta noche no acaba nunca. He de olvidar.
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4 comentarios:

Hortensia dijo...

Estarías “bolinga” pero la mente…te dio para mucho.
Un saludito

Alberto M dijo...

Hoy ya amanece, Hortensia, y si es verdad que no recordaba absolutamente nada del texto.
Saludo,

Bellaluna dijo...

Me casaría contigo -no con tu alma-, pero sólo podría hacerlo en Las Vegas y no tengo pasta ni vacaciones. Nos enterrarían empapados en alcohol, envueltos en humo azul y con piel del otro debajo de las uñas. La vida es una suerte canalla. No se puede desear a tu tal para cual, Alberto. Sólo puedo hacerme una paja por tí. Espero lo mismo.

Lu.

Alberto M dijo...

ves? si es que haces soñar.
La primera imagen que se ve al dejarse llevar es un papel de plata, a veces un vidrio.
Luego, cuando vuelves en sí, sexo. Una pasada insuperable.
Y, mientras, en las bodas civiles, citan siempre a Khalil Gibrán.
Dentro de 10 años mezclarán Borges y Murakami.
Las Vegas...